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Sarkozy pretende una prórroga como líder de los europeos

'Le Monde' revela que el presidente francés aspira a dirigir desde el Eurogrupo la recuperación financiera

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Napoleón llevó a cabo su intento de unificación de Europa de una manera más directa y contundente, pero, al fin y al cabo, para un hombre del siglo XXI y una Europa pacífica, no está nada mal lo que intentó Nicolas Sarkozy ayer. El Palacio del Elíseo filtró al diario Le Monde que el presidente aspira a quedarse al frente de Europa más allá de su presidencia de turno, que finaliza con las uvas de Nochevieja próxima. Fuera de todo marco legal.

Sobre la base del discurso pronunciado por el presidente francés ante los europarlamentarios anteayer, el diario vespertino consultó al Elíseo con una pregunta. Saber si tanta alusión a la gravedad de la crisis, a la amenaza potencial de Rusia y al riesgo institucional derivado del moribundo Tratado de Lisboa, no era en realidad una manera de sugerir que alguna institución europea extraordinaria habrá que crear.

Bingo. Le Monde logró arrancar, por boca de “varios consejeros del Elíseo”, que Sarkozy no sólo piensa en instituir una figura europea extraordinaria, sino que además ya tiene un candidato al puesto, igualmente extraordinario: él mismo. Su propia genialidad como presidente europeo –que detalló a los europarlamentarios– justificaría la creación del cargo.

Se trataría, según las fuentes consultadas por Le Monde, de instaurar algo así como una presidencia a nivel del Eurogrupo, que reúne a los 15 –pronto 16– países del euro, presidencia que ocuparía el propio Sarkozy hasta 2010. A diferencia de la actual presidencia –que dirige la reunión informal de ministros de Finanzas–, la futura presidencia Sarko sería un auténtico directorio de Europa.

Antes de que Sarkozy saltara ayer al avión rumbo a Pekín para la cumbre entre la UE y China, el Elíseo dejó detrás un cortafuegos, por si acaso el lanzado globo sonda de la hiperpresidencia Sarkozy, demasiado enorme, suscitara excesiva indignación.

“Esa cuestión” de la presidencia Sarkozy hasta 2010 “no se plantea”, dijo el secretario de Estado Jean-Pierre Jouyet. Explicó que primero habrá que ver si los países del Eurogrupo deciden reanudar sus reuniones a nivel de jefes de Estado y de Gobierno, cuya primera edición se efectuó el 12 de octubre pasado a petición de José Luis Rodríguez Zapatero. “Luego, si desean dar una encarnación política” al foro, “les corresponderá a ellos decidir”, añadió.

“Encarnación política”. La elegancia formal de Jouyet no tiene límites. Con esa declaración, Jouyet venía a desmentir que su presidente pretenda pasar por vías extralegales o informales, pero confirmó que la idea de crear la “encarnación política” eurosarkozyana está efectivamente en marcha y pilotada desde el Elíseo.

El proyecto Sarkozy de presidencia ampliada de manera informal por la situación de crisis total llega justo cuando la realidad económica de Francia, en absolutos números rojos, desmiente radicalmente que él sea la persona apropiada para llevar el timón de Europa frente a la crisis.

Francia ha entrado en recesión, a diferencia de otros países. Sus déficits crecen. El poder adquisitivo de los franceses está cayendo, con datos oficiales en la mano, pese al decreto TEPA, que fue aprobado con carácter de urgencia para elevarlo. El paquete fiscal del verano de 2007, coincidiendo con las subprimes, probó la imprevisión del Gobierno, cuya ministra de Economía, Christine Lagarde, afirmaba en junio: “Lo peor de la crisis ha pasado”.

Volando de cumbre en cumbre en nombre de Europa, Sarkozy, puede escapar al veredicto de esa realidad económica palpable en su propio país. Deben ser las cumbres borrascosas. Y emborrachan.