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Scholz resucita la socialdemocracia alemana, pero formar gobierno no será fácil

Alemania apunta a un tripartito tras la victoria ajustada del SPD, que dificulta la formación del próximo Ejecutivo.

El candidato del SPD, Olaf Scholz, se dirige a la prensa en Berlín.
El candidato del SPD, Olaf Scholz, se dirige a la prensa en Berlín. Focke Strangmann (EFE)

Lo que hace unos lustros hubiese sido una victoria pírrica, puede considerarse hoy un triunfo histórico. Y es que Olaz Scholz ha conseguido resucitar la socialdemocracia alemana. Literalmente. Su partido, el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania), ha hecho buenas las encuestas para imponerse en las elecciones generales celebradas este domingo en Alemania con cerca del 26% de los votos. Son cinco puntos porcentuales más que en 2017 y algo impensable hace solo dos años, cuando los socialdemócratas tocaron fondo con una intención de voto por debajo del 12%, menos incluso que la extrema derecha.

Así pues, anoche era lógica la inmensa alegría en la Willy-Brandt-Haus, la sede central del SPD en Berlín, desde donde Scholz pronunció sus primeras palabras al conocerse los resultados preliminares: "Muchas ciudadanas y ciudadanos quieren que el próximo canciller se llame Olaf Scholz", dijo.

Hasta ahí las alegrías, pues el vencedor en los comicios no tendrá fácil la formación de gobierno. Para empezar, el candidato de la coalición conservadora entre la CDU (Unión Demócrata Cristiana) y la CSU (Unión Social Cristiana) bávara, Armin Laschet, lejos de centrarse en el reconocimiento de su derrota, también se ha postulado para encabezar el futuro gobierno. "Solo será canciller quien obtenga una mayoría en el Bundestag", deslizó Laschet.

Tripartito a la vista

Acostumbrados como están a gobiernos estables, por primera vez Alemania se asoma a la formación de un tripartito. La reedición de una gran coalición como la actual parece descartada, pues para ello sería necesario invertir los papeles y que los conservadores cediesen la Cancillería, algo a lo que no parecen dispuestos.

La única alternativa por tanto es la formación de un gobierno a tres bandas, en principio liderado por los socialdemócratas, aunque lo contrario no se pueda descartar.

Las posibilidades son varias, y los medios alemanes las han bautizado según los colores con las que se identifican las formaciones políticas que integrarían el gobierno.

Las dos alianzas que más apoyo popular sumarían son las llamadas Kenia, entre SPD (rojo), democristianos (negro) y verdes, y Deutschland, entre SPD, Unión y liberales (amarillo). A priori, ambas son muy poco probables, menos que un gobierno conjunto entre socialdemócratas, verdes y liberales, la denominada colación Ampel, o semáforo.

Pero constituir un semáforo tampoco será sencillo, dada la poca predisposición mostrada por los liberales a la hora de negociar con los ecologistas, así como su preferencia a entablar conversaciones con los conservadores.

En cualquier caso, una de esas barreras parecía romperse anoche, cuando el líder liberal, Christian Lindner, a la vista de los resultados, se mostró partidario en un debate televisivo de abrir diálogo con el partido verde. Toda una novedad, pues las diferencias en políticas climáticas entre ambas formaciones son abismales.

Por otro lado, no se puede descartar una última alianza, que de producirse dejaría fuera de la Cancillería a Olaf Scholz. Se trata del ejecutivo tripartito bautizado como Jamaika, configurado a partir de conservadores, ecologistas y liberales. Por extraño que parezca, este acuerdo ya se ha dado anteriormente en algunos territorios alemanes, como el land de Schleswig-Holstein, donde está vigente desde 2017. Y es la opción favorita de Lindner.

Se avecinan pues unas semanas ajetreadas, en las que hasta cuatro partidos se verán inmiscuidos en unas complejas negociaciones de las que debería de salir un nuevo gobierno. Estas son algunas claves para entender en qué posición se encuentran las diferentes formaciones políticas tras las elecciones de este domingo:

Scholz y el SPD, ganadores (que no lo tendrán fácil)

Olaz Scholz, ministro de finanzas del gobierno saliente de Angela Merkel, ha conseguido un imposible: que su partido vuelva a ganar unas elecciones en Alemania 19 años después. Y lo ha hecho tras completar unos meses de precampaña y campaña electoral impecables, en los que no ha cometido errores de bulto, no ha asumido riesgos y, todavía más importante, ha sido capaz de posicionarse ante el electorado como el verdadero sucesor de Angela Merkel, a pesar de proceder de distinta familia política.

Con todo, conseguir formar un gobierno todavía se le antoja más complicado. La Unión no quiere ni oír la posibilidad de entrar en un gobierno liderado por Scholz, los liberales tampoco muestran entusiasmo en estos momentos, y la posibilidad de armar un tripartito claramente progresista se ha esfumado, dado los pésimos resultados obtenidos por el partido de izquierda Die Linke, abocado a la marginalidad parlamentaria durante los próximos cuatro años.

En sus primeros discursos, Scholz reivindicó la victoria, aunque se mostró prudente y apuntó a unas negociaciones que se deberían de cerrar antes de que acabe el año.

La torpeza del sucesor natural (que sin embargo pretende gobernar)

Armin Laschet, delfín de Angela Merkel en la Union, la coalición conservadora entre la CDU y la CSU, se ha confirmado como un pésimo candidato. Si bien las encuestas venían avisando desde hace semanas, no por esperado el batacazo electoral duele menos.

Los democristianos han cosechado el peor resultado de su historia, al caer más de ocho puntos porcentuales hasta el 24,1% de los votos. Una cifra impensable hace unos meses y que les relega a ser segunda fuerza política y parece señalarles el camino de la bancada de la oposición.

Diputado federal por primera vez en 1994 y presidente del land de Renania del Norte-Westfalia (el más poblado del país) desde 2017, Laschet no es ningún novato en política.

No obstante, ya durante la precampaña puso de manifiesto cierta torpeza política.

En el recuerdo de los alemanes quedará la imagen que protagonizó a mediados de julio pasado, cuando apareció ante las cámaras a carcajada abierta en el marco de una declaración institucional del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, que se había desplazado precisamente a Renania del Norte-Westfalia tras las peores inundaciones sufridas en Alemania en décadas, decenas de muertos mediante.

Durante la campaña tampoco ha sido capaz de revertir las encuestas, que ya le habían dado la espalda. Ni en los debates televisados ni en los mensajes lanzados a través de los medios de comunicación fue capaz de presentarse como el pretendido gestor fiable, el verdadero sucesor de Angela Merkel.

A pesar de todo, Armin Laschet se postuló anoche como próximo canciller, algo que solamente sería posible si convence a verdes y liberales para formar un gobierno que se antoja complicado. Por el momento, Laschet no tira la toalla: "Alemania necesita una coalición para una mayor sostenibilidad en la protección del clima y las finanzas", dijo, en un claro guiño a sus pretendidos socios.

La agenda verde, insuficiente para ganar unas elecciones

Por el contrario, Die Grünen, el partido verde de Alemania, ha obtenido el mejor resultado de su historia. Un 14,8% de los votos, con un crecimiento porcentual de casi seis puntos que, sin embargo sabe a poco.

Y es que Los Verdes llegaron a liderar las encuestas durante la pasada primavera (rozando el 30% en intención de voto), y desde entonces los pronósticos no han parado de empeorar para ellos. En Berlín, donde ayer también se celebraron elecciones locales, se han quedado a las puertas de la Alcaldía, que todo apunta irá a parar a manos de la socialdemócrata Franziska Giffey. Grandes resultados con sabor amargo.

En cualquier caso, Los Verdes suben fuerte y se convierten por primera vez en tercera fuerza, un papel que históricamente ha desempeñado el Partido Liberal. Parecen un fijo en todos los ejecutivos factibles, y están decididos a poner las políticas climáticas en el centro del tablero político. No han cerrado la puerta, de momento, a la mencionada coalición Jamaika.

Los liberales, abiertos a intentar gobierno con verdes (y conservadores)

A pesar del sorpasso de Los Verdes, los liberales del FDP (Partido Democrático Libre) siguen siendo clave. Con el 11,5% de los votos (un punto más que en 2017), el histórico partido bisagra alemán puede tener la llave del futuro gabinete.

Christian Lindner, el líder del FDP, se mostró anoche abierto a negociar un ejecutivo del que formaran parte los ecologistas. Lo hizo en caliente, en el primer análisis de los resultados electorales, si bien sus declaraciones suponen un giro a la postura de su formación durante la campaña electoral. Los liberales, próximos a la patronal (no conviene olvidar el peso de la industria automovilística en Alemania), se habían mostrado especialmente críticos con las propuestas de Los Verdes en materia de sostenibilidad y neutralidad climática.

Síntomas de agotamiento en la extrema derecha

Sin desmoronarse, la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD) sigue deshinchándose. A pesar de cosechar un 10,3% de los votos, caen más de dos puntos respecto a las anteriores elecciones federales y siguen fuera de cualquier posible coalición de gobierno.

Nadie parece dispuesto a levantar el cordón sanitario impuesto a esta formación radical durante el mandato de Angela Merkel, y más ahora que el partido parece haber retomado el camino de la insignificancia. Su retroceso no solamente se dio en las elecciones generales, en las regionales celebradas ayer en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, ambos territorios de la antigua República Democrática Alemana, AfD sufrió importantes correctivos.

La izquierda se asoma al abismo

El peor parado de la jornada electoral ha sido, junto a la Union, el partido Die Linke (La Izquierda). Anclado en su oposición frontal a la OTAN y de marcado carácter anticapitalista, el heredero del antiguo partido comunista ha perdido casi la mitad de sus votos respecto a 2017 e incluso ha quedado por debajo del 5% de los votos, la barrera que permite el acceso al parlamento federal.

Tampoco parece haberles beneficiado el hecho de sonar en campaña como un posible socio de coalición para verdes y socialdemócratas. Una alianza que finalmente está descartada, pues no alcanzaría para formar una mayoría suficiente.

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