Ucrania pone a prueba la capacidad de la UE para crecer sin romperse
Un total de diez países aspiran a entrar en la Unión Europea, y muchos de ellos, sobre todo en la región de los Balcanes, llevan años en la sala de espera con las negociaciones avanzando con dificultades.
"Tenemos un Tratado que tiene más de quince años y que está pensado para que la Unión funcione en un mundo que ya no existe", explica Héctor Sánchez del 'think tank' CIDOB.

Bruselas-
La Comisión Europea lo proclama a los cuatro vientos: "La ampliación de nuestra Unión es un imperativo geopolítico". Una frase grandilocuente que choca con la realidad: la Unión Europea no está preparada para absorber el ingreso de todos los países que llaman a la puerta del club comunitario. A menos que se reforme.
Un total de diez países aspiran a entrar en la Unión Europea. Y muchos de ellos, sobre todo en la región de los Balcanes, llevan años en la sala de espera con las negociaciones avanzando a trompicones. Pero la guerra de Ucrania lo ha precipitado todo y el tema se ha impuesto con fuerza en la agenda de Bruselas. El objetivo es ganar peso económico y al mismo tiempo evitar dejar un hueco que podría ser utilizado por Rusia para extender su influencia.
Pero paradójicamente, Ucrania es precisamente el país más difícil de absorber. Por sus 40 millones de habitantes, por su capacidad de producción agrícola y por la tarea ingente que implicará su reconstrucción cuando acabe la guerra.
Para superar estos obstáculos, la Comisión ha presentado esta semana un paquete de reformas cuyo objetivo es garantizar que el futuro será gestionable. Según los expertos, sin ello, resultaría imposible. "Tenemos un Tratado que tiene más de quince años y que está pensado para que la Unión funcione en un mundo que ya no existe", explica Héctor Sánchez del think tank CIDOB. "Es absurdo pensar que Ucrania puede convertirse en miembro de la Unión Europea de pleno derecho sin cambiar la manera en que funcionamos".
El primer desafío a afrontar es el agrícola. La gran capacidad de producción de Ucrania alterará el reparto de los fondos de la Política Agrícola Común en detrimento de países como España. Pero la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, se muestra implacable. "Ucrania puede y será miembro de nuestra Política Agrícola Común. Lo que proponemos es que nos sentemos juntos y encontremos disposiciones específicas que nos permitan proteger a nuestros agricultores". La idea de la Comisión es limitar las ayudas económicas y el acceso al mercado europeo a determinados productos sensibles como el trigo. Kiev ya ha dicho que no a una restricción permanente.
Segundo problema, el reparto de los fondos de cohesión. Ucrania tiene una renta per cápita muy inferior a la media europea, lo que la convertiría en uno de los grandes beneficiarios. A lo que se suma la situación excepcional provocada por la guerra. "En condiciones normales ya absorbería muchos de estos fondos, pero en las condiciones actuales, con buena parte del país destruido, la reconstrucción va a necesitar mucho dinero", explica Héctor Sánchez.
Pero la Comisión insiste en que el presupuesto puede absorber la ampliación. "Hemos analizado en profundidad el impacto presupuestario y estamos diciendo que podemos llevar a cabo la ampliación", afirma la comisaria Kos. Además en Bruselas recuerdan que ya está prevista una partida de 100.000 millones de euros para las primeras necesidades de la reconstrucción. Pero el debate sobre los futuros presupuestos continúa en Bruselas y el acuerdo se presenta difícil.
El principal objetivo de los cambios que propone la Comisión es asegurarse de que Europa sigue funcionando cuando se produzca la ampliación. Y a nadie se le olvida la deriva antidemocrática que tomó Hungría una vez dentro de la Unión Europea. El entonces primer ministro, Viktor Orbán, utilizó sistemáticamente su derecho a veto para bloquear la toma de decisiones.
Para evitar que la historia se repita, la Comisión ha propuesto una cláusula anti caballo de Troya que se incorporaría a los tratados de adhesión. "Si se apartan, las salvaguardias golpearán con fuerza", asegura la comisaria Kos. Propone que, en caso de vulneración de los valores europeos o de que falle la cooperación leal y sincera, el país pueda ser privado de financiación, así como de su derecho de voto.
Su aplicación se intuye difícil. Actualmente ya existe un procedimiento sancionador que está recogido en el artículo 7 y que a pesar de haber sido activado, nunca se ha llevado hasta sus últimas consecuencias. Pero los expertos señalan que en el futuro el problema podría dar una nueva vuelta de tuerca. Por ejemplo en caso de que la extrema derecha se imponga en las elecciones francesas. "A ver quién le quita los fondos a Francia si empieza a incumplir el Estado de derecho", se pregunta Héctor Sánchez.
La Comisión Europea también prevé una integración gradual para los candidatos antes de que se conviertan en miembros de pleno derecho. Esto les permitiría acceder progresivamente al mercado único o a programas como Erasmus+. Pero esta propuesta podría encerrar una trampa para los aspirantes, pues podría convertirse en una antesala eterna. Algo que desmiente la comisaria. "La integración gradual no es un sustituto de la plena adhesión, es el acelerador de la ampliación", afirmó Kos.
El país mejor situado para integrar la UE es Montenegro con vistas a una posible adhesión en 2028. Y también en la línea de salida se sitúan Albania, Moldova y Ucrania, sin que se mencione ninguna fecha precisa. Aunque antes de que finalice el mes se conocerá la hoja de ruta que marcará el ritmo de su acercamiento.
Los demás países siguen rezagados, por diferentes motivos. Serbia por el retroceso en materia de Estado de derecho y su acercamiento a Rusia. Bosnia y Herzegovina por la crisis política interna que no logra superar. Macedonia del Norte por las exigencias que le impone su vecino búlgaro. Georgia por su alejamiento de la Unión Europea. Y Turquía ya hace mucho tiempo que tiene las negociaciones congeladas por el deterioro de la democracia y la restricción de las libertades fundamentales.
Pero incluso los países más avanzados lo tendrán difícil. En el caso de que se cierren positivamente todos los capítulos de la negociación, cada uno de los actuales Estados miembros tendrán que aceptar su ingreso. "No es imposible, pero es complicado", concluye Héctor Sánchez. "En cualquier caso es menos obvio que los relatos triunfales que nos venden desde la Comisión Europea".

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