CRÓNICAS DE VIAJE EN TREN
A pie de estación, el tren como compañero de vida
Entre desplazamientos diarios y escapadas ocasionales, los viajeros cuentan cómo el tren forma parte de su día a día y qué papel tiene la Tarjeta Dorada en sus viajes.

CP
Cada mañana, la estación de Mataró reúne historias que avanzan a ritmos distintos. Hay quienes llegan con prisa para empezar su jornada laboral, quienes preparan una escapada y quienes se desplazan para encontrarse con alguien. Para unos, el tren es una rutina imprescindible; para otros, una forma de conservar la autonomía y seguir disfrutando de su tiempo. Entre todos ellos, la Tarjeta Dorada de Renfe aparece como una opción para viajar con descuento a los mayores de 60 años, aunque no todos conocen sus posibilidades ni la utilizan de la misma manera.
Mataró no tiene una estación cualquiera. La línea ferroviaria entre Barcelona y la capital del Maresme, inaugurada en 1848, fue la primera de la península ibérica, con un total de 29 kilómetros. Casi dos siglos después, el ferrocarril sigue formando parte de la vida de quienes se desplazan por este litoral. Las razones han cambiado y cada viajero tiene las suyas, pero la estación continúa siendo un lugar de paso entre el punto de partida y el destino.
Una tarjeta para viajar más allá de la rutina
Glòria, de 74 años y originaria de Mataró, está jubilada después de haber trabajado como administrativa. Durante años utilizó el tren a diario para ir a trabajar; ahora sus desplazamientos son más puntuales. Poco antes de partir hacia Barcelona-Sants, acompañada de una maleta rosa, explica que para ese trayecto elige el ferrocarril porque le resulta más rápido que el autobús.
Glòria utiliza actualmente la Tarjeta Dorada: “Tengo la tarjeta y la utilizo para los viajes de largo recorrido”, cuenta. Uno de los más llamativos fue el que hizo para llegar a Marruecos: primero viajó en tren hasta Málaga y después continuó hasta Algeciras, donde tomó un ferri hacia Ceuta.
Su experiencia muestra otra dimensión del ferrocarril. Más allá de los trayectos habituales, el tren puede formar parte de viajes que conectan distintos medios de transporte y permiten recorrer distancias mayores.
Para Maite, de 75 años, el tren tiene además un componente personal. Jubilada y originaria de Barcelona, viaja a Mataró aproximadamente una vez al mes para visitar a una amiga.
La viajera ha utilizado la Tarjeta Dorada en múltiples ocasiones. Su preferencia por el tren responde también a una cuestión menos práctica: disfruta del paisaje del Maresme y de las vistas al mar que acompañan el recorrido por la costa.
Del trabajo diario a las escapadas
Pepi, de 60 años, es una de las viajeras habituales. Originaria de Premià de Mar, aunque residente en Mataró, trabaja como panadera y utiliza el tren a diario para desplazarse hasta su lugar de trabajo. Su relación con el ferrocarril no termina al acabar la jornada: también lo coge para visitar a sus amigos o pasar el día fuera. Barcelona, donde suele ir a comer, y Blanes, especialmente en verano, para disfrutar de la playa, figuran entre sus destinos favoritos. Incluso ha viajado hasta Alicante.
A pesar de utilizarlo con tanta frecuencia, Pepi desconocía que podía acceder a la Tarjeta Dorada a partir de los 60 años. Pensaba que estaba reservada para personas de más edad. En sus desplazamientos cotidianos, además, tiene claro por qué prefiere el tren al autobús: se siente más segura.
Su caso refleja una realidad que convive en los andenes de Mataró: cumplir 60 años no significa necesariamente jubilarse ni dejar atrás las obligaciones diarias. Para algunos viajeros, el ferrocarril continúa siendo, ante todo, el medio que permite llegar al trabajo.
Gustavo y Vladimiska conocen bien esa rutina. Ambos viven en Mataró y trabajan en el sector de la construcción. Utilizan el tren a diario para desplazarse y también aprovechan los meses de verano para ir juntos a la playa. Sus trayectos incluyen asimismo gestiones y viajes a Barcelona.
Originario de Venezuela, Gustavo destaca el contraste entre su experiencia anterior y las posibilidades que encuentra aquí: “Venimos de una zona donde no funciona el tren; para nosotros, el sistema en Cataluña es una maravilla”, cuenta Gustavo, emocionado. Vladimiska, de origen chileno y que también vivió en Venezuela, comparte con su pareja buena parte de esos desplazamientos. Para ambos, el tren forma parte de la organización cotidiana de su vida en Mataró.
En Mataró, el tren sirve para llegar a tiempo al trabajo, compartir una salida, visitar a una amiga o emprender un viaje más largo. La Tarjeta Dorada puede ayudar a reducir el coste de algunos de esos desplazamientos, aunque las experiencias recogidas muestran que no todos sus posibles usuarios la conocen o la necesitan por igual.
Al final, las vías reúnen mucho más que destinos. También conectan las rutinas, los vínculos y las ganas de seguir moviéndose.



