"Viejito", "abuelito": las palabras edadistas que infantilizan a los mayores
¿Quién podría tratar con condescendencia a los actores José Sacristán o Lola Herrera? ¿Y quién se atrevería a llamar "abuelito" al investigador Barbacid?

Madrid--Actualizado a
¿Se imaginan infantilizar a las escritoras Isabel Allende o Rosa Montero? ¿Quién podrían tratar con condescendencia a los actores José Sacristán o Lola Herrera? ¿Y quién se atrevería a llamar abuelito al investigador Barbacid?
Son situaciones que afectan cada día a millones de mayores -el año 2025 finaliza con un total de 10 millones de personas con más de 65 años en España- que, sin embargo, siguen llevando el timón de su vida y resuelven parte de la de sus hijas o hijos y las nietas y nietos.
La Fundación la Caixa cuenta con un glosario participativo sobre el lenguaje edadista que se manifiesta habitualmente con la infantilización y la despersonalización de la persona. Pensar que todas las personas mayores están enfermas o son “cascarrabias”, por poner dos ejemplos, se transforma en actitudes que influyen en cómo nos relacionamos con ellas, cómo percibimos sus capacidades o limitaciones.
Lenguaje edadista
Este glosario explica que el lenguaje edadista discrimina. Así, destaca que hay palabras que infantilizan, como "viejito" o "abuelito". Términos que se utilizan a menudo en centros de salud u hospitales por el personal sanitario y en residencias y centros de día, en vez de llamar a la persona, tenga la edad que tenga, por su nombre,
También despersonalizan utilizar palabras que no solo generalizan: "nuestros mayores", "nuestros abuelos".
Se trata de no tener en cuenta la singularidad de la persona mayor, sus necesidades y preferencias, y tratarlas a todas de manera homogénea.
Pensar que todas las personas mayores están enfermas o son “cascarrabias”, por poner dos ejemplos, se transforma en actitudes que influyen en cómo nos relacionamos con ellas, cómo percibimos sus capacidades o limitaciones o cómo les valoramos y reconocemos, según destaca la Fundación La Caixa.
El lenguaje puede transformarse en una herramienta del cambio en positivo; de ahí la importancia de detectar y corregir el que resulta edadista, según el Ministerio de Sanidad, que también dedica un informe a esta forma de discriminación con las personas de mayor edad.
Por su parte, la Fundación Pilares, en su informe Personas mayores y lenguaje cotidiano. El poder de las palabras, ofrece una guía útil para aprender a usar términos y expresiones que eviten caer en tópicos en el trato con los mayores, sobre todo con los más vulnerables. Repasa frases cotidianas del tipo: “total, para lo que le queda”, “ya está mayor”, “yo ya no…”, y alerta contra estas expresiones, que transmiten creencias de escaso valor en la vejez.
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