'El otro Chiquito': lo que la tele prefirió no contar sobre la vida del cómico más querido de los 90
El documental reconstruye la figura humana de Chiquito de la Calzada a raíz de su juicio frente a 'Esta noche cruzamos el Mississippi'.

Zaragoza-
Chiquito de la Calzada es uno de los grandes fenómenos populares en la historia de España. Uno de esos escasos atípicos que actualmente parecen imposibles debido a la fragmentación de la atención existente. Sin embargo, en los años 90, un cómico salido de la nada puso a todo el país a hablar con un lenguaje inventado del que todavía perduran los restos. El asunto es fascinante y bien merece un documental al respecto. Sin embargo, es un asunto poliédrico y, por ende, difícil de abordar.
El otro Chiquito de Movistar Plus+ utiliza el juicio que enfrentó a Gregorio Sánchez, la persona detrás del personaje, contra Pepe Navarro y el programa Esta noche cruzamos el Mississippi a raíz de las imitaciones de Florentino Fernández por medio de Lucas Grijánder y Crispín Klander. Una historia de la que, hasta ahora, solo habíamos oído la versión de Flo, siempre en clave de comedia. El humorista ha relatado en varias ocasiones lo surrealista que fue estar delante de un juez mientras este, con toda la solemnidad, recitaba términos como fistro, pecardorl, ¿te das cuen?, lago negro, lago blanco, etc.
Sin embargo, lo que allí sucedió tiene detrás mucho más contexto que la mera anécdota. Por un lado, se trata de un contencioso legal apasionante sobre los derechos de propiedad intelectual. Pero, además, tras el juicio subyace la historia humana de un hombre que, tras una vida de penurias, temía ver cómo alguien se aprovechaba de su éxito tardío.
Los aciertos del documental de Chiquito de la Calzada
El documental sobre Chiquito de la Calzada tiene una duración de 77 minutos, que no siempre son empleados de la mejor manera. No cuando lo que, de fondo, se pretende es abordar una figura tan intrincada como la de Gregorio Sánchez. Huelga decir que, como la mayoría de originales de Movistar Plus+, la cinta cuenta con una producción envidiable, lo que en esta ocasión se traduce en una colección de testimonios de lujo. Están tanto los principales implicados en el contencioso, Pepe Navarro y Florentino Fernández, como una serie de personalidades que conocieron al humorista en su faceta más personal: Paz Padilla, Manolo Sarriá, José Mercé o Juan y Medio, por citar solo a algunos de los pocos bustos parlantes que pasan por la pantalla.
Sin duda alguna, el gran acierto de la cinta reside en las veces que se ahonda en su dimensión humana. Probablemente, la menos conocida por la audiencia, a pesar de que algunos datos sí eran de dominio público. El otro Chiquito se toma su tiempo en explicar los orígenes humildes del humorista, marcados por las penurias económicas que sufrió durante casi toda su vida (cabe recordar que el éxito le llegó con 62 años, cuando ya estaba preparando una jubilación por el mínimo legal).
Resulta especialmente relevante el anhelo mostrado por poder comprarse un piso en Málaga, algo que resuena poderosamente con la actualidad. También su carrera como cantaor de atrás. Esto es, aquellos que hacen de acompañamiento al espectáculo de baile, que se sitúa al frente del escenario. Una posición muy precaria, más todavía en la España franquista en la que dio sus primeros pasos. Una lucha constante por ser pagado que le llevó a desarrollar un instinto nato para entretener a los señoritos de la época, algo que a la postre fue clave para triunfar como humorista.
Y de repente, aparece Mario Conde en escena
Aunque, sin duda, el momento más sorprendente de todo el documental es la aparición de Mario Conde como guest star. Sobre todo, porque la cinta le retrata como el auténtico descubridor de Chiquito de la Calzada y, prácticamente, el responsable de su improbable carrera como humorista. El exbanquero le conoció durante una fiesta de Banesto, en la que estaba contratado como cantaor. Aunque lo que fascinó al magnate fue la faceta de entertainer de Gregorio Sánchez, quien contaba chistes entre canción y canción para descansar la garganta y hacerse imprescindible de cara a futuras contrataciones. De nuevo, Chiquito entreteniendo al señorito de turno, esta vez ya en Democracia.
Conde y Sánchez trazaron una relación personal cuyos términos no quedan del todo claros, pero que al parecer fue clave para el desempeño profesional del malacitano. De hecho, Chiquito se convirtió en un habitual de las fiestas de Banesto, por las que pasaba gran parte de la flor y nata española de los 90. Entre ellos los grandes magnates de la comunicación. Finalmente, Antonio Asensio se lo llevó para su programa Genio y figura (1994-1995) con un contrato que el propio exbanquero califica de "leonino", y el resto es historia. Una historia que, eso sí, en el documental se pasa de puntillas.
Los chistes no se explican: lo peor del documental de Chiquito
De los años de bonanza apenas se explica mucho. Sí que se da a entender que aquella omnipresencia que tuvo entre 1995 y 1997 se debió, principalmente, a la necesidad que el humorista detectó de exprimir al máximo el personaje, llegando a aceptar casi cualquier contrato publicitario o a realizar hasta tres bolos en tres ciudades diferentes durante el mismo día. Tampoco se ahonda mucho en su reacción tras perder el contencioso judicial que centra la pieza, más allá de la hilarante escena de perdón a Flo.
Además, El otro Chiquito utiliza un metraje muy valioso en ofrecer la visión de una serie de columnistas y todólogos que se empeñan en explicar el fenómeno Chiquito de la Calzada desde el lugar común y cuyos testimonios apenas aportan valor al relato. En el mundo de la comedia hay una máxima y es que los chistes no se explican, porque no hay nada más aburrido que hablar sobre humor. Por ello, teorizar por qué Chiquito era gracioso no solo es fútil, sino que es tremendamente tedioso. Podría pasarse por alto como mero relleno si no fueran los encargados de abrir y cerrar la pieza, lo que en audiovisual implica darles una centralidad cuanto menos extraña.
Aun así, es muy probable que El otro Chiquito acerque a una figura única a una nueva audiencia que no vivió su boom, e incluso ayude a comprender qué pasó exactamente a aquellos que sí cayeron presos de la chiquitomanía. Los movimientos telúricos detrás del personaje y, sobre todo, la gran precariedad económica con la que tuvo que lidiar durante casi toda su vida cuentan la historia de Gregorio Sánchez, y a su vez la de España.



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