Entrevista a Jesús Cintora"Me ha tocado vivir etapas tan diversas que no les tengo miedo, imagínate tú tenerle miedo a Figaredo"
El periodista atiende a 'Público' en los prolegómenos de una campaña electoral que podría cambiar el panorama político y también su actual casa: Televisión Española.

Zaragoza-
Jesús Cintora (Ágreda, 1977) atiende a Público en uno de los pocos tiempos muertos que posee. Presentador de Mañaneros 360 de lunes a viernes, y de Malas Lenguas noche los sábados, es una persona dedicada en cuerpo y alma a la actualidad. Se presenta como un jugador de equipo y, pese a encabezar el programa líder en su franja, esquiva sacar pecho y lo fía todo al colectivo. “Esto no es más que un oficio. Mis amigos de la infancia tienen los suyos y yo tengo este”, comenta.
Pero lo cierto es que, probablemente, la mayoría de sus amigos en la provincia de Soria no cuenten con un escrutinio público constante sobre ellos. Un control que seguro que aumentará durante la próxima campaña electoral. Sin embargo, Cintora asegura no estar especialmente preocupado por ello. De hecho, dice ser consciente de que en el día de mañana "habrá otros y otras y ya está”. Aunque no por eso se resigna a no pelear. Su diagnóstico es rotundo: en España existe un problema claro de desinformación y no pretende quedarse con los brazos cruzados ante ello.
Un programa diario, otros los sábados. La primera pregunta, creo, es pertinente: ¿cómo se encuentra?
Bien, estoy bien. Trabajando mucho. Un programa mañanero exige madrugar y levantarse a las cinco de la mañana; y el programa de fin de semana, el sábado, pues exige meterle más horas en esa jornada. Es decir, ese día debo darle un acelerón para poder compensar el tiempo que no puedo dedicarle el resto de la semana. Pero bueno, afortunadamente hay un equipo que está haciendo un trabajo espectacular y en eso estamos.
La gran novedad de la temporada televisiva es su regreso a las mañanas, una franja que conoce muy bien. ¿Cómo la has encontrado? ¿Está muy cambiada?
La mañana la conozco desde la etapa de la radio, que me tocó trabajar unos cuantos años en la parte informativa con Iñaki Gabilondo. Ahí trabajábamos toda la noche preparando el programa, intentando contar las claves de la mañana. Luego vino la etapa de Las mañanas de Cuatro y también Las cosas claras en Televisión Española. En este caso, el formato de Mañaneros no es algo que haya creado yo, como sí pasó en Cuatro, sino que me he intentado adaptar a un formato que ya estaba rodado. Hay un equipo que ya funcionaba muy bien y yo intento ir aportando poco a poco mis ideas. Al final, la televisión es algo que se va construyendo con el paso del tiempo.
Aterrizó en un programa que ya estaba funcionando muy bien en audiencia. ¿Sintió algún tipo de presión especial por subirse a un tren en marcha?
Había mucha responsabilidad porque el listón ya estaba muy alto. Pero tengo la costumbre de trabajar en equipo, algo que aprendí en la SER, que es la escuela que tuve. Allí nos tocó, o al menos en mi caso me tocó, hacer programas muy diversos y estar en equipos distintos. Me ha tocado estar en Hora 14 y en Hora 25; en el fin de semana y en el matinal. Por eso, yo me siento pieza de un equipo y, además, intento aplicar la versatilidad que aprendí en la radio local. Yo, afortunadamente, le debo mucho al periodismo local.
En la SER de Soria, por ejemplo, me tocó hacer cosas muy variopintas. Me tocó hacer informativos, también llamar al supermercado para que dijeran el precio de los tomates. Me ha tocado hacer una publicidad, dar necrológicas y hasta deportes. Entonces intento aplicar ese punto de versatilidad para adaptarme a situaciones diferentes. Con esto que te cuento creo que se nota que empiezo a tener ya una edad.
La actualidad le está echando una mano en este inicio de curso. Estamos a mitad de octubre y ya hay convocadas unas elecciones generales y una huelga general.
En la SER de Soria nos tocaba hacer informativos en agosto y los hacíamos. En Soria, ¿eh? Así que siempre intento aplicar esa máxima. También me ha tocado hacer informativos en fin de semana, cuando el ritmo se supone que decrece, y hemos dado noticias muy importantes en fin de semana. En Malas Lenguas, que era en La 2 y por la tarde, cuando parece que la actualidad ya está contada, logramos consolidar un espacio y una marca. Por ello, acontecimientos hay siempre. Lo que hay que intentar es contarlos, acercarse a la ciudadanía e intentar aplicar un punto de naturalidad. Debemos estar al tanto de lo que está pasando y contarlo con honestidad y rigor.
Pero entiendo que no es lo mismo plantear un programa un día de agosto que tal y como está la actualidad.
Sí y no. Evidentemente es el tiempo en el que estamos, vamos hacia un adelanto electoral y a la convocatoria de una huelga general. Pero hay que tener en cuenta que cada día tiene su desempeño. Ahora mismo estamos en esto, sí, pero no sabemos qué va a ocurrir mañana. A algunos nos ha tocado estar en una redacción una mañana, que suene un teléfono fijo y que te digan que ha habido una explosión y que vayas para allá. Y así me encontré con el 11M. Y aquello fue antes de unas elecciones. La actualidad siempre cambia, no la podemos decidir y es brutal. Y así va a ser siempre.
La ultraderecha lleva mucho tiempo invirtiendo dinero en la desinformación y las redes sociales. Han ido primero con esto, con lo que eso supone.
Lo que sí ha cambiado es el panorama mediático. El otro día vimos a gente muy joven intentar reventar la acampada por la vivienda, también protagonizada por gente muy joven. Siendo un periodista con mucha experiencia, ¿cómo ve el papel de los medios en la sociedad actual?
En comunicación estamos viviendo un auténtico tsunami que está cambiando las cosas por completo, y más todavía las va a cambiar. Esa es la realidad y quien no lo vea está muy despistado. El panorama de medios que conocemos ahora no va a tardar muchos años en transformarse por completo, y lo digital tiene muchísimo que ver. Las redes sociales ya están influyendo de una manera enorme en muchísima gente, en millones de personas. Yo creo que hay quienes, incluso desde esferas de poder, van tarde y se han dado cuenta con retraso de lo que realmente supone esto.
La ultraderecha lleva mucho tiempo invirtiendo dinero en esta circunstancia. Han ido primero, con lo que eso supone. Bueno, no es que solamente hayan ido primero, es que además tienen más influencia y más poder porque tienen gente dentro. Los tecno-oligarcas y demás personajes que más o menos todos conocemos.
¿Y cómo se frena este hecho?
Yo comentaría, al menos, un par de claves. La primera es que existe un tsunami de desinformación que es inabarcable, pero al que hay que intentar plantarle cara. Yo ahí me sentiría casi como una especie de soldado numantino que intenta plantar cara a un ejército romano, porque es absolutamente tremenda la cantidad de desinformación que hay. Pero lo que hay que hacer es no ponerse de lado, ni arrugarse. Hay que plantar cara e incluso poner el cuerpo. Ellos juegan con esas herramientas, están en las redes y poseen inversiones muy potentes. Además hay que contar que se va multiplicando, porque a cada receptor que llegan es un eslabón más en la cadena para seguir transmitiendo esa desinformación. Entonces es muy complicado pararlo, porque los códigos que manejamos en muchas ocasiones son los de un tiempo pasado.
Por otro lado, debemos ser plenamente conscientes de que hay que aplicarse en el sistema educativo y en la cultura de una manera diferente. Hay que tener en cuenta que esto puede transformar por completo la sociedad en la que estamos viviendo. Hay un montón de gente que vive desinformada, que no sabe realmente lo que ocurre. Hoy lo comentaba con un compañero de trabajo. Yo me ponía en la piel de esos chavales que, por ejemplo, van con una bandera franquista a la acampada de Sol y, viendo la edad de muchos de ellos, si te pones en lo que hacías realmente cuando tenías la edad de esos chavales, dices: "¿hasta qué punto son carne de cañón?". Es que uno se pone a pensar lo que hacía a esa edad y no estabas siendo consciente del todo de lo que hacías, o no tenías esa madurez cultural y educativa que puedes adquirir después. Cuidado, hay alguno que no la adquiere nunca y no va a dejar de ser un facha. Pero hay que tener mucho cuidado.
¿Y cómo se ataja el problema de la desinformación en la juventud?
Yo me he encontrado con profesoras y profesores que me han advertido más de una vez a lo que se exponen y es enormemente preocupante lo que está ocurriendo en las aulas. Por ejemplo, en mi generación, pues ibas a clase y teníamos el bagaje que se adquiría por lo que decía el profesor y, quizá, si después pasabas por la biblioteca; o lo que te podían enseñar tus padres. Pero no había mucho más. No había redes sociales, no teníamos teléfono móvil… Es decir, absorbías una cultura y una educación por unas fuentes muy delimitadas y acotadas. Ahora mismo las fuentes desde las que llega la desinformación son tremendas.
Ahora el chivato, el que siembra porquería… lo puede hacer con mucha más facilidad en las redes sociales
No sé si hace esta lectura: ¿cree que hay cierta televisión que se ha empapado de los códigos oscuros de Internet?
Es así, hay quien intenta hacerlo en buena lid y hay auténtica basura. Al final, yo vengo de un periodismo que leía el periódico por la mañana, ¿no? En la radio, por ejemplo. Sin embargo, ahora mismo, si quieres estar al tanto de lo que pasa, no solamente tienes que leer el periódico o el teletipo de la agencia Efe. Tienes que estar también al tanto de lo que ocurre en las redes sociales, por supuesto. Y tienes que estar al tanto de la prensa digital. Hay que intentar evolucionar al ritmo que van los tiempos y los tiempos van a toda mecha.
Y hay códigos nocivos, por supuesto. Los bulos se multiplican, los trolls, el anonimato, la denuncia falsa. Sí, sin duda. Aquellos tiempos de cuando dieron el chivatazo para ir a fusilar a mi bisabuelo en el pueblo, pues era una forma de hacerlo, ¿no? Y ahora pues el chivato, el que siembra porquería… pues lo puede hacer con mucha más facilidad en las redes sociales. Sé que son dos casos muy diferentes, pero que tienen sus analogías.
A este respecto, la precampaña electoral ha comenzado muy fuerte. Por ejemplo, hemos visto a las redes sociales oficiales del Partido Popular realizar ataques personales a Sarah Santaolalla o Afra Blanco. ¿Cómo valora esta nueva comunicación?
Eso es así porque son conscientes de que hay un público que está ahí y no está en otro sitio. Eso está pasando. Es decir, hay gente que realmente no ve, por ejemplo, un informativo de la televisión, por desgracia. Entonces, claro, hay códigos que están ahí. Hay bulos y hay desinformación. También hay intereses para intentar destruir, dañar o desacreditar a personas que están en la red de forma continua.
A partir de ahí, con bots, controles y demás se multiplica la influencia, la difusión y eso puede acabar siendo motivo de debate político en el Congreso, sede de la soberanía popular. Incluso, luego, materia de debate para hacer de ello una polémica del día o de la semana, cuando realmente puede estar hasta basado en un bulo. Ese tiempo ya lo hemos alcanzado hace bastante. Entonces, es un terreno que a veces puede ser enfangado, y es en el que nos encontramos ahora mismo, ¿no? Se está jugando con eso. Ya se ha practicado en otros países y se está practicando aquí, y se va a practicar cada vez más. Por eso digo que hay que aplicar códigos nuevos y autodefensa frente a ese tsunami de desinformación en el que estamos inmersos.
Como rostro prominente de la televisión y persona que ya ha sido objeto de campañas de desprestigio, ¿cómo afronta personalmente la que apunta a ser una campaña muy dura?
Estamos ya en precampaña y suele ocurrir que, en un tiempo así, pues se den circunstancias para intentar destruir a personas o destruir argumentos, o imponer determinadas tesis. Estamos en eso. Yo creo que el periodismo debe intentar ser una especie de bálsamo o de vacuna frente a la desinformación. Sobre todo en un tiempo en el que la gente necesita saber qué es lo que ocurre y que le cuentes a qué debe atenerse, ¿no?
Estamos para exponer lo que hay y luego la gente decide libremente lo que quiere elegir. Pero sí que es cierto que estamos ahora mismo en un periodo complicado en el que, bueno, se plantea un cambio político en España que puede ser histórico. El auge de la extrema derecha está ahí, mientras estamos observando, y existen circunstancias políticas que son llamativas.
¿Cómo lee la actualidad en estos días tan frenéticos?
Ahora estamos en medio del debate de lo que está ocurriendo a la izquierda del Partido Socialista, hasta qué punto conviene o no conviene que se pongan de acuerdo. Por otro lado, tenemos también el debate muy nítido de una derecha que no hace tanto tiempo Feijóo decía que no quería nada con Vox, porque él apostaba por la moderación y por el centro. Y ahora mismo está poniéndole la alfombra roja, diciendo el Partido Popular de Feijóo que el PSOE, directamente, ya ni existe. Que de pactar, pactarían con Vox. Pues este es el panorama en el que estamos.
Y todo este camino no habría sido posible sin una campaña de desinformación importante. Porque se ha ido edulcorando a la extrema derecha. Se ha ido edulcorando que se hagan propuestas políticas que niegan realidades como el cambio climático, la violencia de género, lo que fue la dictadura. En eso estamos. Ya no es tan extraño ver a determinados dirigentes que antes parecían querer colocarse en el centro derecha, ser relativistas con lo que pasó en la Guerra Civil, por ejemplo. Algo que no se debería relativizar, pero ahora se hacen chanzas con la Ley de memoria histórica cuando todavía hay gente en las cunetas de este país, mientras vemos lucrarse a los descendientes de los gerifaltes de la dictadura. Esto es algo tremendo, que solo puede ocurrir si hay cierto nivel de desinformación.
Y pongo este ejemplo como podría poner muchos más. Podría hablar de lo que pasa cuando se niega la evidencia del cambio climático, cuando se considera algo abominable el hecho de que se intente alcanzar determinado equilibrio entre los de arriba y los de abajo al hablar de economía, algo que está ocurriendo al hablar de vivienda. En estas estamos y, por ello, la información y la cultura son más importantes que nunca.
Volviendo a la campaña, hay quien ha dicho públicamente que quiere entrar en TVE con un lanzallamas.
Cualquier persona de bien se tiene que sentir apelada porque haya un cargo público que, teniendo una responsabilidad y un puesto de representación, porque así lo ha decidido la sociedad española en democracia, dice que quiere entrar en un medio de comunicación con lanzallamas, con motosierra o con bomba atómica, que es lo que han dicho desde Vox. No es que esto cause o deba causar una reacción en quienes trabajamos en Televisión Española, es que debería causar una reacción en cualquier persona de bien. Están apelando a la violencia directamente.
O sea, tú podrás opinar sobre mis criterios en la radiotelevisión pública: si tienes una mayoría parlamentaria y puedes influir con esa mayoría parlamentaria para que haya otro tipo de consejo de administración en Televisión Española, serán otros, ¿no? Podrías plantear eso. Pero plantear entrar con violencia nos lleva a aquellos tiempos en los que realmente lo que había era una prensa del régimen dictatorial. Cuando teníamos aquello de que en la radio hablaban los gerifaltes franquistas para dar arengas, o ese tiempo en el cual había que conectar en la radio con el parte para que se dijera lo que quería el régimen, y se apelaba a la violencia. Pues en este caso es lo mismo. Es decir, cuando un partido político como Vox está diciendo que quiere entrar en Televisión Española con lanzallamas, motosierra o bomba atómica, están apelando ya no solo a los trabajadores de Televisión Española, están apelando a cualquier persona de bien, que debiera rechazar el uso de la violencia.
Yo no tengo ningún tipo de miedo porque, honestamente, me ha tocado vivir etapas tan diversas y tan diferentes que no les tengo miedo. Imagínate tú tenerle miedo a Figaredo, por ejemplo.
Estamos hablando del trabajo de personas, que te podrán gustar más o menos, que podrás tener criterios distintos para valorarlo, pero lo que se está enviando es un mensaje de violencia. Además, cuando se señala de manera continua a profesionales de un medio, lo que se crea es un caldo de cultivo para que otros actúen; y eso está ocurriendo con las reporteras y reporteros que están en la calle. Y no es solo Vox quien lanza estos mensajes; estamos viendo a dirigentes del Partido Popular que, al mismo tiempo que defienden a Vito Quiles, están señalando de forma constante a TVE. Y es curioso, ¿no? Porque esta insistencia no la recuerdo, ni siquiera, en los tiempos en los que en Televisión Española se puso al frente a una persona que había sido diputado del Partido Popular. Aquello que hizo Aznar y que luego le dijo a Carlos Alsina que no lo recordaba. En esto estamos y así vienen. Yo creo que es un buen ejemplo de lo que pretenden.
Hay una pretensión que está ahí y la ultraderecha la ha manifestado de forma muy abierta. Y el PP ha insistido bastante contra Televisión Española en un tiempo en el que, bueno, pues hay unas audiencias que están muy bien. Pero claro, hay unos medios privados a los que, al irle muy bien a TVE, pues les ha ido peor. Hay un círculo de influencias entre determinados medios privados y el Partido Popular. Por ello, estamos en un panorama en el que la gente tiene que tomar nota de lo que ocurre y de lo que está pasando. Y yo esto te lo digo sin ningún tipo de miedo porque, honestamente, me ha tocado vivir etapas tan diversas y tan diferentes que no les tengo miedo. Imagínate tú tenerle miedo a Figaredo, por ejemplo.
Cuando ya se ha estado fuera de los medios de comunicación una vez, ¿se mira el futuro con otra perspectiva?
No hay temor. En el caso de los profesionales, nuestro deber es adaptarnos a las circunstancias. Pero esto ya sea un periodista, un fontanero o un agricultor. Es lo que me ha tocado ver en casa y en eso estoy. Es decir, he tenido etapas en las que me ha tocado hacer programas importantes de radio o de televisión. Pero también ha habido otra etapa en la que he escrito un libro, que ya he publicado cinco, he hecho conferencias, he montado un canal de YouTube que tiene ya más de 200.000 seguidores, y eso que tampoco le dedico el tiempo que habría que dedicarle. Es decir, yo soy un comunicador, me formé en la comunicación, tengo mi licenciatura y me gusta esto. Si ahora me toca estar haciendo dos programas de la televisión, pues los intento hacer de la mejor manera posible, pero si tengo que dar una conferencia, pues intento hacerlo también de la forma más atractiva que pueda. Lo mismo con escribir un libro o trabajar en otros códigos.
Además, estamos en un tiempo en el que el panorama de los medios está cambiando y va a cambiar todavía más. Hay un desafío que es la novedad y hay que intentar subirse a ese tren. Porque nos va a pasar por encima el cambio que está habiendo, tanto en las formas de emitir, como en las formas en las que el mensaje va a llegar. Está cambiando y va a cambiar más todavía. Con lo cual no hay que tener ningún miedo, lo que hay que intentar es estar ahí si uno quiere, que luego además la vida es más que trabajo. Yo voy teniendo una edad y cada vez valoro más eso, y hay etapas muy diversas para estar a un ritmo diferente o estar a otro.
Cambiando un poco de tercio y ya para finalizar, se ha viralizado una campaña de TVE en la que recoge a algunos de los rostros más míticos de la cadena por su 70 aniversario. ¿Se ve participando en una efeméride similar dentro de unos años?
Yo soy algo muchísimo más pequeño que eso, sin más. Soy un currante de esto al que no le ha ido mal en absoluto, pero lo veo simplemente así. Soy consciente de que mañana no estaré y habrá otros y otras y ya está. Esto es ley de vida. Nadie tiene mayor importancia que el puesto que ocupa en ese momento. Creo yo, ¿eh? Y luego hay gente evidentemente que pasa a la historia y que están ahí, que están por encima. Pero todos estamos de paso, absolutamente todos.





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