Una adolescencia que crece en medio del auge ultra
Entrar en un aula de secundaria es algo así como hacerlo en unos de los capítulos de la seria 'El hombre y la Tierra' de Félix Rodríguez de la Fuente.

Antía Yáñez / Luzes
Entrar en un aula de secundaria es algo así como hacerlo en un documental de Félix Rodríguez de la Fuente. Supongo que a las nuevas generaciones no les sonará el nombre. Yo soy millennial (¿hasta cuándo una puede considerarse de las jóvenes?) y ya solo veo reposiciones de El hombre y la tierra. Sin embargo, toda infancia anterior al auge de las redes sociales creció con aquel hombre de cara ancha, voz grave y animal en el regazo. En un tiempo en el que viajar no era tan común, gracias a De la Fuente visitamos los lugares que sus pies pisaban y descubrimos la naturaleza que él amaba.
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A esa chavalada que vemos al entrar en la clase quizás les suene más el nombre de Frank de la Jungla. A su Santuario Libertad (ahora deberíamos llamarle Santuario Maltrato) fueron algunos youtubers, streamers y influencers, como TheGrefg o YosoyPlex. Cada generación tiene sus referentes y sus códigos lingüísticos, claro está. Escucharlos hablar sin que se enteren es como ver un capítulo de El hombre y la tierra salpimentado de anglicismos. No oyen de fondo aquella música inolvidable de la intro, compuesta por Antón García Abril?.
En el microecosistema adolescente actual a música que se oye seguramente será algo como "Tití me preguntó sí tengo mucha novia, mucha novia, hoy tengo a una, mañana otra, pero no hay boda", de Bad Bunny (2022), o "Picheo esta puta, esa es la baby, tú bajas pa a acá, me la sube, esa nota es una cura, ese cuerpo es una aventura, ¿por qué ese piquete tan chula? Ese totito te huele a fruta" de Blessd, Anuel AA, Kris R y Luar La L (2025). A lo mejor no, claro, pero lo que seguramente no escuchen sea el "No hay quien entienda la lanas mujeres. Llevo años intentándolo. Tendrían que ser como la tele, que trae manual de explicación, encenderlas a control remoto, callarlas tocando un botón, y sí te fallan o hacen rayas, mandarlas a devolución" de Pimpinela (1997); o "Siempre los cariñitos me han parecido una mariconez" de Mecano (1988). Esta última provocó una polémica en Operación Triunfo 2018 cuando una de las concursantes (27 años) dijo que no quería usar la palabra mariconez por homófoba. Ana Torroja (59) se pronunció pidiendo "libertad y no censura". "Sí alguien no se siente cómodo cantando esa canción, no debería cantarla, que escoja otra".
Mientras observo a estos machos y hembras de la especie humana entre los 12 y los 18 años, recuerdo que las encuestas dicen que cada vez vienen más machistas y que rechazan más la diversidad sexual. Todo eso del wokismo, que diría Trump. Lo que pasa es que el presidente de los Estados Unidos tiene 79 años y no llegó al poder precisamente por estas generaciones jóvenes.
La mirada que acuesto sobre la adolescencia no es maternalista: como De la Fuente, el ánimo que me mueve es el entendimiento, la comprensión. Observo el futuro de nuestra especie como si fuera un documental porque por norma ese vistazo es unidireccional. Y está bien, porque, ¿acaso no es esa la esencia de la pubertad? La rebeldía, el cuestionaminto del orden establecido, la jerga grupal, la desconexión de padres y madres, dar mayor importancia a las opiniones de sus iguales. Cualquiera que haya vivido una adolescencia (hay gente que se saltó esa parte de la vida) sabe de lo que hablo.
El problema es cuando nosotros, la gente adulta, no miramos a la gente joven. Según el informe La adolescencia española analizada desde el Estudio HBSC-2022: estilos de vida, contextos de desarrollo y bienestar emocional, realizado por el Ministerio de Sanidad en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, desde 2018 la satisfacción vital de la chavalada ha bajado del 44% al 29% y su bienestar emocional, del 37% al 27%. Pero es que, además, la percepción que tienen de la comunicación en familia descendió del 65% al 59%; la satisfacción con este ámbito, del 61% al 58%; y, lo que es más grave, la de tener el apoyo familiar, del 70% al 61%.
"La cultura tecnológica está obligando al hombre a vivir en cárceles confortables, en inmensos laberintos sin horizontes, hechos de cemento, hierro y cristal", dijo De la Fuente. Quizás deberíamos preguntarnos que estamos haciendo las "viejas generaciones" para evitar que las noticias se conviertan en el que no queremos.
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