"Nuestros cuerpos no son territorio de conquista": El clamor de las feministas de Barcelona contra la violencia sexual como arma de guerra
Colectivos y asambleas se movilizan para denunciar las violaciones y agresiones sexuales en conflictos armados, una realidad que ha aumentado casi un 90% en dos años.

Mar Bermúdez i Jiménez
Barcelona--Actualizado a
Colectivos feministas de Barcelona han organizado, un año más, una manifestación nocturna el 24 de noviembre, la víspera del 25N Día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, en esta ocasión en el barrio del Coll de la capital catalana —en la periferia de la ciudad y limítrofe por debajo con el Park Güell—. El motivo de la movilización ha sido denunciar el uso de las violaciones y agresiones sexuales a mujeres y niñas en conflictos armados como arma para atemorizar y desmoralizar a la población civil.
La violencia sexual se ha disparado un 87% en dos años, según el informe Las mujeres y la paz y la seguridad de la ONU publicado en octubre. Esto supone un retroceso histórico de los derechos de las mujeres en los conflictos. Además, el mundo tiene la cantidad más alta de conflictos activos desde 1946 y un total de 676 millones de mujeres viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto mortal, la cifra más elevada desde la década de los 90.
"Las graves violencias cometidas contra mujeres y niñas en Afganistán, República Democrática del Congo, Haití, Myanmar, Sudán y Palestina, ilustran los riesgos extremos a los que están expuestas", enfatizó el secretario general de la ONU António Guterres en la presentación del informe. "Las cifras reflejan una guerra librada sobre los cuerpos de las mujeres y las niñas, en un desprecio alarmante por el derecho internacional", denunciaba Sarah Hendriks, directora de la División Política de ONU Mujeres.
Con este contexto, los colectivos y asambleas feministas han señalado la impasibilidad de los gobiernos y órganos internacionales ante esta vulneración de los derechos de las mujeres que se ha perpetrado en todas y cada una de las guerras que ha vivido el mundo. Lo han hecho con lemas como "resistencia transfeminista para denunciar el silencio internacional que destruye pueblos y cuerpos en todas partes" y "contra la militarización que convierte los cuerpos en campos de batalla".
¿Qué dice el derecho internacional?
La violencia sexual es una de las armas de guerra más extendidas en los conflictos armados contemporáneos. Es lo que analiza el estudio La violencia sexual como arma de guerra, de María Villellas Ariño, investigadora en la Escuela de Cultura de Paz. Expone que esta violencia estaba silenciada, pero que después de la década de los 90 del siglo pasado se convirtió en una cuestión de interés público más presente en el debate, hecho que no se ha traducido en respuestas que hayan significado una mejor protección para las mujeres supervivientes.
"Existen medidas legales contra la violencia sexual en los conflictos armados que forman parte del derecho internacional. La violencia sexual es un crimen contra la humanidad y un crimen de guerra de acuerdo con el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Además, la resolución 1820 del Consejo de Seguridad señala que la violencia sexual en los conflictos armados también es una amenaza a la seguridad internacional", explica a Público la investigadora. Aunque estas herramientas establecen obligaciones para los Estados, Villellas señala que "no ha habido suficiente voluntad política" para cumplirlas y añade: "la medida más efectiva para que no haya violencia sexual en los conflictos armados es prevenir los conflictos y que no estalle la violencia a gran escala".
El uso deliberado de la violencia sexual
El motivo de la violencia sexual en guerras es, en primer lugar, individual: causar un sentimiento de terror en la víctima. En este sentido, el cuerpo de la mujer se entiende como un botín de guerra. Por otro lado, tiene una dimensión colectiva, ya que se utiliza para trasladar un mensaje de humillación y poder al enemigo. Aun así, Villellas explica que "el uso de la violencia sexual está ligado a las condiciones concretas de cada conflicto armado y, por lo tanto, puede ser diferente en función del momento histórico y el contexto".
Por ejemplo, Israel está utilizando la violencia sexual y reproductiva como herramienta para exterminar al pueblo palestino, tal como ha denunciado la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En otros contextos, se ha utilizado como forma de tortura y represión política o también como estrategia para desplazar forzosamente a la población.
La ONU reconoce la "violencia reproductiva" como otra forma de ataque a las mujeres en conflictos armados. Es la destrucción deliberada de centros de maternidad y el bloqueo del acceso a servicios de salud, lo que puede ser un crimen por genocidio en caso de que impida nacimientos dentro de un grupo específico. En Gaza, miles de partos han tenido lugar entre los escombros sin ningún tipo de atención ni medicamentos y, por tanto, con pronósticos imposibles.
El papel del patriarcado
Una de las conclusiones de Villellas es que la violencia sexual en situaciones de guerra no se puede desligar de la que ya se da en contextos de paz porque es inherente al patriarcado. "Es el sistema que genera un orden social en el cual la violencia contra las mujeres y las niñas está permitida y normalizada", afirma la investigadora. La violencia ha sido uno de los pilares fundamentales del sistema patriarcal en tanto que le ha servido para mantenerse como sistema dominante en la estructura social. "La política patriarcal, el militarismo y las desigualdades están detrás de los conflictos armados y son algunas de sus causas", concluye.
De hecho, vivimos un momento de auge del militarismo: en solo un año las víctimas civiles se han multiplicado por cuatro entre mujeres y menores en las guerras, mientras el gasto militar mundial ha experimentado un aumento del 9,4%. Es el incremento más alto desde el fin de la Guerra Fría. La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Nyaradzayi Gumbonzvanda, aseguraba en una rueda de prensa que "el mundo va en la dirección equivocada. El gasto militar alcanza niveles récord, mientras la igualdad de género y el multilateralismo están siendo atacados".
No es una violencia nueva
La violencia sexual como arma de guerra no es ninguna novedad. Los ejemplos históricos van desde la leyenda del rapto de las sabinas en los orígenes de la Roma antigua, hasta las violaciones masivas de mujeres alemanas por parte del ejército soviético —se calcula que entre 100.000 y un millón de mujeres fueron víctimas de violencia—.
También es ejemplo el fenómeno de las "mujeres de consuelo", esclavas sexuales al servicio del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Tampoco podemos olvidar a las entre 80.000 y 200.000 mujeres coreanas que fueron víctimas de la violencia sexual en los burdeles militares japoneses extendidos por toda Asia antes y durante la Segunda Guerra Mundial y que tenían el objetivo de subir la moral de los militares. Y como estos, hay una larga lista de ejemplos que no hace más que ampliarse.

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