La culpa de todo la sigue teniendo Yoko Ono
La historia ficticia de una infiltración en un campamento de la manosfera contada a través de 'reels'.
[REEL 1 · el campamento, por la mañana, gente limpiando cosas que lleva diez días sin limpiar nadie]
Hoy ha cambiado algo en el aire del campamento. No es solo que haya bajado un poco la temperatura. Han barrido el Coliseo, han puesto banderines nuevos, han sacado sillas plegables que no habíamos visto en la vida, y a media mañana ha llegado una furgoneta con dos tipos con equipazos para grabar, todo muy pro. Se presentan como Kike Bandera y Marcial Reoyo, de un canal que todo el mundo conoce aquí. Al parecer estos dos tíos son su propio medio de comunicación. El caso es que me suenan, ¿puede que de haberlos visto en reels acosando a diputadas? En fin, que detrás de ese séquito, ha aparecido Ragnar. En persona. Con chaleco de cuero, sin runas de pega, varios chavales con camaritas detrás y mucha mandíbula apretada, puro control, puro macho sigma: distancia emocional, soledad pétrea.
Diez días llevo escuchando acerca de sus virtudes físicas pero resulta que su cuerpo real ocupa mucho menos espacio que su imagen online. Que es más bajito, vamos. Tiene una cicatriz en la frente con un puntito Harry Potter que produce ternura. Y unas entradas con ecos de implante turco. La cámara no hará zoom ahí, tranquilo. Pero míralo, aquí está. No creí que se fuera a dignar a aparecer en su propio campamento. ¿Dónde está Marta? ¡Se está perdiendo la entrada del mismísimo Alejandro Magno!
[REEL 2 · plaza central, mediodía, un ring hinchable de plástico recién montado]
El plato fuerte del día lo ha anunciado Chad, reconvertido en speaker por megafonía: "El Duelo de Ragnar", un combate de boxeo entre campistas, "para demostrar en cámara lo que de verdad forja esta hermandad". Nadie se ha ofrecido voluntario. Han ido señalando parejas por sorteo, y a Iván le ha tocado el segundo combate. Le he visto la cara cuando ha oído su nombre: el mismo gesto que pone cuando le toca hablar en una reunión de trabajo sin haberse podido preparar nada. Vamos, que no le llega la camiseta nueva de "Yo no soy un fucking panza" al cuello. Es una obsesión lo que tiene esta gente con abolir las panzas. Lo voy a decir: aquí hay panzafobia.
Kevin me ha sacado de mi cabreo mañanero susurrándome algo: "Pues anoche vi a Iván hablando con Ragnar. Solos, detrás de la carpa de recepción. Un buen rato". No ha dicho más, y yo tampoco le he preguntado más, pero se me ha quedado la imagen en la boca del estómago.
Lo de las artes marciales y la violencia "controlada" ya me da repelús de por sí, y aquí encima no hay ni un solo profesional a la vista: parece más una fiesta de carnaval tematizada con el thai boxing de excusa. ¿Qué pensarán ellos, los verdaderos boxeadores, de este circo? Y para rematar, me han repartido también un disfraz: unos culottes, un top brilli brilli y unas hombreras. Mensaje: quieren que las Valquirias también peleemos. Lucha de tías en el barro 5.0. Aunque sé que si aprendo a dar buenos mamporros me respetarán más. Soy hermana pequeña de varios hermanos: me conozco al dedillo el código "amiga de los chicos". Seré otro avatar de su videojuego.
[REEL 3 · el ring, dos horas después, sol de las tres de la tarde]
El primer combate ha sido corto y sin gracia: dos chicos dándose golpes flojos mientras Kike Bandera narraba como si fuera una final con Ilia Topuria. El segundo era el de Iván contra un chaval más grande que él al que apenas conocía. Han sonado tres campanadas como las de las clases de boxeo del Viva Gym, y a los cuarenta segundos el rival de Iván ha resbalado con el plástico hinchable que llevaba tanto rato al sol que resbalaba más que jabón, así que el pobre diablo se ha ido de morros contra la lona con los brazos todavía en guardia. El público al completo ha estallado en unas risas auténticas, tan espontáneas que han desbaratado de raíz el guion de la velada estoica. Kike Bandera ha tenido que cortar y repetir la entrada del combate dos veces, porque en la primera se oía a todo el campamento partiéndose de risa en vez de rugiendo like locos, que era lo que pedía el plan de rodaje que nos han pasado. Iván ha levantado los brazos súper metido en su papel. Le he preguntado luego, ya sin cámaras, si ha ganado algo. "Nada, Vera. Es simbólico". Esa palabra en su boca, ahora, ya suena a pura retórica Ragnar. Glups.
[REEL 4 · plaza central, atardecer, Ragnar ya con el micro en la mano]
Empieza suave, casi parece un tipo razonable: que si hay una crisis real, que si a los hombres jóvenes de hoy nadie les tiene en cuenta, que si el mundo cambió de reglas a mitad de partido y nadie les avisó. Yo lo escuchaba desde la fila de las Valquirias, consciente del silencio que crea alrededor y de cómo eso lo hace enorme. Por un momento he estado tentada a dejarme hipnotizar. Y entonces el discurso se ha vuelto más duro, más resentido: que si existe "un sistema que premia por nacimiento" a un colectivo entero y castiga al otro por el mismo motivo. Que si está hasta los cojones de que en el cole solo le hablen a los niños de Frida Kahlo y que si la ideología de género manipula hasta las ficciones de Pixar, hermano. "¿Qué fue del viejo Toy Story?". De ahí ha saltado a porfiar por los peligros del SAP (Síndrome de Alienación Parental) y el crecimiento constante y preocupante de las denuncias falsas por maltrato. La bancada de los papis agraviados ha rugido con aquiescencia. Ragnar ha seguido dando su poquito de carnaza a cada sección del campa. Y no le ha faltado decir la palabra "ginocentrismo". El privilegio constante por ser mujer, la consiguiente criminalización por ser hombre: la teoría que Marta me explicó entre trenza y trenza hace dos noches, colocada aquí bajo el disfraz del sentido común y del "esto lo sabe cualquiera que tenga ojos". Ni un dato. Ni una fuente. Con la seguridad de quien sabe que a Ragnar solo se le pide una cosa: carisma. Me he fijado en Iván. Escuchaba entusiasmado desde primera fila, todavía con la adrenalina del ring bullendole encima.
[REEL 5 · noche, furgoneta de Bandera y Reoyo yéndose, campamento ya vacío de cámaras]
En cuanto se ha ido la furgoneta, han quitado los banderines nuevos, han vuelto a guardar las sillas plegables, y el ring hinchable ha quedado deshinchándose solo en un rincón, como un bicho muerto. Ragnar ha desaparecido por donde vino.
He buscado a Iván para seguir hablando de lo de "simbólico", de lo de anoche con Ragnar detrás de la carpa, de todo. Se ha sentado a mi lado y sin previo aviso me ha soltado: "Vera, estoy pensando en hacerme afiliado de la tienda". La tienda es el escaparate online de Ragnar. Mirando al infinito ha añadido: "Yo lo que quiero es estar alineado para materializar la vida de mis sueños". Me he girado para chequear su espalda, creo que esperaba encontrar una mano metida, un ventrílocuo con chaleco de cuero. No había nadie, claro. Solo Iván, con su camiseta del centurión panzafóbico sudada y la mirada perdida.
[REEL 6 · fuera de la tienda, ya con las luces del campamento apagándose una a una]
Me he ido a dar una vuelta y me he encontrado a Marta y a Kevin compartiendo una bolsa de cruasanes de contrabando. "¡¡Vais a ir a Ragnar, perdedores!!". Los había hecho Marta, que al final resulta que sí que es una repostera excelente. Me he sentado con ellos sin decir nada. Kevin me ha pasado uno sin que se lo pidiera, todavía con la libreta de tres colores asomando del bolsillo de atrás, aunque me da la impresión de que lleva días sin abrirla. "¿Tú también te vas a hacer afiliado?", le he preguntado a Kevin medio en broma. Kevin ha negado con la cabeza, con la boca llena. "Yo no tengo ni para el Protocolo Base". Lo ha dicho sin meterle drama. Nos hemos comido la bolsa entera entre las tres, en silencio, mientras se apagaban las últimas luces del Coliseo.
#asediodealamanosfera #ragnarcamp #ventrilocuoconchalecodecuero
Asedio a la manosfera
Es una serie veraniega de diez capítulos que narra la infiltración de Vera, una chavala disfrazada de novia despistada, en Ragnar Camp, campamento ficticio masculinizante donde se dan cita prácticas de fitness extremo, biohacking absurdo, incels de cercanías, emprendimiento chuchurrío, criptocultura y otras técnicas de captación típicas de las sectas comerciales. Una investigación narrada como comedia de infiltración.
Si quieres empezar desde el principio, lee el capítulo 1 → https://www.publico.es/mujer/marco-aurelio-cobra-suscripcion.html

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