Entrevista a Sandra Amezaga, coordinadora xeral de Mulleres Salgadas"El sector del mar es un ejemplo perfecto del heteropatriarcado ejerciendo su poder"
Sandra Amezaga, coordinadora de Mulleres Salgadas, una asociación feminista de mujeres vinculadas al mar de Galicia, denuncia que ellas sostienen buena parte del sector pesquero y siguen excluidas de sus espacios de poder y decisión.

A Coruña-
Galicia concentra buena parte de la actividad marítimo-pesquera de España. La pesca, el marisqueo, la acuicultura y la industria transformadora constituyen uno de los principales motores económicos del país y generan más de 50.000 empleos directos, la mitad de los de todo el Estado y un 10% de los de la UE. Las mujeres representan el 40%, pero su presencia sigue concentrándose en las actividades más feminizadas y peor remuneradas —el marisqueo a pie, las redeiras o buena parte de la industria conservera— y apenas alcanza los espacios donde se toman las decisiones.
Mulleres Salgadas, una asociación feminista nacida en 2016 en la ría de Arousa y que hoy reúne a más de 2.000 mujeres de todos los oficios vinculados al mar, lleva años denunciándolo. Entre sus principales reivindicaciones figura la creación de un Observatorio de Igualdad del Sector Pesquero Gallego, una propuesta que el Parlamento aprobó por unanimidad en marzo de 2022, pero que la Xunta sigue sin desarrollar.
Sandra Amezaga Menéndez, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, es la coordinadora xeral de la asociación. Nacida en Vigo y criada en Madrid, trabajó durante años en la gestión de flotas de una naviera atunera y creció en una familia estrechamente vinculada a la industria conservera. Actualmente prepara una tesis doctoral sobre las dificultades de las mujeres para acceder a los centros de poder y decisión, una investigación que alimenta también su activismo en defensa de las trabajadoras del mar.
Amezaga sostiene que el problema no es únicamente laboral, sino también político y cultural. Las mujeres sostienen una parte esencial del sector marítimo-pesquero gallego, pero continúan infrarrepresentadas en las cofradías, donde los puestos de dirección siguen copados por hombres. A su juicio, esa falta de representación explica buena parte de las desigualdades que persisten en un sector estratégico para Galicia.
¿Por qué el sector marítimo-pesquero sigue siendo tan desigual?
Es una cuestión de estructura social y de tradiciones. Está vinculada al papel que históricamente han tenido las mujeres en los cuidados. Siguen relegadas al ámbito doméstico y eso condiciona todo lo demás. El marisqueo a pie, por ejemplo, es una profesión que permite compatibilizar el trabajo con las tareas domésticas y el cuidado de niños y mayores.
Pero existe una división del trabajo que identifica casi cada actividad e incluso las especies que se capturan con el género de quien la desempeña: los hombres salen a faenar en los barcos; las mujeres cosen redes en tierra; ellos saltan por las rocas a por percebes y ellas excavan la arena buscando almejas...
También hay percebeiras y mariscadores a pie, pero es cierto que la diferencia sigue siendo enorme. Y, de nuevo, eso tiene que ver con que los cuidados continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. El marisqueo a pie permite volver a casa cada día; estar embarcado de sol a sol o durante dos o tres jornadas seguidas, no. Conozco abuelas que regresan de trabajar en la playa y se ocupan inmediatamente de sus nietos.
Todo eso hace que muchos hombres sigan considerando el marisqueo un simple complemento de su salario, cuando la realidad es justamente la contraria y son muchas las familias que salen adelante gracias al trabajo de las mujeres.
Hablando de esas abuelas, hay muchas que ni siquiera tienen derecho a una pensión contributiva después de toda una vida trabajando en el mar, en el campo o en la hostelería y ocupándose, además, de sus familias.
Conozco a muchas mariscadoras que, después de años trabajando como modistas, limpiadoras, camareras o agricultoras, sin contrato ni Seguridad Social, se incorporan al marisqueo para poder cotizar unos años y ganarse una pensión contributiva, aunque sea mínima. No quieren que la dependencia económica de sus maridos o de sus padres se prolongue también durante la jubilación.
En Galicia eso era casi una tradición. El hombre cotizaba y figuraba como dueño del bar, titular de la explotación ganadera o patrón del barco. La mujer trabajaba sin contrato ni protección social: atendía el bar, ordeñaba las vacas, iba a mariscar y, en todos los casos, cuidaba de los mayores y de los niños.
"Las mujeres sostienen la actividad marítimo pesquera pero no pueden decidir sobre ella"
Las mariscadoras siempre han tenido fama de ser un colectivo muy combativo. ¿Por qué no se rebelan?
Porque la estructura clientelar de Galicia lo impregna todo dentro del sector pesquero. Un patrón mayor me dijo una vez: "Yo no muerdo la mano que me da de comer".
Le pongo un ejemplo. Las cofradías llevan meses prácticamente paralizadas. Viven de la venta en lonja y, si no hay capturas, no hay ingresos. La Consellería do Mar [su titular es Marta Villaverde] justifica las vedas por la necesidad biológica de regenerar los bancos marisqueros, pero no sé cómo pretende que las cofradías puedan pagar siquiera sus gastos corrientes si no venden. A la Xunta parece no preocuparle.
En Cabo de Cruz, por ejemplo, acaban de pedir 200 euros a cada mariscadora para evitar la quiebra de la cofradía. Son mujeres que llevan seis meses sin poder trabajar y que, además, ni siquiera han cobrado las capturas del pasado mes de enero. ¿Cómo van a afrontar ese pago? No es un caso aislado. Sé que en Vilanova de Arousa iban a celebrar una asamblea hoy [por el viernes] para estudiar si pedían otros 50 euros a cada una. Es inaudito. Si una cofradía no tiene ingresos y atraviesa dificultades económicas, lo que debe hacer es reclamar soluciones a la Xunta y exigir un rescate. Igual que se rescataron bancos y autopistas. Lo que no puede hacer es cargar el problema sobre mujeres que llevan semanas o meses sin poder trabajar. A veces incluso me pregunto si no será intencionado, si la Xunta no estará dejando que algunas cofradías acaben quebrando para poder intervenirlas.
"La Xunta tiene controlado al sector a través de cuatro señores"
La Xunta sostiene, sin embargo, que ya financia a las cofradías y mantiene con ellas convenios de competitividad, promoción y regeneración de los bancos marisqueros.
Pues esos convenios no están funcionando. Hace unos días criticábamos un proyecto sobre relevo generacional impulsado por un Grupo de Acción Local del Sector Pesquero [GALP, asociaciones sin ánimo de lucro para la revitalización de zonas marineras] de la ría de Arousa. Me pregunto: ¿quién va a querer incorporarse a esta actividad cuando ve que su madre, su tía o su abuela llevan medio año sin ingresos? Se gasta dinero en jornadas y charlas que terminan con un pincho de tortilla, mientras la gente tiene problemas para llegar a fin de mes.
¿Las cofradías tampoco representan los intereses de las mujeres?
Imagínese. En Galicia hay 63 cofradías y 60 están presididas por hombres. Las mujeres prácticamente no tienen capacidad de influencia. Llevamos años reclamando una reforma de la Lei de Confrarías de Galicia, que es de 1993 y ni siquiera menciona la igualdad entre mujeres y hombres. Pero ni al PP, ni al BNG ni al PSOE parece interesarles abrir ese debate porque saben que puede incomodar a una parte del sector.
La única paridad que contempla la ley es entre empresarios y trabajadores. En la práctica, eso significa entre armadores y mariscadores o mariscadoras. Pero en las embarcaciones suelen ir dos personas que, en el 97% de los casos, son hombres: el patrón, que vota por la parte empresarial, y un tripulante que normalmente es su hijo, su hermano o un familiar y que, aunque vota por la parte social, elegirá exactamente lo mismo que él.
Y eso ¿en qué acaba derivando?
En la infrarrepresentación de las mujeres, que no pueden defender unos intereses que no siempre coinciden con los de los patrones y los tripulantes, casi siempre hombres.
Le pongo otro ejemplo. Hace un mes la Xunta firmó con la Confraría de Noia (A Coruña) un convenio sobre el marisqueo a pie. A las mariscadoras les negaron el texto hasta una hora antes de la firma y, cuando acudieron al acto, un policía les impidió entrar alegando cuestiones de protocolo. ¡Cuestiones de protocolo en la firma de un convenio sobre el marisqueo a pie! ¿Y sabe quiénes estaban dentro junto a la conselleira? El patrón mayor, el presidente de la Federación de Confrarías de A Coruña y los representantes del marisqueo a flote, todos hombres. No me lo han contado. Yo estaba allí. Dejaron fuera precisamente a quienes representan la actividad sobre la que se firmaba el convenio. Y ¿sabe cómo lo justificó después la conselleira en el Parlamento? Dijo que las mariscadoras habían preferido quedarse fuera berrando [chillando, en gallego]. Fue una explicación machista. Todo eso responde a esa estructura clientelar que sigue dominando el sector en Galicia.
"La estructura clientelar que sigue dominando el sector marítimo-pesquero de Galicia"
Ustedes llevan años reclamando un Observatorio de Igualdad para el sector pesquero. El Parlamento aprobó por unanimidad su creación hace cuatro años, pero la Xunta sigue sin ponerlo en marcha. ¿Evitaría que se dieran situaciones como la que acaba de describir?
Al menos serviría para saber cuál es la situación real. Para investigar los casos de indefensión y discriminación de género, recopilar datos y elaborar diagnósticos rigurosos. Sin datos, siempre resulta mucho más fácil negar que la discriminación y la desigualdad son una realidad.
¿Tan machista sigue siendo el sector del mar?
Sí. Los hombres del mar se ofenden muchísimo cuando se lo dices, pero el sector es muy machista, un ejemplo perfecto del heteropatriarcado ejerciendo su poder. Al final, todo gira en torno al poder. Y a la Xunta ese modelo también le resulta útil porque le permite controlar el sector a través de cuatro señores, cuando detrás hay miles de mujeres que trabajan, sostienen buena parte de la actividad y, sin embargo, carecen prácticamente de representación institucional. Existen agrupaciones de mariscadoras, sí, pero no tienen reconocimiento como órganos de representación y la Xunta aprovecha esa circunstancia para ningunearlas. Y el Gobierno central también actúa de forma parecida, aunque por otra vía. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sólo reconoce como interlocutoras a Anmupesca y al Grupo Ad Hoc de Mujeres de la Federación Nacional de Cofradías. El resto no existimos.
Mulleres Salgadas llevamos cinco años pidiendo una reunión con la conselleira do Mar y siempre nos responde que no tiene hueco en la agenda. En cambio, a Anmupesca la ha recibido ya dos veces. Nosotras queremos transformar el sector y hacerlo más justo; las administraciones, en cambio, prefieren organizaciones creadas desde arriba antes que movimientos realmente independientes.
"Sin datos es mucho más fácil negar que existe discriminación"
La costa gallega atraviesa una profunda transformación por el declive de la actividad pesquera, el auge del turismo, la presión inmobiliaria o el cambio climático. ¿Qué papel deberían desempeñar las mujeres en ese nuevo escenario?
El mismo que cualquier otra persona: participar en la toma de decisiones. Sin embargo, el sector sigue tratándolas como si no tuvieran capacidad para negociar o representar sus propios intereses. Hay una frase muy repetida: "Las mujeres no saben de peixe [pescado, en gallego]". Yo respondería justo lo contrario: quienes no saben de marisqueo son muchos hombres.
Las mariscadoras desarrollan una actividad sostenible. Quizá porque históricamente han estado vinculadas a los cuidados, también cuidan los bancos marisqueros, las rías y los ecosistemas. Hay otro dato muy significativo. En casi todos los sectores pesqueros y marisqueros mayoritariamente masculinos existe un elevado nivel de furtivismo. En el marisqueo a pie, donde predominan las mujeres, ese problema es mucho menor.
¿Qué le parece la forma en que Alfonso Rueda ha rehabilitado al exconselleiro do Mar Alfonso Villares tras el archivo provisional de la causa por agresión sexual abierta contra él? Lo ha nombrado delegado de la Xunta en Lugo y ha escenificado públicamente que sigue siendo uno de sus hombres de confianza.
Lo rechazo rotundamente. Mulleres Salgadas ya expresó su rechazo cuando dimitió alegando que lo hacía "por una cuestión personal". No. Una acusación de agresión sexual no es un asunto personal. Respetamos plenamente la presunción de inocencia, pero lo que no puede hacer un responsable político es convocar un acto de dimisión entre aplausos y sentar en primera fila a todas las mujeres de su departamento. Todo aquello fue horrible. A los cinco minutos de anunciar su dimisión, los medios ya habían publicado el nombre de la víctima y habían destripado su vida, cuando ella llevaba meses soportando el procedimiento judicial sin haber dicho una sola palabra públicamente. Eso también dice mucho de cómo funciona todo esto.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.