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Infancia Libre María Sevilla: "Me he encontrado con  mujeres que por intentar defenderse de una agresión sexual acabaron en prisión"

María Sevilla
María Sevilla, expresidenta de Infancia Libre. Alfredo Langa / Público

Acaba de salir de prisión. Tras casi cuatro meses en la cárcel y casi dos semanas después de que el Gobierno le concediera un indulto parcial, María Sevilla, expresidenta de Infancia Libre, ha salido de su encierro. Afirma que la prisión es dura y que se ha encontrado muchos casos en que las mujeres están en la cárcel, no por delitos graves, sino por la falta de perspectiva de género del sistema en su conjunto. 
Tras su paso por el centro Madrid 1 de Alcalá de Henares, su discurso sale, si cabe, más reforzado. "Estoy muy agradecida de que se me haya concedido el indulto, pero esto no soluciona el problema", afirma en esta entrevista a Público. La primera que concede tras salir de prisión. El principal problema que enfrentan las madres y sus hijos en la Justicia es la falta de perspectiva de género y de infancia y el hecho de que en los juzgados "no se instruye, no se investigan" los casos. 

Hace pocos días que ha salido de prisión. ¿Cómo fue esa experiencia?

La prisión no es nunca agradable para nadie. Muchas veces piensas que la gente que está en prisión es porque verdaderamente ha cometido un delito grave. Pero es muy sorprendente porque no es así. Conoces a muchas mujeres que están en la cárcel en circunstancias por las que yo nunca hubiera pensado que tendrían que estar. Creo sinceramente que al igual que ha pasado con mi procedimiento y en la vida de mi hijo, lo que falta es perspectiva de género y perspectiva de infancia, igual que en otros casos que he conocido dentro de la prisión. Para mí eso ha sido lo más duro de conocer el sistema por dentro. El resto de cosas… estar encerrada, no poder salir, ver a tu familia y no poder abrazarles durante esos cuatro meses que estuve en la cárcel, ha sido también duro. Por lo demás, entré sin miedo y salgo como entré. No ha pasado nada, se puede convivir, me he reído mucho. Es mi carácter. Pero sí, entrar en prisión es duro.

Dice que se había encontrado con casos que no esperaba. ¿Qué tipo de perfiles?

Me he encontrado a mujeres que intentaron sobrevivir a una agresión sexual y por defenderse acabaron en prisión. Este tipo de casos son brutales. Que una mujer intente defenderse y proteger su vida y acabe la cárcel, me parece que es porque algo no va bien. Hay fallos. Falta perspectiva de género y hay muchas mujeres en esas circunstancias. Muchas.

Empieza a ser habitual que mujeres que denuncian abusos sexuales hacia sus hijos acaben ellas mismas castigadas. ¿Qué falla?

Creo que tiene que ver con esa falta de perspectiva de género y de perspectiva de infancia. Muchísimo. Y también tenemos que tener en cuenta lo que nos decían desde la ONU hace cinco o seis meses: que esto se está convirtiendo en un patrón estructural. Digamos que se está convirtiendo en una forma de hacerlo sistemáticamente. Empieza a ser un problema notorio. Porque hay muchos niños que empiezan a denunciar incestos y no se les cree, no se les protege… El problema es que no se instruye, no se investiga. Y esto es un problema.

Habla de maltrato en la cárcel. ¿Por parte de quién? 

Se ha comenzado a hablar de maltrato institucional, porque es realmente lo que está sucediendo. El sistema no sólo no nos está defendiendo, sino que nos está machacando. No sé muy bien con qué sentido. Y en la cárcel, lo mismo que ha ocurrido en los últimos 11 años [en mi caso], no ha sido distinto.

Pero además, soy una persona que sigue creyendo en lo que su hijo y los médicos han dicho. La intención era que yo dejara de creer a mi hijo y dijera: "OK… mi hijo ha mentido o yo he mentido". Pero no se va a dar esa circunstancia porque yo sigo creyendo a mi hijo y en lo que han dicho los médicos y sigo defendiendo que los procedimientos no se instruyen y no se investigan. No se trata de que falten pruebas, sino que no se investigan las que hay. No se llama ni se cita a declarar a los médicos que han denunciado. Que no se notifican las denuncias y que no se tiene en cuenta el relato de las criaturas. Aunque me metan 100 años en la cárcel, esto [que pienso] no va a cambiar.

¿En qué consistieron estos maltratos? ¿No pudo ver o abrazar a su hija menor?

Por ejemplo. Nos comunican desde la subdirección de la prisión que como yo estaba allí por un delito de sustracción de mi hijo, me iban a suspender el contacto con mi hija menor, aludiendo al Código Civil. Por esto pusimos una queja en el juzgado competente de Instituciones Penitenciarias y me dieron la razón, porque eso no tenía ningún sentido.

Me respondieron un viernes. Al lunes siguiente el centro penitenciario decide cambiar la normativa anticovid. Antes las visitas se podían producir con normalidad, excepto las íntimas, y a partir de ese lunes se decreta aislamiento para las que no estaban vacunadas. Yo he pasado tres veces la covid, por lo que tengo anticuerpos. En lugar de hacerme una prueba de antígenos, que sería sencillo, o un test para un positivo o negativo, se me mandaba a aislamiento como castigo. Cinco o siete días, 23 horas y media encerrada en una celda de un metro por dos. Para mí esto no es una forma de tratar a una persona.

¿Cómo fue el reencuentro con tu hija al salir de la cárcel? ¿Ese abrazo que no se habían podido dar durante casi cuatro meses?

No ha habido momento de despegarnos, nada más que cuando va al cole. Estaba muy necesitada de estar con su madre. Mi hija es preciosa.

Muchos medios de comunicación e instituciones le han definido como una secuestradora y una mala madre. Sin embargo, no parece que hubiera ningún temor a que pueda ser un peligro para su hija menor, que ahora tiene casi diez años. 

No. Nunca. Lo intentaron por todos los medios. La Policía [adscrita a los juzgados] intentó abrir un procedimiento para que nos quitaran a nuestra hija pequeña. Pero se quedó en nada, porque no existía ninguna situación de riesgo.

En el juicio al que acudo y por el que se me condena por sustracción, yo soy juzgada por dos delitos: por abandono de familia y por sustracción de mi hijo mayor. El delito de abandono de familia se basaba en decir que mis hijos estaban en una situación lamentable, como decía un informe policial. Pero fui absuelta [de este delito] porque la policía que se tenía que hacer cargo de la custodia de mi hijo desde que entraron en casa y que debía entregarlo al padre del niño (por lo que estuvo todo el tiempo de la detención), declaró que mis hijos estaban perfectamente, que eran completamente normales. Que no existía ninguna de las barbaridades que se habían vertido sobre mi persona y sobre el estado de mis hijos y que somos una familia completamente normal. Y por eso se me absuelven de ese delito.

¿Cuánto lleva sin poder ver a su hijo mayor, que vive con su padre, que es quien tiene la custodia desde su detención?

Desde que entré en prisión no tuve absolutamente ningún contacto con él. Su padre no va a facilitar el contacto con mi hijo nunca. Tengo que llamar al punto de encuentro para ver si se pueden reanudar las visitas, si es que no se ha suspendido el servicio, porque han pasado casi cuatro meses. Si no se han suspendido, nos volveremos a ver. A los 15 días de ser detenida, el juzgado decretó que podía ver a mi hijo acompañada de mi familia. Sin embargo, hasta un año y siete meses después no le vi. Después [su padre y él] se trasladaron a Málaga sin consentimiento judicial. No pasa nada. Luego se lo dieron. Estuvo durante cuatro meses en Estepona, en los que se suspendieron mis visitas, porque se habían trasladado y el punto de encuentro suspendió las visitas. En total he estado dos años y pico sin ver a mi hijo.

¿Sabe cómo está?

No. No se como está. Pero antes de entrar en prisión, los informes mostraban que no estaba bien. Imagino que en la actualidad seguirá en la misma línea.

¿Eran informes psicológicos?

No sólo psicológicos. Había informes del cole y del pediatra. Mi hijo tiene una fractura en el quinto metacarpiano de la mano derecha que está ya consolidada. O sea, tiene el dedo roto y en tres meses [su padre] no lo llevó al hospital hasta que conseguí que la pediatra le avisara y que lo llevaran a urgencias. Allí le dicen que la fractura está consolidada y que no hay forma de arreglarla. Que lo único que se puede hacer es cirugía. Mi hijo dice que no se iba a operar y que no le dolía tanto. Las analíticas de sangre salen con un nivel de desnutrición 1, que no es lo más grave de todo, pero empieza a dar síntomas. Mi hijo ya sufrió episodios de desnutrición. Fue lo primero que alertó, hasta que después supe que eran indicios de abusos sexuales. No sabíamos por qué eran esos episodios de desnutrición en su infancia. Es sencillamente que deja de comer. Se siente triste y deja de comer.

En el cole advierten de riesgo de autolesiones, de sufrir acoso escolar… lo que viene siendo no proteger a un niño que denuncia lo que le está pasando. Lo que ocurre ahora es que ya no lo verbaliza, pero los indicadores siguen estando.

Ahora que se la ha indultado de la prohibición al ejercicio de la patria potestad tendrá acceso a su historial médico y psicosocial. ¿Qué espera encontrar?

En teoría sí. En la práctica ya veremos lo que nos encontramos. Porque antes de entrar en prisión y que se ejecutara la prohibición de la patria potestad, no me facilitaron los informes. De Málaga no he tenido acceso ni a los médicos, ni poder reunirme con el centro [escolar] porque yo tenía una orden de alejamiento y no querían cambiar el horario para vernos a una hora diferente. Ahora espero que sí. Soy bastante insistente.

¿Qué procesos tiene aún pendiente con la Justicia?

La condena de dos años que ha quedado suspendida, que sigue ahí y tengo que estar cuatro años sin volver a cometer un delito. También me han notificado que tengo que ir a comparecer en los próximos días al juzgado por una denuncia de denuncia falsa. Lo que pone es que denuncio falsamente todo el tiempo que es un abusador sexual de mi hijo y tengo que ir a declarar. No estoy imputada ni investigada, pero sí denunciada y tengo que ir a declarar.

Y luego hay otro procedimiento del que no nos han notificado nada y que es en el juzgado 54 por una denuncia por fraude procesal. Desconozco cómo está el procedimiento, porque no nos han notificado nada. Y [el padre de mi hijo] ha vuelto a poner una demanda de familia para que me quiten la patria potestad y que se suspenda totalmente el régimen de visitas.

¿Pedirá un cambio de custodia?

Tengo que ver cómo está la situación. En principio, mi intención es seguir peleando. Mi hijo no está bien. Esto no ha cambiado absolutamente nada y la lucha sigue estando donde estaba. El problema es el mismo de siempre: el sistema judicial no nos responde, no resuelve el problema. Hay un 158 [procedimiento de custodia] que se tienen que terminar de resolver en un mes, como mucho. Y en función de lo que haga la Audiencia Provincial, veremos qué y cómo lo puedo hacer. El 158 lo activó el padre de mi hijo cuando solicitó irse a Málaga. Yo aporté los informes de la situación de riesgo de mi hijo. El juez no nos llamó a declarar, como viene sucediendo habitual y la Audiencia considera que hay que escuchar a esos testigos que hablan de que existe una situación de riesgo. El 158 es una medida de protección. Veremos lo que hace la Audiencia. Lo que pedimos en ese procedimiento es que se le de la custodia [de mi hijo] a mi madre. Esto fue antes de que yo entrara en prisión y para no tener que llevar a mi hijo a un centro de menores u otra medida más drástica (él ha vivido con mi madre toda su vida porque vivíamos juntas). Y en función de lo que pase, siguiente puente.

María Sevilla
María Sevilla, en una entrevista con Público en junio de 2022. Alfredo Langa / Público

Tras su experiencia, ¿qué mensaje le enviaría a las madres que estén en la situación de violencias de género o violencia sexual a sus hijos por parte de padres o familiares?

Más que a las madres, es hacia todo el sistema. Yo estoy muy agradecida de que se me haya concedido el indulto, pero esto no soluciona el problema. Ni mío y de mi hijo, ni el de ninguna madre que viva una situación como la nuestra. Hace falta mucha más acción. Creo que una ley que prohíbe aplicar el síndrome de un pedófilo no es suficiente si no hay herramientas para que esto se haga de verdad. Si los procedimientos de instrucción en los que existen las denuncias de médicos y profesionales no se instruyen y no pasa nada, esto comienza a ser un problema. Más que cargar a las madres con una responsabilidad sobre hacer o dejar de hacer cosas, es hacia el sistema a dónde hay que apuntar. Si verdaderamente el Gobierno que tenemos quiere hacer un cambio real, lo que necesitamos son herramientas eficaces para que se proteja a los niños que denuncian incesto.

Muchos medios le acusan de estar detrás del incumplimiento de muchas madres. ¿Qué dice sobre esto?

Yo nunca le digo a una madre lo que tiene que hacer. Mi forma de actuar supongo que tendrá consecuencias, pero no es mi responsabilidad. Si el sistema hubiera protegido desde el principio a mi hijo cuando existe el primer indicador de abuso sexual, no hubiéramos tenido que llegar hasta este punto. Lo siento mucho, pero la responsabilidad no es mía. Es del sistema que ha fallado. Si se producen desobediencias sistemáticas, es porque el sistema falla de forma sistemática.

Usted montó la asociación Infancia Libre precisamente para denunciar todos estos problemas que existían en la Justicia con los niños y con las madres y ha acabado condenada y en prisión. Más allá de los objetivos que tenía la organización, ¿Qué cree que es ahora lo que se conoce como el caso Infancia Libre?

Creo que tenemos que separar lo que son las dos cosas. Porque esto va unido. Una cosa es que yo haya sido condenada por sustracción de mi hijo mayor y otra muy distinta que la asociación tenga algún tiempo de penalización, que no es el caso. La lucha de los derechos humanos fundamentales de las criaturas y de las madres, se llame Infancia Libre o se llame como se llame, no la voy a parar ni yo ni muchas de las víctimas que estamos viviendo esta situación. Se constituyó Infancia Libre porque pensamos que había que denunciar a las instituciones sobre lo que estaba pasando y lo que estábamos viendo que estaba pasando en el sistema judicial. Si esto se empieza a denunciar en el 2015, a fecha de 2022, la cantidad de casos es espectacular y espeluznante.

Se repite que los procedimientos se sobreseen de forma provisional por falta de pruebas. Pero puedo afirmar que no es sólo el hecho de que faltan pruebas. Tiene más que ver con el hecho de que falta de instrucción. Si un médico 
denuncia y no se le cita a declarar, esa es una falta de instrucción, no de pruebas. Es que ni siquiera escuchamos a la persona que denuncia. Y esto sí se produce de forma sistemática. Cada vez hay más caso, cada vez se conocen más y cada vez hay más desprotección, porque los niños siguen teniendo que estar obligados a tener contacto con las personas que ellos han denunciado que les han agredido sexualmente o físicamente, o ambas cosas.

Por eso voy a seguir haciendo lo que hacía antes, se llame Infancia Libre o no se llame de ninguna de las maneras, y creo que el resto de madres vamos a tener que seguir luchando por nuestros derechos, porque no hay otra opción. Por los nuestros y sobre todo por el de nuestras criaturas, que son los más vulnerables.

¿Qué le parece la negativa de indultar a María Salmerón?

Puedo entender cómo funciona la ley del indulto, porque para poder solicitar el mío teníamos que conocer muy bien las alternativas que teníamos. Y es cierto que con la ley de indulto necesitas un informe favorable o medio favorable tanto del juez sentenciador como de la Fiscalía. Y esto no se produce en esta última petición de indulto. Pero hay otras muchas vías y alternativas. No se trataba sólo de concederle el indulto a una madre que había protegido a su criatura porque el padre era un condenado por violencia de género. Hay un retraso. No puede ser que hace 15 años se le concediera un indulto y que ahora tengamos una ley mucho mejor sobre violencia de género y esta mujer tenga que entrar en la cárcel.

Porque si no se puede dar un indulto, se puede hacer una revisión del caso y utilizar en esa revisión las nuevas modificaciones de la ley. A todos los reos las modificaciones de la ley les tienen que beneficiar. Esto es algo que funciona así. Siempre tienen que aplicarse a favor del reo. Si la ley de violencia de género en su momento no incluía a los niños y a las niñas víctimas de las madres maltratadas y ahora sí, y no se permite con la ley actual que tengan contacto con el agresor si es condenado, esa ley tiene que servirle a esa mamá para protegerla a ella y a su hija. Es decir, que se podía haber adoptado otro tipo de medidas para que no entrara en prisión, aunque no se pueda llamar indulto.

Lo que se detecta es como una falta de intención. Una dejadez. Lo cierto es que esa mujer ha sido maltratada, ese señor está condenado y ella está sufriendo un maltrato institucional. Hay leyes buenas, pero no hay herramientas para proteger a las madres ni a las criaturas. Por esto es una barbaridad que una mujer como María Salmerón entre en prisión cuando ese señor está condenado en firme y no pisó la cárcel. Esto es una barbaridad.

No se ataca la violencia institucional y eso da mucho miedo. Recuerdo cuando hace unos meses la delegada del Gobierno contra la violencia de género decía: tenemos que hablar de maltrato institucional, porque lo hay, existe y lo están sufriendo … Perfecto. Nos encanta que los admitan. Pero faltan las herramientas que lo solucionen.