Opinión
Y en 2026, Feijóo se encaró con el narco

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Es el tópico, pero es inevitable: el titular no es de El Mundo Today, es tan real como que el expresidente de la Xunta de Galicia que fuera amigo de uno de los grandes narcotraficantes gallegos, Marcial Dorado, se fue el pasado fin de semana a Andalucía a hacer (o deshacer) campaña por Juanma Moreno aprovechando (sic) la muerte de dos guardias civiles frente a las costas de Huelva durante una operación contra el narcotráfico. "Vamos a por vosotros", advirtió.
El acto electoral de Alberto Núñez Feijóo ya estaba previsto, pero la tragedia en Huelva le vino al pelo después del fracaso que supuso el ataque preventivo y torpe que hizo el PP la semana pasada contra el acertado dispositivo que desplegó el Gobierno de Pedro Sánchez en Canarias para tratar de aislar el hantavirus sin dejar de trasladar y asistir humanitariamente a los contagiados, potenciales contaminados y viajeros sanos de un crucero, entre ellos, varios españoles y ciudadanos/as de más de 20 países.
Feijóo se reunió con varias esposas de guardias civiles en Andalucía y arremetió contra Sánchez y, sobre todo, contra el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, al que solo le faltó culparle de amistad con el narco sin despeinarse siquiera. El presidente del PP se vino arriba y prometió medios y más medios para la Guardia Civil cuando sea presidente, así como resucitar la unidad de élite de este cuerpo, la OCON-Sur, específica para luchar contra las mafias en el estrecho de Gibraltar y que acabó regular. El PP criticó mucho la supresión de esta unidad en 2022 por parte de Marlaska mientras ensalzaba su operatividad deteniendo narcos. Tuvieron que recular, no obstante, cuando trascendió que tantas exitosas detenciones eran fruto de un pacto del jefe Antidroga en El Estrecho, el teniente coronel Oliva, con su panda de narcos amigos de la infancia, el clan de los Ariza: sus miembros le daban soplos sobre la competencia criminal y Oliva los detenía al tiempo que protegía a sus narcos amigos y éstos hacían sus negocios. Así lo concluyeron las investigaciones internas de la Guardia Civil, así se lo trasladaron a Marlaska y por eso se disolvió este órgano específico cuando se iniciaron las actuaciones judiciales. Se confirmaba una vez más que el éxito del narcotráfico, del crimen organizado, es imposible sin su penetración corrupta entre funcionarios, incluidos jueces, fiscales o fuerzas y cuerpos de Seguridad, así como sociedades enteras. En Galicia sabemos algo de esto, aunque Feijóo no se acuerde "porque no había Internet ni Google" cuando veraneaba plácidamente con Dorado en su yate.
El presidente del PP puede ponerse todo lo gallito que quiera contra los narcos -que deben de estar muertos de miedo-. "Vamos a por vosotros", "Os vamos a erradicar" o "Antes, los tíos se marchaban y ahora, se encaran", argumentaba un Feijóo muy enfadado con el crimen organizado. Ya no se acuerda cuando gobernaba España su mentor Mariano Rajoy y había 3.586 guardias civiles y policías menos que ahora en Andalucía, 227 menos en Huelva, y cobrando un 38% menos de salario medio. Por no haber, con Rajoy no había ni planes de Seguridad para la siempre maltratada zona del Campo de Gibraltar. Aquel Gobierno del PP estaba muy ocupado con las operaciones parapoliciales de Villarejo y la policía corrupta para deshacerse de adversarios políticos y las pruebas de su corrupción rampante.
Desde 2018, estamos en el quinto plan de seguridad en el Campo de Gibraltar, con inversiones de 96 millones en material para la lucha contra el narco. Que siempre es insuficiente, no obstante, lo sabemos todos, también y especialmente Feijóo: el crimen organizado va por delante de quienes luchan contra él, sea en recursos o sea en tecnología, pero también por su penetración en instituciones y sociedades, que o miran para otro lado o niegan la mayor directamente. A España, más pronto que tarde, le va a reventar el crimen organizado en la cara, porque el mercado negro de las drogas, de las armas o de los seres humanos es un pozo sin fondo y muy sofisticado, que arraiga, sobre todo, en las zonas más deprimidas y con las tasas de paro más altas, como el Campo de Gibraltar, por donde no pasan las inversiones en servicios públicos porque Moreno Bonilla y Feijóo prefieren bajar impuestos a los ricos en Andalucía, muchos de esos millonarios que también serán narcos, supongo, y ostentarán alguna alcaldía, o así. La estadística es meridiana.
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