Opinión
'Bad news, no news': otro julio en La Moncloa

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Hace un año, por estas fechas, Pedro Sánchez comparecía en La Moncloa para dar la tradicional rueda de prensa de balance y lo hacía pocas semanas después de haberse hecho público el informe de la UCO sobre Santos Cerdán, que era el secretario de Organización del PSOE en sustitución de José Luis Ábalos, hoy condenado por corrupción. El panorama ante los periodistas se presentaba sombrío para el presidente, con el Gobierno y el partido en estado de shock tras la baja imperiosa de Cerdán de sus responsabilidades en el partido y de su escaño en el Congreso: todos/as estaban deseando desaparecer en agosto, mientras confesaban que no podían imaginar “un escenario peor”.
Pero la rueda de prensa de este martes 28 de julio, aunque parecía imposible, se hizo en un contexto aun más negativo, con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero imputado por liderar una trama criminal, según el juez Calama de la Audiencia Nacional, y por guardar unas joyas de emperatriz que se aparecieron casualmente a la UDEF en la caja fuerte del despacho de la calle Ferraz. Guardar unas alhajas no es delito; si acaso, es éticamente cuestionable desde la perspectiva de un expresidente, pero por si las moscas -la justicia funciona así ahora para algunos/as-, el magistrado decidió abrir otra causa a Zapatero y ya se verá después si van apareciendo los indicios de algún delito.
Si los tribunales siguen a este ritmo, en julio de 2027 será Pedro Sánchez el imputado. De hecho, si los planes electorales de éste se cumplen, podría ser el primer presidente del Gobierno en funciones que comparece en La Moncloa investigado por lo que sea. Y es tal vez por ese convencimiento asumido de que van a por su familia, a por su partido, a por su Gobierno y a por él, valgan las redundancias, Sánchez se mostró ante la prensa este martes con una tranquilidad pasmosa y mayor que la de 2025. En el mismo día que se conocieron unos muy buenos datos de empleo, pero también con nuestro país ardiendo como nunca, el presidente desgranó primero los datos económicos fruto de su gestión, señaló, insistiendo mucho en la excepción España con respecto a las tambaleantes economías europeas y lanzando a los y las periodistas -o sea, a toda la ciudadanía- la pregunta que, llegados a este momento, es inevitable hacerse… pero que no sirve como atenuante de la precariedad parlamentaria del Gobierno o de las presuntas corruptelas del PSOE… aunque es imposible no pensar en ello… pero sin que sirva de excusa a Sánchez… y así, en bucle.
La pregunta que sugirió Sánchez (“¿Qué habría pasado si gobernara la coalición PP-Vox esta España en este mundo?”) es pertinente, sobre todo, con unos fuegos bárbaros arrasando la Península mientras Santiago Abascal se empeña en difundir su negacionismo climático y sus bulos contra la ley de Montes, Isabel Díaz Ayuso se hace fotos compungida para que parezca que hace algo y Alberto Núñez Feijóo se va a Lima a hacer la pelota a Keiko Fujimori, la Bukele del siempre jodido Perú. Esta tríada ultraderechista se niega a firmar un pacto de Estado contra la emergencia climática con el Gobierno central, un trabajo conjunto que sería el lógico si PP y Vox tienen el poder en la mayoría de comunidades autónomas dueñas de las competencias sobre la prevención y la extinción de incendios. Para la ultraderecha, la coordinación entre administraciones de la que sacan pecho ahora consiste en ceder la emergencia al Ejecutivo central por si algo sale mal, pero negarse a colaborar en lo nuclear en el medio-largo plazo, la política que realmente resuelve. La gestión les importa poco o nada, el poder por el poder es lo prioritario para imponer sus tesis trumpistas y absolutistas para beneficio de sí mismos y unos pocos más y la desgracia del resto que ellos consideran ciudadanos/as de segunda, sean inmigrantes pobres, mujeres, el colectivo LGTBIQ+, feministas o progresistas de todo pelaje. Es verdad que Pedro Sánchez no compareció en su mejor momento, sino probablemente en el peor de todos los julios que se recuerdan en su Gobierno, aunque habría dado lo mismo si no lo fuera. Sin novedad en La Moncloa.

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