Opinión
Al borde de un cambio profundo, pero ¿en qué dirección?

Estamos necesitando desde hace mucho un cambio de sistema para lograr economías "racionales" y que se acompañen de equidad, suficiencia y paz. Justo lo contrario de lo que tenemos hoy. El recorrido y comportamiento de nuestras sociedades y la economía de mercado que las tiraniza son profundamente inadecuados para alcanzar un futuro compatible con que la mayoría disfrutemos vidas dignas. De no cambiar ese sistema, ni siquiera tendremos vida a secas.
Ya estamos padeciendo un colapso ecológico, social y económico. Es idea común que de las crisis surgen grandes oportunidades. Pero presenciamos la escasa competencia de las élites mundiales para asimilar la gravedad de continuar como hasta ahora. No se trata de geoestrategia y de cambio en los equilibrios políticos del tablero global. Es la urgencia de preservar la vida en un planeta que está cambiando sus condiciones de habitabilidad empujado por el insostenible modelo actual.
La era de la energía barata ha llegando a su fin (esas grandes dosis de combustibles fósiles con los que nos hemos dopado y de la que apuramos las últimas raciones extraíbles). Asistimos a una guerra que reduce las opciones para abordar racionalmente la grave situación, que no es una crisis puntual sino algo mucho mas peligroso. Las estructuras económicas y de funcionamiento del sistema capitalista no pueden sobrevivir, pero éste agoniza generando sufrimiento y destrucción. El deterioro de recursos fundamentales o directamente su agotamiento, son la evidencia del declive. Está en riesgo la disposición de agua dulce, los recursos genéticos, los bosques, la pesca, las tierras fértiles, los arrecifes de coral… Todo el patrimonio natural en todos los ámbitos: local, regional y global está amenazado. El caos climático y el calentamiento global son de una evidencia indiscutible.
Las prácticas agroindustriales nos advierten de la pérdida de gran parte de las tierras fértiles más productivas. El mar absorbe el 90% de todo el calor que se acumula en la atmósfera a causa de las emisiones de gases con efecto invernadero. Si añadimos a la expansión que ello provoca en la masa de agua el derretimiento de glaciares, tendremos un aumento del nivel del mar cada vez más peligroso y con consecuencias para toda la población que vive en las costas, que es mucha.
La desertificación de muchas tierras cultivables genera ya, y seguirá haciéndolo, desplazamientos masivos. Son situaciones que llevan tiempo afectando a los pueblos y naciones más empobrecidas del Sur global. Y sabemos que no hay muro de contención capaz de contener el deterioro y los movimientos masivos de personas por la destrucción de sus tierras y medios de vida.
El transporte de larga distancia, el sistema agro-alimentario global, los sistemas urbanos y suburbanos actuales, así como muchos productos de nuestro modo de vida -coches, plásticos, productos químicos, pesticidas…- se sostienen asumiendo sin cuestionamiento un creciente suministro de energía barata y materiales. Los conflictos bélicos sangrientos y genocidios son la consecuencia de problemas geopolíticos que tienen que ver con la disponibilidad decreciente de combustibles, agua dulce, suelo fértil o minerales esenciales para mantener la industria tecnológica y agroindustrial en marcha. La economía financiera no se sustenta en recursos reales, sino en deudas gigantescas a futuro y en un sistema fiduciario que nos quiere hacer creer que el permanente crecimiento ficticio superará la carencia real de todo lo necesario para el sostenimiento de la vida. Una falacia peligrosa que hay que tumbar ya.
Nada es necesariamente inevitable si actuamos a favor de profundas transformaciones que limiten las consecuencias más siniestras de este capitalismo tardío y descarnado, que ve llegar su fin.
La capacidad de carga del planeta, (sobrepasada por la demografía humana y de las especies ganaderas que nos acompañan), y el abuso de los recursos globales son límites que ya hemos sobrepasado y no va a haber solución justa ni pacífica posible con las tendencias actuales. Los escenarios socio-ambientales son impredecibles y muy preocupantes. De ahí la necesidad de romper la inercia y movernos en sentido contrario.
Debemos ser capaces de asumir sistemas de organización económica más locales, que reconozcan y respeten los límites que impone la naturaleza y asumir también los que todavía disfrutamos de situaciones acomodadas en el Norte global, que tenemos margen para vivir con razonable frugalidad y más plenitud fuera del sistema actual.
Muchos gobiernos asumen como factibles las soluciones tecnológicas para todos los problemas que genera el sistema económico neoliberal y crecentista. Es insensato. Y nos pone en la peor de las situaciones. El modelo económico neoliberal globalizado sólo es viable para la minoría más rica que acumula la mayor parte de la riqueza mundial y, ni siquiera la tecnología será capaz de resguardar a esa minoría por mucho tiempo.
Los objetivos de conservación ambiental pasan por reducir el consumo de materiales, incrementar la eficiencia y promover una transición energética hacia sistemas de energía renovable a pequeña escala. Hay que establecer planes para reducir el consumo energético y de materiales. Esto conlleva, inevitablemente, cambios significativos en nuestro modo de vida, centrados en el ámbito comunitario, local y regional. Sistemas de gobernanza interconectados pero locales. Producción local para consumo local, haciendo uso de la fuerza de trabajo y de materiales locales, en el marco de modelos ecológicos y democráticos. Las economías locales que así funcionan dependen menos del transporte y suministros desde lugares lejanos, aunque a determinadas zonas haya que suministrarles algún tipo de mercancía necesaria, de la que carezcan. Re-territorializar la actividad económica es una necesidad.
La "buena vida" basada en el hiper-consumo de bienes, en que se basa el actual modelo, es inviable y falsa. Sin embargo, si somos capaces de iniciar la estrategia de usar menos recursos, de acumular menos y de estándares de vida mas modestos, con toda probabilidad obtendremos mayor sensación de plenitud personal, menos estrés, mas tiempo para dedicar a la familia, a los amigos, a la naturaleza, al ocio. Es decir, menos será mas.
Muchas personas en todo el planeta ya están haciéndolo activamente, en el ámbito local, comunitario y regional, tanto en contextos rurales como urbanos. Son acciones colectivas a replicar, para lograr el cambio de paradigma y desterrar definitivamente el insostenible modelo actual. En España tenemos una cita con esta iniciativa.

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