Opinión
El colapso climático no es inevitable

Escribo estas líneas ya en septiembre, pero bajo los efectos de una nueva oleada de calor. Leo el reciente informe del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas sobre las previsiones de aumento de las temperaturas medias globales. El hecho grave es que el aumento de las temperaturas está desbordando las previsiones: es más que probable que el objetivo de un ascenso de las temperaturas por debajo de 1,5 ºC, el umbral que se fijó en el Acuerdo de París, sea una misión imposible. Sin embargo, dejar ahí el relato sería contraproducente y desmovilizador, ya que al menos Naciones Unidas se empeña en seguir poniendo un poco de esperanza en esta carrera tan complicada contra el cambio climático. También dice que “recortes drásticos de emisiones y eliminar carbono de la atmósfera podría devolvernos a la senda de los 1,5 ºC”.
Este ha sido un verano demoledor en términos de eventos climáticos catastróficos. Hemos vivido en unos meses todo el catálogo de lo que la comunidad científica nos había advertido que vendría asociado con el cambio climático: altísimas temperaturas, grandes incendios devastadores, ríos secos en Europa central, riadas salvajes como las que se han vivido en Nepal. El cambio climático ha estado presente de manera brutal en el verano a nivel global, y sin embargo sigue fuera del debate político. Este es el drama.
Y es que este verano de catastróficas desdichas se ha producido en medio del dominio de la extrema derecha negacionista de la agenda política, y lo que es incluso peor, de la agenda mediática. ¿No te has preguntado por qué, a pesar de la gravedad de la situación, el problema climático está fuera de la agenda política y mediática? Yo sí. Me lo pregunto cada día.
Y es que Naciones Unidas deja un resquicio a la esperanza. Pero de nada sirve si seguimos haciendo lo mismo que hasta ahora. Las advertencias son claras desde hace años. Ahora es necesario actuar de forma rápida, y no sé si es posible con los negacionistas de Trump dominando la agenda global. Mantenerse cerca de ese 1,5 °C requiere de transformaciones a gran escala que ahora mismo parecen imposibles con esa agenda negacionista.
Uno de los elementos que planea en todo esto es el papel de las empresas petroleras en evitar que nada haya cambiado en todos estos años. Las petroleras son el elefante en la habitación del que parece que nadie quiere hablar, quizás por miedo a su enorme poder. Mientras el mundo sufre las consecuencias de este calor devastador, las empresas petroleras están aumentando sustancialmente sus beneficios gracias a la guerra que ha desatado Trump en el estrecho de Ormuz. Sin ir más lejos, en España no fue posible que el Congreso aprobase el mantenimiento de un pequeño impuesto sobre sus pingües beneficios. Mientras tanto, Trump nos informa de que ya se ha adueñado de una parte del petróleo de Venezuela. Al menos ya está claro que aquel golpe no era para defender la democracia.
Pero no podemos bajar los brazos. Los poderosos nos quieren así, desmoralizados y abatidos. Quieren hacernos creer que es imposible hacer nada, y que lo que hagamos de nada servirá. Uno de los muchos argumentos del negacionismo es que de nada sirve esforzarse porque China... bla, bla, bla. Pero esto es falso. No podemos permanecer impasibles y pensar que no se puede hacer nada. Sí se puede, pero es necesaria organización y respuesta.
Quizás el principal aporte del informe recientemente publicado por Naciones Unidas es precisamente ese. Que actuando con rapidez y contundencia todavía estamos a tiempo de frenar el cambio climático, e incluso podríamos revertirlo. El colapso no es inevitable, pero no lo frenaremos con los brazos caídos. La única respuesta posible pasa por la movilización. Ya saben: “el que pueda hacer, que haga”. Nosotros y nosotras nos organizamos, y seguimos luchando.

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