Opinión
11N: una defensa de la huelga general

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
Un fantasma recorre Europa y es un fantasma joven. Toma las calles, nos llama a la huelga, nos sacude la indolencia y, al hacerlo, nos abre futuros. Eso es lo que está en disputa y sobre lo que los animo a pensar.
El 11 de noviembre estamos todas y todos convocados a esa contienda que, en el fondo y en la forma, va de futuros y del país en el que queremos vivir. Por primera vez en la historia de nuestra democracia todos los sindicatos, incluido el de Inquilinas, nos convocan conjuntamente a una huelga general. Una huelga que es atípica, sí, pero es que atípicos son los tiempos que vivimos; así que es bueno empezar su defensa recordando que la huelga es un derecho constitucional y que ejercer ese derecho es absolutamente legítimo. Por si en estos días alguien les dice lo contrario.
Y los habrá y no en poco número, porque esta huelga general contiene en sí una disputa de época y eso es lo que me parece relevante. Como en todas las grandes movilizaciones hay que saber leer detrás del lema que la convoca: salarios, vivienda y precios. Razonable, ¿no? Pues habrá quien diga que es una huelga política y a ellos quisiera decirles que… por supuesto, como todas.
Lo señalo porque esta huelga hace saltar las costuras de una de las ideas que el neoliberalismo ha conseguido coser a la mente de mucha gente, la idea de que la economía ha de estar solo regida por los dueños del capital y el resto de los mortales no tenemos nada que opinar. Esa obsesión, capitalista en general y neoliberal en particular, de separar la economía de la política como si fueran esferas separadas, es uno de los grandes cuentos que nos han vendido en los últimos 40 años y con bastante éxito en algunos sectores, especialmente los académicos, he de decir.
En las calles, que es donde la gente corriente vivimos, se percibe otra cosa. El límite cruzado que ha despertado al fantasma en medio mundo, España incluida, es que han llegado a un punto en el que se niegan derechos en nombre del mercado.
Se lo ejemplifico con el caso de la huelga indefinida de la educación en Madrid ya que se me hace obvio que la Comunidad de Madrid se niega siquiera a escuchar a la comunidad educativa y la justicia de sus demandas, pero no por cabezonería patronal. Creo que lo hacen por otra cosa mucho más grave y es que el gobierno de la amiga de Milei no considera que la educación sea un derecho; para ellos no somos ciudadanos, sino clientes.
Niegan que la vivienda, la educación, la sanidad, las pensiones, el trabajo digno sean derechos y ese es un paso hacia un lugar muy oscuro. Sabemos que no hay luz porque es un sitio que conocemos bien, ya hemos estado allí: es un lugar donde no hay ciudadanos con derechos, sino trabajadores sin ellos. Es el modelo de la derecha del presente, el modelo Milei: trabajar 12 horas, cobrar poco y pagar por todo, con el indisimulado objetivo de empobrecer a la mayoría para enriquecer a unos pocos. No hay más. No se dejen engañar por la palabrería pseudotécnica con la que pretenden esconderlo.
Por eso defiendo que esta huelga general les disputa ese futuro y nos recuerda que costó mucho conseguir que seamos ciudadanos sujetos de derecho y hacedores de derechos. Frente al modelo autoritario del capitalismo tardío, que es extremadamente especulativo, militarista, rentista y subordinado a los tecnoligarcas, esta huelga nos llama a elegir otra cosa.
Nos convoca a elegir un futuro en el que no seamos mercancía de las que extraer renta, sino sujetos de derechos que definimos cómo ejercerlos. De eso va esta huelga y todas las que en Europa la están despertando.
En Italia será el 20 de noviembre, en Francia el 5 de noviembre habrá acciones en todo el país para preparar una huelga general, en Bélgica la huelga será la semana del 23 de noviembre, al calor de las movilizaciones el 21 de noviembre que la juventud están organizando contra el absurdo plan de Rearme europeo; en Portugal están negociando hacer la huelga general coincidiendo con la de España; en Serbia los estudiantes han derrocado un gobierno, en Albania están en ello, en Alemania se organizan contra el servicio militar obligatorio de los que quieren la vía militar para ocultar su falta de proyecto… Las calles se llenan, en un otoño que está despertando del letargo a una Europa estancada.
Por eso hay que apoyar esta huelga, para construir un país en el que la vivienda sea un derecho, con buenos salarios y en el que los precios de las cosas que necesitamos no los decida solo la mano invisible del mercado, la metáfora más estúpida jamás ideada para ocultar que la acumulación de capital es la norma y todo lo demás no importa.
Esta huelga es para decir que la economía es la forma en la que se organiza nuestra vida y que tenemos todo el derecho a participar en la forma en la que se desarrolla. Que no decidan otros por nosotras cómo tenemos que vivir y trabajar. Y, por si fuera poco, el capital rentista es parasitario, no crea nada, es una rémora para el desarrollo, un lastre para cualquier economía y eso sí que tiene que ver con el futuro. Se me ocurre que quizá por ello las y los jóvenes han tomado las calles.
Hagámosles caso y este 11 de noviembre secundemos la huelga general. Disputemos el futuro.


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