Opinión
El 40% de los trenes alemanes llegan con retraso

Por Bruno Estrada
Economista
En una reciente reunión organizada por la Fundación Hans Böckler en Dusseldorf me quedé atónito cuando me di cuenta de que el comentario más extendido entre los colegas alemanes antes de empezar la primera conferencia era ¿con cuanto retraso ha llegado tu tren?
No podía creer lo que estaba oyendo, y me puse a bucear por internet hasta que encontré este titular "Cerca del 40% de los trenes de larga distancia de Deutsche Bahn llegan con retraso o son cancelados". Deutsche Bahn es la red ferroviaria estatal alemana, nuestro ADIF.
Desde hace años un creciente número de ciudadanos alemanes equiparan el mal funcionamiento del ferrocarril con el mal funcionamiento del Estado, y tienen muchas razones para ello:
En 2010, la entonces canciller, Angela Merkel dijo en la inauguración de las obras de un importante nodo ferroviario que "Stuttgart 21 era una prueba de fuego para la viabilidad futura de Alemania". En 2026 las obras, tras 15 años en construcción, aún están sin fecha de finalización y sus costes se han duplicado hasta alcanzar los 11.000 millones €.
En septiembre de 2024 se derrumbó parcialmente una sección del puente Carola, que está sobre el río Elba en Dresde, lo que obligó a cerrarlo y programar su desmantelamiento completo.
En julio de 2025 el descarrilamiento de un tren en Riedlingen causó tres muertos y una treintena de heridos, fue una clara evidencia de la falta de mantenimiento en las líneas más antiguas.
El 3 de junio de 2026 el puente Friedrich Ebert, que une Bonn con la zona del Rin del Norte y forma parte de la autopista A565, fue cerrado completamente al tráfico debido a fallos estructurales, grietas en el hormigón y corrosión en el acero. Lo que está teniendo importantes consecuencias económicas, ya que se considera la conexión este-oeste más importante de toda la región del Rin.
¿Alemania en ruinas?
No se trata de incidentes aislados, en una encuesta realizada el año pasado por el Instituto económico IW el 84% de las empresas afirmaron verse afectadas por las deficiencias de las vías de transporte.
Alemania tiene un problema estructural que se ha ignorado durante décadas, según cálculos de la organización Transporte y Medio Ambiente (T&E), alrededor de 16.000 puentes de propiedad federal se encuentran en mal estado, 17.630 kilómetros de vía férrea y 7.112 kilómetros de autopistas necesitan ser reparados con urgencia.
Esta situación ha sido provocada por décadas de recortes en los presupuestos de inversión y mantenimiento de infraestructuras debido a la obsesión alemana por la austeridad y los límites al endeudamiento público, lo que muchos alemanes denominan kaputtsparen, esto es, "ahorrar hasta destruir".
Los puentes solo son la punta del iceberg de un problema mucho más profundo. El informe KfW Municipal Panel 2025, documenta un déficit de inversión en los municipios alemanes de 215.700 millones €, la mayor parte corresponde a edificios escolares e infraestructura vial y de transporte. Uno de cada cinco municipios alemanes reconoce que no puede afrontar el mantenimiento que requieren sus infraestructuras.
Pero esta no es la crisis de infraestructuras más profunda que deberá afrontar Alemania en los próximos años. La electrificación del transporte, la industria y la calefacción residencial va a hacer que el consumo bruto de electricidad se incremente en Alemania en un 250% hasta 2045. Lo cual ya está ejerciendo una presión sin precedentes sobre la red eléctrica, creando cuellos de botella estructurales. Ya que una creciente cantidad de energía eólica deberá transportarse desde el norte, donde está el viento, hasta los centros industriales del sur. Un estudio del IMK calcula que en las próximas dos décadas la inversión total para afrontar la imprescindible ampliación de la red ascenderá a 651.000 millones €. Alemania puede enfrentarse a la paradoja de perseguir unos ambiciosos objetivos climáticos sin ser capaz de construir a tiempo las infraestructuras esenciales para alcanzarlos.
Trampas al solitario en el presupuesto público
Para afrontar estos retos el nuevo gobierno de la CDU y el SPD, tan solo un mes después de constituirse, aprobó, con el apoyo de Los Verdes, un fondo especial para infraestructuras y neutralidad climática (SVIK) por valor de 500.000 millones € para gastar en los próximos 12 años, uno de los mayores paquetes de inversión en infraestructuras en la historia de Alemania.
Sin embargo, según han calculado el Bundesbank y los Institutos IW e Ifo para el ejercicio presupuestario de 2025, en torno a un 90% de los fondos SVIK se han desviado de su finalidad prevista. Tanto el gobierno federal como los landers están utilizando ese dinero para tapar agujeros presupuestarios originados por el kaputtsparen. Los organismos públicos que reciben fondos del SVIK reducen las inversiones que estaban presupuestadas en una cantidad similar y dedican esas partidas a gastos corrientes, por ejemplo, en los hospitales alemanes se han utilizado los “fondos de transformación" para cubrir gastos de funcionamiento.
Asimismo, el gobierno de Gran Coalición apostó por un enorme aumento de los gastos en Defensa, gastos que no computan para las restricciones legales que limitan el endeudamiento público. Los planes son que en 2030 el presupuesto militar alemán se haya duplicado, con el objetivo de tener "el Ejército más fuerte de Europa", en virtud de la sumisión mostrada a las imposiciones de Trump y la OTAN.
Aunque en sentido contrario, para poder cuadrar el presupuesto, el gobierno ha decidido un fuerte recorte de 16.000 millones € en gastos sanitarios: aumentaran los copagos de medicamentos; se eliminará la cobertura gratuita para los desempleados en las familias donde el otro cónyuge trabaje; se suprimirá el derecho a una revisión cada dos años para la detección precoz del cáncer de piel; y se utilizaran sistemas de gestión más estrictos de las operaciones quirúrgicas con el objetivo de reducir su número. Además, el gobierno acaba de presentar una propuesta de reforma de las pensiones que aumentará la edad legal de jubilación hasta los 70 años, y que establecerá un sistema de capitalización privado y obligatorio, con el objetivo de compensar la merma de la aportación pública al sistema de pensiones.
El Gobierno de Gran Coalición está mostrando su incapacidad para traducir las decisiones políticas en inversiones concretas, los trenes siguen sin llegar a su hora, el Estado no funciona, el malestar de la ciudadanía alemana se dispara. Los últimos sondeos electorales en Alemania, tan solo un año después de las elecciones, vaticinan un descalabro de la CDU y el SPD, con apenas un 22% y un 12% de voto, respectivamente. Mientras que auguran un fuerte incremento del partido ultraderechista AfD, que con un 29% ya se coloca como primera fuerza política.
Trenes que llegan con retraso, puentes que no se reparan, una sanidad y un sistema de pensiones públicos que se deterioran y, paralelamente, unos gastos de defensa disparados, un buen ejemplo de lo que puede pasar en nuestro país con un gobierno PP-Vox.

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