Opinión
El 5%: imperio, resistencia y sumisión

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
-Actualizado a
Escribo estas líneas desde La Haya, minutos antes de partir hacia la manifestación contra la OTAN que movimientos pacifistas y organizaciones de izquierdas han organizado en esta linda ciudad neerlandesa, con la tristeza a cuestas por las guerras y los muertos, el día en que el Emperador ha decidido bombardear Irán.
"La OTAN sabe cómo hablarle al Sur Global", vocifera, amenazante, el ministro de Defensa de Italia, de extrema derecha, como se puede deducir por su sandez racista. Reaccionan, violentos, a un mundo que ya no gobiernan, que no los ve ni como modelo, ni como autoridad: la cumbre de la OTAN exudará mucho de esa melancolía por el imperio perdido, cobijados bajo el ala de un Trump que pretende emular a César o a Napoleón y no se me rían, que así lo dejó caer Mark Rutte, secretario general de la Alianza: "La OTAN es más grande que el Imperio romano o el de Napoleón". Ese es el nivel.
Uno muy diferente encontré la semana pasada en la reunión trianual de CLACSO, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales que reunió a 28.000 académicos de unas 400 universidades de América Latina. Allí los debates se centraron en descolonización, feminismos, violencias, extrema derecha, democracia y desigualdad. Debates vibrantes, de nivel altísimo, que prefiguran un siglo XXI lleno de nuevos retos y nuevas ideas para enfrentarlo. En La Haya estamos debatiendo como evitar que recortar nuestro estado de bienestar para comprar bombas. ¿Entienden por dónde voy?
El mundo ya es multipolar, diverso, vibrante. Una multipolaridad tan irreversible que no lo soportan, me decía el brillante sociólogo argentino Atilio Borón. Hoy, la aportación al PIB mundial de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es mayor que la de los países del G7 (EEUU, Canadá. Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Japón) y creciendo. Todos los analistas coinciden en que el centro económico del mundo en pocos años será el eje India-China. Es un hecho, como lo es que el desarrollo tecnológico, medido en patentes, señala a China y Asia como los lugares con más innovación tecnológica y todo ello mina, destroza, hace añicos la idea que de sí mismos tienen muchos en Occidente.
Los líderes de la OTAN parecen no querer entenderlo y se revuelven violentos ante ese desplazamiento, aferrándose a la horrorosa idea de un "Occidente incapaz de definirse a sí mismo si no es en oposición a la alteridad radical de una humanidad no blanca y jerárquicamente inferior", como escribiera, lucidísimo, Eduard Said.
Lo del 5% del PIB para gastos militares responde a esa idea: no hay ninguna base ni económica ni militar para vincular seguridad con un tanto por ciento del PIB. Hasta el primer ministro del muy conservador Luxemburgo, en un arranque de lucidez hoy en peligro de extinción, dijo que no se puede medir las necesidades de seguridad con una cifra del PIB. Es tan obvio, tanto, que es difícil ocultar que la verdadera intención es obligar a los gobiernos europeos a que nuestros impuestos (los que pagamos en su mayoría las y los trabajadores) financien a la industria militar norteamericana. Es tan obvio que no puedo evitar una punzada de vergüenza ajena al ver la bochornosa servidumbre de los gobiernos conservadores europeos.
El campeón de la mentalidad sumisa es Mark Rutte, ascendido a secretario general de la OTAN tras tener que dimitir con su gobierno por corrupto y por racista. El mismo que se inventó lo de cerdos (PIGS) para los países del sur de Europa, llamándonos vagos que no merecíamos la ayuda europea en la crisis financiera de 2008. "Un gran amigo de España", como lo llamo, con toda la ironía del mundo, el periodista Xabier Fortes. El señor Rutte ha diseñado la cumbre de la OTAN tan a la medida de Donald Trump que solo va a durar día y medio para evitar que el emperador se aburra y se vaya. No es broma, lo comenta todo el mundo en La Haya.
La resistencia
Al lector no se le escapará que la dura posición del Gobierno de España al aumento del gasto militar al 5%, de la que todo el mundo está hablando, es más fruto de una situación excepcional que del convencimiento. La corrupción en las filas del PSOE y unos socios de gobierno que amenazan seriamente con romperlo si se pliega a las condiciones de Trump, hacen que la correcta posición del gobierno de España surja más por carambola que por demiurgo, pero me da igual: a veces la historia se escribe de la forma más rocambolesca. Una Cumbre de la OTAN que amenazaba con obligar a 32 países del mundo a armarse hasta los dientes, va a acabar (eso espero) en nada, casi por un accidente de la historia y por la resistencia.
No lo habrán visto en los telediarios, pero este sábado más de 100.000 personas tomaron las calles de Roma contra el rearme europeo (#StopRearm, cuya web les dejo por si se quieren adherir). Casi a la misma hora, 40.000 personas salieron a las calles de Berlín para exigir paz y el fin del genocidio en Gaza. Este sábado también 300.000 personas marcharon en Londres por Palestina. Hoy marchamos en Países Bajos, mientras se celebran Conferencias por la Paz en Madrid y la semana que viene en Bruselas. La resistencia en las calles, con miles de personas y colores que reflejan y construyen un mundo y un futuro lejos, muy lejos, de los delirios del emperador.
Porque para una Europa perdiendo el tren de la tecnología y en riesgo de recesión tras años de austeridad y deslocalizaciones, los recursos públicos son imprescindibles para defender inversiones públicas en tecnologías limpias que generen empleos de calidad y afiancen servicios públicos. Ese es el modelo social europeo por el que tanta gente ha luchado y que ahora pretende destruir a base de comprar bombas a los yanquis. Porque de eso se trata: de salvar a EEUU de su crisis con nuestros impuestos.
"No en nuestro nombre y no con nuestro dinero, paremos el genocidio y todas las guerras", se grita en cada vez más calles y lo seguiremos haciendo hasta que ensordezcamos las bombas con las que nos amenaza a todos un imperio en decadencia.
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