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Opinión
El 62% de la juventud prefiere la democracia

Por Antonio Antón
Sociólogo, politólogo y escritor
Según el amplio estudio "Jóvenes españoles 2026", de la Fundación (católica) SM, cuyo trabajo de campo ha sido realizado por la agencia de investigación 40dB, con más de 5.000 encuestas a personas entre 15 y 29 años, el 61,69% de la gente joven responde que la ‘democracia es preferible a un régimen autoritario (a una dictadura)’. Esa respuesta se contrapone a la contraria: 'En ocasiones, un sistema autoritario puede ser mejor', el 26,18%. Y la tercera opción es ambivalente: 'A la gente como yo nos da igual un régimen que otro', el 12,13%.
En todo caso, una parte de esta ambigua respuesta también puede incluir la opción por la democracia, es decir, habría que sumarla a ese casi 62%, lo que nos daría en torno a unos dos tercios de preferencia por un régimen democrático. No obstante, sigue siendo preocupante la tendencia creciente de que cerca de un tercio de la juventud prefiera una dictadura, si a esa más de la cuarta parte le sumamos otro pequeño porcentaje de jóvenes que les da igual un régimen que otro, y aunque sea con el pretexto excepcional de que [solo es] 'en ocasiones’.
Esta interpretación defendida aquí, de una amplia mayoría de la juventud que prefiere un régimen democrático a un sistema autoritario se contrapone con la idea de que ‘El 68% de los jóvenes desconfía de la democracia’, tal como aparece en el titular de la noticia en este periódico-y otros medios de comunicación-, en la que se resume, por la agencia de noticias EFE, el citado estudio.
Ese alto porcentaje se deriva de la interpretación sesgada que hace EFE de las respuestas a otra pregunta del informe sobre el grado de ‘satisfacción con el funcionamiento de la democracia en España’. Las respuestas son: ‘Bastante y muy satisfecho’, 32,07%; ‘Poco satisfecho’, 50,29%; ‘Nada satisfecho’, 17,56%.
Hay que advertir que el grado de satisfacción se refiere al ‘funcionamiento’, no a la propia democracia en cuanto sistema político. En ese sentido, la respuesta de ‘Poco satisfecho’, que corresponde a la mitad de la juventud, aunque denote cierta insatisfacción, es excesivo interpretarla como ‘desconfianza en la democracia’. Es lo que expresa el citado titular, con cierto alarmismo, al añadir a ese porcentaje del 50% el que responde ‘Nada satisfecho’, 18%, dato este que sí podría reflejar, claramente, una minoritaria inclinación juvenil por una dictadura.
Para evitar malentendidos, en este caso de cierta trascendencia analítica y política, sería conveniente utilizar otras expresiones que definan mejor esa opinión de poca satisfacción (recordemos) con el ‘funcionamiento de la democracia’, como una decepción, frustración o desencanto con la dinámica o la ‘gestión’ del actual sistema político democrático. Supone cierto distanciamiento con la clase política, como luego veremos, pero (todavía) no con la democracia.
Ese descontento juvenil hacia los grupos dirigentes de la gestión política, realmente existente, no debiera asociarse (al menos como tendencia mayoritaria) con un deseo de cambio hacia un régimen autoritario. Ni tampoco desacreditarlo como actitud antidemocrática para culpabilizar a la gente joven y utilizar su crítica en defensa del actual estatus de las élites partidistas, con cierto bloqueo reformador y alta crispación mediática.
Esa actitud de cierto descontento crítico de la mitad de la juventud hacia el funcionamiento institucional está sometida a la influencia de las distintas fuerzas políticas que tratan de darle su respectiva reorientación político-electoral y, desde luego, la ultraderecha intenta instrumentalizarla para sus fines autoritarios. No es de extrañar su repunte en estas semanas, en las que se ha hecho más patente la existencia -asimétrica- de corrupción política en los dos grandes partidos, PP y PSOE, juzgados en los tribunales, y que se amplíe en esos sectores de la juventud el malestar con el funcionamiento de este sistema democrático.
Incluso se puede añadir la frustración cívica por el incumplimiento de las promesas institucionales de una fuerte y necesaria regeneración democrática, cuya aprobación parlamentaria para el Gobierno era menos difícil que las también imprescindibles reformas social, fiscal y habitacional, junto con la mejora de los servicios públicos, a las que las derechas nacionalistas (PNV y Junts) son más reticentes, como hemos visto con el decreto de los alquileres.
Por tanto, esa desconfianza institucional o fatiga democrática es compatible con una aspiración juvenil de su reforma democratizadora y de eficacia transformadora de lo social, que tanto está afectando a la juventud, por solo citar el tema de la vivienda.
En todo caso, el personal joven ultra, cuestionador del sistema democrático, con preferencia de un régimen autoritario, se reduciría a este 18% ‘Nada satisfecho’, no al 68%. Esta interpretación se corresponde mejor con los resultados comentados anteriormente, que son más claros y explícitos, sobre la preferencia juvenil por la democracia, en torno al 62%.
Otro dato complementario de interés es sobre la confianza en las instituciones. La mayor confianza juvenil es en las 'Fuerzas armadas' (66,48%) y la 'Policía' (61,68%), que ha crecido en esta década, seguido por el ‘Sistema educativo’ (59,43%) y las ‘Organizaciones ecologistas’ (50,80%). En una zona intermedia, con menos de la mitad, están el ‘Sistema judicial’ (48%), los ‘Sindicatos’ (42,52%), la ‘Monarquía’ (41,78%) y los ‘Medios de comunicación’ (39,8%). Por último, la menor confianza se concentra en el ‘Congreso/Senado’ (32,73%), el Gobierno (31,04%) y, finalmente, los ‘Partidos políticos’, con un escaso 26,03%.
Esta limitada confianza, que no llega a un tercio de la gente joven, se concentra, como adelantaba antes, en la élite política ejecutiva y representativa y, especialmente en los Partidos políticos. Pero conviene precisar la opinión juvenil por su autoubicación ideológica en el eje izquierda /derecha.
El sector de la juventud que más confianza comparativa tiene en los partidos políticos, dentro de ese bajo nivel medio cercano a su cuarta parte, curiosamente, es el que se autoidentifica de extrema derecha (40,77%), y el que menos es el que se auto ubica en la extrema izquierda (22,09%), la izquierda (21,35%) o el centro (22,25), y con unos porcentajes algo superiores quienes lo hacen en la derecha (26,47%).
Supone que, dentro de esos bajos niveles, esa base juvenil ultraderechista se siente más identificada con su representación política y confía en su gestión y liderazgo, cosa que pasa menos con la gente joven que se percibe ideológicamente en la derecha y, sobre todo, en las izquierdas, cuyas bases sociales están menos motivadas.
Por supuesto, respecto de la 'Policía' y las 'Fuerzas armadas', los primeros, de ultraderecha, confían entre el 71% y el 82%, y los segundos, de ultraizquierda, en torno al 46%. El resto de la izquierda, centro y derecha, están en una posición intermedia en ambos casos.
Otros de los indicadores significativos de la opinión sobre regímenes autoritarios y democráticos son el acuerdo con las siguientes afirmaciones: ‘A veces hace falta mano dura, aunque se sacrifiquen las libertades’, 55,79% (con mayor peso en la extrema derecha, 81%); ‘La democracia mejoraría con más expertos elegidos por méritos y menos políticos elegidos en las urnas’, 74,86%; ‘Las elecciones conducen a la división y la polarización, a veces un régimen autoritario (una dictadura) permite una convivencia más pacífica’, 47,37% (en desacuerdo, 43,08%); ‘Al final, todos los políticos son iguales’, 73,78%.
Es significativa la desconfianza en las élites políticas, con el descrédito de su sistema de selección a través de las elecciones parlamentarias, considerando mejor para su elección el criterio (aristotélico) de méritos reconocidos; el problema indefinido en las respuestas es quién los valora y decide, sabiendo que los grandes grupos de poder, fácticos y tecno-financieros, ejercen su gran influencia sin apenas capacidad de regulación y control por la sociedad, a través de sus instituciones representativas democráticas. Además, hay que señalar el carácter puntual y relativo que tiene la expresión ‘A veces’, referido a la mano dura o la operatividad de un régimen autoritario para garantizar la convivencia.
En definitiva, hay un peligro ultraderechista y cierto bloqueo institucional y de las perspectivas de las izquierdas, así como una tendencia juvenil problemática, pero no mayoritaria. La situación es preocupante, pero hay que evitar el tremendismo del miedo a la inevitabilidad reaccionaria. El reto es el de la profundización de la democracia y su función social y, sobre todo, la renovación de la representación de las izquierdas y su vinculación con la ciudadanía.
Por otro lado, en este amplio estudio hay muchos otros datos de interés, particularmente sobre dos, atravesados por un amplio conflicto sociopolítico y controversia cultural: la persistencia de la desigualdad de género y la violencia machista, con una fuerte brecha por sexo/género; y la actitud ante la inmigración y la segregación étnico-nacional, puesta de relieve estos días por el pacto de PP y Vox, con la defensa del criterio supremacista de la ‘prioridad nacional’. Sobre ello habrá que volver.


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