Opinión
Moreno Bonilla pasa de la sonrisa a la mueca

Por David Bollero
Periodista
El debate en TVE del pasado lunes proporcionó muchas pistas de lo que se puede esperar de Juan Manuel Moreno Bonilla en la campaña electoral andaluza. Hablar de "perfil bajo" sería demasiado generoso. El candidato del PP a revalidar mandato en la Junta de Andalucía se borró del debate y ni siquiera tuvo el coraje de replicar al Manuel Gavira (Vox) cuando éste escupió sus bulos y proclamas que amenazan derechos humanos.
Moreno Bonilla se presentó en el debate lleno de papeles y terminó por perderlos, sintiéndose acorralado por la izquierda, incapaz siquiera de aclarar por qué su gestión sanitaria se ha llevado por delante vidas humanas o ha arruinado la vida de muchas mujeres tras el fiasco del cribado de cáncer. Ante la exigencia de una aclaración que más de 200 días después del escándalo todavía no ha dado, el presidente andaluz se aferró a estadísticas. Frente a vidas humanas que se han perdido, Moreno Bonilla se agazapa tras cifras frías difíciles de aterrizar en el suelo que pisamos quienes votamos el próximo 17 de mayo.
La montaña de papeles se amontonaba al pie del atril del candidato del PP casi al mismo ritmo que los reproches de la oposición, que le afeaban el modo en que no sólo ha desmantelado la sanidad pública, sino también la educación. Moreno Bonilla no fue capaz de rendir cuentas, se vio superado por la evidencia, por la realidad que padece Andalucía día a día y, entonces, jugó la baza de los presupuestos. Solo dio para eso, ajeno a que la ciudadanía ya distingue entre lo que Moreno Bonilla presupuesta y lo que realmente ejecuta. No es sólo que cuanto más hincha los presupuestos de la sanidad pública más dinero inyecta en la privada, sino que en muchas ocasiones ni siquiera gasta lo presupuestado, como sucede en las partidas para combatir la violencia de género pese a ser la comunidad autónoma que más mujeres asesinadas registra.
A medida que avanzaba el debate y las críticas le llovían, más se desdibujaba Moreno Bonilla, escondido en una sonrisilla socarrona que por momentos se tornaba en mueca nerviosa. No le faltaban motivos porque el chaparrón que le cayó fue de aúpa y él llegó al debate sin el paraguas de una buena gestión. No pudo sacar pecho de ninguna de sus competencias directas, como son sanidad, educación y vivienda… ni siquiera del empleo, pues, aunque va remontando poco a poco, lo hace al amparo de una reforma laboral contra la que votó el PP.
Bajaba la marea y Moreno Bonilla se descubría sin bañador. No tenía a qué aferrarse más allá de su declaración de amor por una Andalucía que, sin embargo, está dejando en los huesos. Con las negociaciones de PP y Vox para gobernar Castilla y León en pausa y sabedor de que cada vez se aleja más de la mayoría que ansía, Moreno Bonilla no tuvo el arrojo de replicar al candidato de extrema derecha ni siquiera cuando éste lo interpeló directamente.
Y es que, por más que Gavira (Vox) repitiera su coletilla convertida en tic de "lo cierto y verdad", mintió de lo lindo. Moreno Bonilla se sometió a los ataques directos del candidato de Vox, contra el que ni siquiera esgrimió sus frías estadísticas; incluso miró para otro lado cuando el ultra cargó contra los menores migrantes no acompañados o volvió a exhibir su racismo y xenofobia vestidas de "prioridad nacional".
En provincias como Huelva y Jaén, incluso en su querida Málaga, los escaños del PP peligran y Moreno Bonilla no quiere enfrentarse contra quien volverá a llevarle a San Telmo, como ya sucedió en 2018 cuando perdió las elecciones. A tal punto ha plantado rodilla el popular, que ni siquiera se revolvió cuando el líder de extrema derecha atacó los derechos humanos y de la infancia más elementales. Todo le vale a Moreno Bonilla con tal de aferrarse al poder.
El perfil bajo que mostró el popular evidencia la fragilidad de su gestión, que no pasa la prueba del algodón de una campaña electoral. Convencido de que todo cuanto diga será para empeorar, no para mejorar, el líder del PP andaluz ha optado por no pisar demasiados charcos mientras le cae el chaparrón. Es cierto que ha sido más valiente e inteligente de lo que fue su jefe, Alberto Núnez Feijóo, cuando en la campaña de las elecciones generales de 2023 rechazó acudir al debate de TVE, pero se le ven las costuras.
El lunes que viene tendrá lugar el debate en Canal Sur, que sigue celebrando los Martes Negros en protesta por la manipulación informativa a que tiene sometida a la televisión autonómica, la misma que contrata a dedo al jefe de prensa de Santiago Abascal. Quizás en este encuentro muestre una cara ligeramente diferente, más incisiva, en función de lo que le aconseje la demoscopia que maneja. Allí jugará ‘en casa’, pero precisamente por eso cabe esperar que la izquierda lo acorrale aún más con una realidad que está desbaratando la narrativa de hombre moderado y cada vez más lo revela como "Vox con sonrisa", como le espetó el candidato de Por Andalucía Antonio Maíllo.
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