Opinión
¡8-M 2026, felicidades a todas!

Por Marta Nebot
Periodista
Otro año más que cabalgamos, aunque sea menos juntas.
Ladran más y más furiosos. ¿Será que seguimos avanzando? ¿Será que nos ven imparables por las buenas? ¿Será que se han dado cuenta de que ya hemos cambiado irreversiblemente el mundo?
Lo confirmado es que los ultras crecen contra nosotras y cada vez están más envalentonados.
Enseñan los colmillos, gruñen, salivan, como perros rabiosos. Algunos amagan con morder. ¿Algún mordisco se les escapa? Dan miedo. No disimulan. Lo tienen clarísimo: son ellos contra nosotras.
El balance que hace el Ministerio de Igualdad dice que este año España ha alcanzado cifras récord de empleo femenino, con más de 10 millones de mujeres ocupadas; que la brecha salarial es la más baja de la serie histórica (15,7%); que la de género por trabajo a tiempo completo ha descendido hasta el 4,9%. Es decir, que cada vez somos menos las que sacrificamos nuestro trabajo por nuestro otro trabajo, cuidar. La brecha de las pensiones y de la conciliación también disminuyen. Y cada vez mandamos más: en 2025, el 47,6% de los altos cargos de la Administración General del Estado y el 40% de los puestos en los consejos de administración de las empresas del Ibex-35. Ya somos el 32% de la carrera diplomática. Se ha ratificado y aumentado el Pacto Nacional contra la Violencia de Género, 1.500 millones en total, con nuevos ejes (la violencia vicaria, la económica y la digital). Se han puesto más fondos y esfuerzos también para formar en igualdad de género en ámbitos cruciales y para que la sociedad civil se cuide y se proteja por sí misma, para que la igualdad siga avanzando aquí y en el mundo. La lista de medidas es larga. Vale la pena echarle un vistazo para valorar un ministerio que -por supuesto- no es perfecto pero nos da viento de cola, sigue consiguiendo cosas y, si las encuestas aciertan, tiene las horas contadas.
Lo que se ha hecho por la igualdad en estos años de gobiernos progresistas luce. Según el Índice Europeo de Igualdad de Género, nuestro país se sitúa en el cuarto puesto entre los Estados miembros de la UE, 7,5 puntos por encima de la media comunitaria; solo por detrás de Suecia, Países Bajos y Dinamarca, países con una tradición feminista ininterrumpida, sin 40 años de retroceso nacionalcatólico brutal.
Pero más allá de los números, los puestos y las medallas, lo que pasa es que a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió, gracias a nosotras. Lo hemos cambiado de pe a pa y en tiempo récord. Para verlo solo hay que hacer un poquito de memoria. Basta con tener una conversación con nuestras madres, con nuestras abuelas.
Y, sin embargo, ¡queda tanto por pelear!
Mucho, y para conseguir más, para seguir avanzando en igualdad real, tendríamos que poner en valor lo conseguido tanto para ellos como para nosotras. Hay que parar la guerra de sexos, porque no es real y la verdad está con nosotras.
Parar el péndulo, la reacción brutal de quienes han perdido poder con nuestras victorias, de los que se resisten a compartirlo y a admitir otra manera de ejercerlo, depende más que nunca de que seamos capaces de contar lo importantes y valiosos que son -para todos- los cambios que queremos, que exigimos y que, en parte, ya hemos conseguido.
Repito: el mundo ya es mejor, gracias a nosotras. La sociedad ya no digiere con facilidad los abusos de poder machistas en ninguno de los ámbitos: ni en el laboral, ni en las calles, ni en las casas... Las últimas denuncias demuestran que cada vez hay menos espacios de impunidad.
Y solo estamos en el principio: quedan tantas batallas... Según ONU Mujeres, solo el 14% de las mujeres y niñas del mundo viven en países con una sólida protección jurídica que garantiza sus derechos más fundamentales. Somos privilegiad@s.
Aquí, los hombres, los que se suman al feminismo o se contagian sin saberlo, están ampliando sus vidas. No se puede comparar que te quieran con que te teman. Sus relaciones personales no paran de mejorar. La grandeza del amor en igualdad tal vez no se puede contar pero se ve, se siente y se pega porque el respeto mutuo genera relaciones personales con lazos de mejor calidad, amores de dimensiones inalcanzables para los que no comparten intimidad de verdad. Tener compañera, en vez de mandada, criar hijos en vez de súbditos, cuidar -o hacerlo algo más- les acerca a una dimensión más real de la vida y a sus emociones. Cada vez que un hombre baña a su bebe, le da de comer a su padre o llora o se ríe con algo que le ha contado su hijo, su vida es más amplia. Podríamos decir que los hombres feministas son más civilizados porque cultivan la empatía. Estamos ensanchando la civilización. Lo que vamos consiguiendo para nosotras se va extendiendo entre el resto. Imaginemos el feminismo (iguales en derechos y obligaciones) aplicado en serio a las políticas sociales, a la política internacional... El respeto al derecho internacional es feminismo.
El socialismo parece estar de capa caída; no como nosotras. Paga sus tibiezas y sus errores. Nosotras todavía somos savia nueva.
Nuestra batalla está en su punto más álgido, quizá; particularmente en España, donde la ultraderecha no acaba de ganar, por más que amaga; como ya ha ocurrido en otros sitios con consecuencias espantosas.
En España resistimos, aunque estamos cansadas, doloridas, hartas... Los episodios de mordiscos de las últimas semanas... Están mordiendo y rugiendo fuera de la legalidad. Están tensionando la sociedad como nunca en esta democracia. Están jaleando a la jauría machirula.
Nosotras a lo nuestro. Nos vemos en la mani. Sigamos alimentando otra cosa, soplando vientos en las velas del mundo hacia direcciones más constructivas, hacia lugares mejores, hacia lo que sabemos y creemos de la vida.
Vamos bien, enhorabuena a tod@s. Gracias.
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