Opinión
Se acelera el siglo de China

Por Bruno Estrada
Economista
Mientras todo el planeta aguantaba la respiración con las maniobras imperiales de Trump y Netanyahu en Irán, varios miles de kilómetros más hacia el Este de la Ruta de la Seda estaba sucediendo algo que tal vez tenga mucha mayor transcendencia en las próximas décadas, y que sin embargo ha pasado completamente desapercibido: China aprobó el pasado 12 de marzo su XV Plan Quinquenal (2026-2030) con un objetivo claro, seguir modernizándose para convertirse en una potencia económica, tecnológica y militar en 2035.
Conviene recordar que el gobierno chino tiene por costumbre cumplir con alrededor del 80% de las metas de sus planes, a diferencia de la UE, donde después de un año y medio apenas se han puesto en marcha un 15% de las 383 recomendaciones recogidas en el Plan Draghi. Si hoy se habla del “milagro económico chino” es gracias al alto grado de cumplimiento de los anteriores planes quinquenales. El país ha pasado, en menos de cinco décadas, de una situación de pobreza y de extrema dependencia del sector rural a convertirse en la segunda nación más rica del mundo.
Hay que tener en cuenta que el actual sistema chino de planificación del desarrollo dista mucho de los sistemas de planificación centralizados soviéticos. Desde la aprobación de la Ley de Planificación Nacional de 2022 el Estado establece marcos estratégicos, y el mercado opera en ellos con una autonomía significativa. Este modelo de desarrollo conjuga planificación indicativa - sin duda más fuerte que la experiencia de planificación indicativa francesa que se desarrolló desde 1947 hasta los años sesenta, pero con la que tiene cierto paralelismo-, un marco legal robusto y una experimentación pragmática descentralizada. Por supuesto, en la mayor parte de los sectores no implica fijación de precios ni asignación directa de recursos.
La experiencia desarrollada por China en estos últimos años, desde su perspectiva, supondría una alternativa al falso dilema occidental entre intervencionismo ineficiente y fundamentalismo de mercado. El Partido Comunista Chino (PCCh) ha creado una estructura económica e institucional en la que el Estado y el mercado se complementan, admitiendo que a corto plazo el mercado es más eficiente que una intervención estatal centralizada en la asignación de recursos, pero que presenta graves limitaciones para movilizar inversiones hacia objetivos a largo plazo.
Los resultados son impactantes, en los últimos cuarenta años el gobierno chino ha sacado de la pobreza extrema (ingresos inferiores a 1,90 $ diarios) a 760 millones de personas según el Banco Mundial. Las políticas de transformación económica han logrado un crecimiento sostenido durante el último medio siglo, que ha hecho que la renta per cápita de China se haya multiplicado por treinta, con un incremento medio anual del 8,2%.
El XV Plan Quinquenal (2026-2030) supone una nueva fase en el proceso de ascenso del país en el mundo, para recuperar su antigua posición de Imperio del Centro. En las últimas décadas se ha convertido en la “fábrica del mundo”, pero ahora su voluntad, mediante una transición ordenada hacia industrias de mayor valor añadido, es competir, e incluso liderar, sectores y tecnologías clave. El Plan refleja dos grandes ideas:
La competencia sistémica con EEUU será larga y estructural, durará décadas y se decidirá en la carrera tecnológica. Debido a ello los conflictos geopolíticos se intensificaran, el déficit de gobernanza global aumentará y las cuestiones de seguridad ganarán peso. Pekín asume que la rivalidad con EEUU será un elemento determinante en el planeta, ya que las políticas estadounidenses de proteccionismo y hegemonismo suponen una grave amenaza.
China está preparada para afrontar este reto, respondiendo con una estrategia coherente, ambiciosa y respaldada por capacidades estatales e industriales difíciles de igualar. Pese a las incertidumbres globales provocadas por EEUU, China considera que podrá seguir avanzando en su proceso de desarrollo. Sus fortalezas (su capacidad de inversión, desarrollo tecnológico, capacidad industrial, estabilidad política, capacidad de coordinación política y la cantidad y calidad de sus recursos humanos) le permitirán superar sus actuales debilidades (estancamiento de la demanda interna, involución de precios, endeudamiento y declive demográfico).
Los cuatro instrumentos para conseguir esos objetivos son el nacionalismo tecnológico, la planificación estatal, la modernización industrial y la apertura internacional selectiva. Las seis prioridades estratégicas definidas en el XV Plan Quinquenal son:
1) Hacia la construcción de un nuevo orden internacional.
En primer lugar supone un cambio sustancial de la estrategia internacional de China, ya no se trata de integrarse en el sistema global, meta plenamente lograda, sino de configurar uno nuevo.
En un contexto "inestable y dominado por el unilateralismo", China busca ganar capacidad de acción y aumentar su influencia global. En este vacío en la gobernanza global el gobierno chino aspira aplicar su propio modelo, que combina financiación, desarrollo de infraestructuras y exportación tecnológica, con una menor exigencia política a sus socios de la que quiere imponer EE.UU, tal como ha plasmado Trump en su Estrategia de Seguridad Nacional.
En términos de soft power, China pretende proyectar una imagen "creíble, amable y respetable", presentándose como defensor del Sur Global, y utilizando estructuras multilaterales como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái para promover un orden multipolar.
Pero a la vez busca un cambio de sustancial en la red de países aliados que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda, en la que están Grecia, Portugal, Austria y Polonia. Además de grandes infraestructuras físicas que favorezcan el comercio con China, el nuevo y ambicioso objetivo es que los países miembros de esa Alianza, adopten tecnología y sistemas de gestión chinos que refuercen el liderazgo de Pekín, lo que permitirá ampliar su influencia política, económica y tecnológica.
2) Conseguir una mayor seguridad integral, tanto estratégico-militar como económica -alimentaria, energética y tecnológica.
En el terreno militar China dispone en la actualidad de 600 ojivas nucleares. Y la previsión del Pentágono es que llegue a las mil en 2030.
Para garantizar su seguridad alimentaria China apuesta por impulsar la agricultura inteligente, creando nuevas oportunidades en tecnología agrícola, gestión del agua, procesamiento de alimentos y genética agrícola.
En términos de seguridad energética el Plan apuesta generar energía a gran escala a partir de centrales nucleares y fuentes renovables (solar, eólica e hidráulica) en el norte y oeste del país, donde hay más recursos naturales disponibles.
La apuesta por la diversificación energética es una pieza clave en la estrategia de seguridad nacional, al reducir la dependencia de importaciones energéticas y la exposición a shocks externos, como ha pasado recientemente por el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz.
3) Lograr un crecimiento económico de alta calidad.
El Plan también busca consolidar a China como como una superpotencia tecnológica, autosuficiente y global, a través de un cambio estructural: dejar de competir por costes, dejando atrás su papel como fábrica de bienes de bajo valor añadido, y hacerlo por control tecnológico, ocupando posiciones centrales en las cadenas de valor, definiendo estándares industriales.
El objetivo es desplazar su modelo económico hacia sectores de alto valor añadido, como los minerales críticos, la energía solar y eólica, las baterías para vehículos eléctricos, los propios vehículos eléctricos, la fabricación avanzada, la maquinaria industrial de precisión y los drones comerciales.
Aunque eso no significa el abandono de los sectores tradicionales, como el acero o el cemento, y la industria petroquímica, electrónica y textil, que generan una gran cantidad de empleo. Para que China pueda mantener su competitividad frente a otros países emergentes con mano de obra más barata tendrá que hacer un gran esfuerzo de digitalización, automatización y robotización. Aunque el Plan también propone “ordenar la competencia” en alguno de esos sectores, limitando su capacidad productiva y promoviendo fusiones. Incluso contempla fondos para cerrar instalaciones obsoletas, siempre teniendo en cuenta la inestabilidad social que ello pueda generar.
4) Avanzar en una mayor autosuficiencia tecnológica.
Para acelerar esta transición el gobierno chino impulsara "nuevas fuerzas productivas de calidad", apostando por sectores y las tecnologías del futuro como la IA avanzada, la tecnología y computación cuántica, la biotecnología, biomedicina y bioingeniería, los materiales avanzados, el hidrógeno, la robótica humanoide y la industria y tecnología aeroespacial.
Pero esta prioridad estratégica se enfrenta a un grave límite externo, los cuellos de botella estratégicos. La guerra tecnológica con EEUU ha restringido el acceso de China a materiales y procesos claves para el desarrollo de la IA. El gobierno tiene perfectamente identificados los sectores donde todavía tiene una alta dependencia tecnológica de Occidente y que se podrían usar como elementos de presión en un potencial conflicto: semiconductores avanzados, equipos de fabricación de chips, software industrial y de automatización del diseño electrónico, chips específicos para la IA, motores aeronáuticos, instrumentación científica y médica avanzada, materiales de alta tecnología. En todos ellos China va a buscar la autosuficiencia en los próximos cinco años.
Por otro lado, la aplicación y difusión de la IA es una estrategia nacional e integral que abarca todos los sectores, desde la agricultura inteligente, la industria, los servicios, el transporte, la educación, la sanidad, los cuidados y el envejecimiento, el consumo y el comercio hasta la administración pública.
5) La transición energética como eje del nuevo modelo
El XV Plan integra por primera vez objetivos energéticos y de lucha contra el cambio climático en un mismo capítulo estratégico. Para 2030 el gobierno chino fija la reducción de las emisiones de GEI por unidad de PIB en un 17 %, así como elevar la cuota de energías no fósiles al 25 % del consumo total. Hay que recordar que China es el país que está gastando más recursos en reducir las emisiones de carbono.
Los avances tecnológicos desarrollados en los procesos de descarbonización de la economía tienen como finalidad situar a china en el corazón del motor industrial de este siglo. La electrificación masiva que del transporte, la industria y el consumo doméstico es el núcleo de esta transformación productiva.
Aunque el gobierno chino todavía tiene previsto mantener un alto volumen de energía eléctrica generada a partir de centrales térmicas basadas en carbón, tanto para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico y asegurar el suministro, como por razones estabilidad social, para proteger el empleo en las zonas mineras que están muy alejadas de las zonas costeras donde se concentra el desarrollo económico.
6) Fortalecer el mercado interno.
El Plan también identifica la debilidad estructural de China: la demanda interna sigue siendo insuficiente. Este es el talón de Aquiles del XV Plan Quinquenal, ya que impulsar el consumo interno exige reformas profundas –salarios, redistribución, Estado del bienestar– que lleva décadas posponiendo. Aunque, a diferencia del plan anterior, ahora el gobierno busca impulsar el consumo aumentando los ingresos, con subidas del salario mínimo, y ampliando la protección social, mejorando la cobertura sanitaria (la básica ya cubre a un 95% de la población), las pensiones o el acceso a servicios públicos.
Las tres grandes debilidades del Imperio del Centro son:
En términos coyunturales la crisis del mercado inmobiliario desatada en 2021, a partir de la crisis del mayor promotor inmobiliario del país Evergrande Group, que quebró tras reconocer una deuda de 300.000 $. Como consecuencia de ello otros muchos proyectos inmobiliarios colapsaron, con graves consecuencias para los ahorros de millones de ciudadanos que habían invertido en vivienda, y para los empleos de cientos de miles de trabajadores.
En términos más estructurales la transición demográfica es otro de los grandes retos. Se prevé una disminución de unos 30 millones de la población activa (15-59 años) durante el período del XV Plan. El envejecimiento poblacional, y la contracción de la fuerza laboral en edades centrales, plantean desafíos muy importantes para los sistemas de seguridad social y protección, el mercado laboral y las imprescindibles dinámicas de innovación.
Por último, pero no la menos importante, es la cuestión del incremento de la conflictividad laboral. La gestión autoritaria es la norma en las empresas chinas y la ausencia de sindicatos independientes y representativos priva a los trabajadores de canales eficaces para la resolución de conflictos, lo que les obliga a recurrir a formas de protesta cada vez más extremas, reflejo de las deficiencias estructurales de su sistema de relaciones laborales. En la mayor parte de las empresas los dirigentes sindicales son nombrados directamente por la empresa, lo que hace imposible que el sindicato represente verdaderamente los intereses de los trabajadores, dificultando la defensa de sus salarios y derechos laborales.
Si bien es cierto que en la actualidad la protesta social es inferior a la vivida en la primera década del siglo XXI, que alcanzó su cenit en el periodo 2010-2014, con la huelga de 40.000 trabajadores en la industria del calzado en Dongguan en 2014, y la huelga de 1.900 trabajadores en la fábrica de Honda en Foshan que se propagó por toda la cadena de suministros.
El estricto confinamiento por la pandemia del COVID-19 y la acción represora de las autoridades están detrás de esta menor movilización laboral. También es cierto que el gobierno reaccionó con una nueva legislación laboral, en 2008 se aprobaron la ley de Contratos Laborales, y la de Mediación de Disputas Laborales y Arbitraje. Y también hay que tener en cuenta que en la última década se han incrementado notablemente los recursos de la Policía Armada del Pueblo, una fuerza paramilitar que actúa en los conflictos sociales y que depende del PCCh y de la Comisión Militar Central.
No obstante, durante la primavera de 2025, según el China Labour Bolletin, se produjo un notable incremento de los conflictos laborales, contabilizándose cerca de un centenar tan solo en abril. La gran mayoría se sigue concentrando en la provincia de Guangdong, el motor de la economía china, y por primera vez están implicado a categorías tradicionalmente "más privilegiadas" de trabajadores, como docentes (Shandong) y sanitarios (hospital de Dongxin en Fuzhou).
Sectorialmente en torno a la mitad de los conflictos laborales se han producido en la construcción, pero también un elevado número en el sector electrónico (fábricas de Foxconn en Hengyang y Tayuan), la confección (Rockmoway Clothing en Ningbo), el automóvil (fábricas de BYD en Wuxi y Chengdu), y la química (fábrica de BASF en Donghai).
Este incremento de la conflictividad laboral indica que la tensión social está alcanzando umbrales críticos, mostrando las profundas contradicciones estructurales del sistema. Las autoridades chinas parecen encontrarse en una posición cada vez más compleja, obligadas a encontrar un equilibrio entre las exigencias del control social, y la necesidad de mantener una prosperidad y estabilidad económica que siga garantizando la legitimidad del régimen.



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