Opinión
El alimento de los asesinos machistas
Por David Bollero
Periodista
Andalucía suma una decena de asesinatos machistas en lo que va de año. En 24 horas hemos asistido a dos nuevos crímenes de violencia de género en la provincia de Málaga, en Antequera y Benahavís, si bien las pesquisas de éste último hacen pensar que podría no ser violencia de género. Un año más, esta Comunidad Autónoma lidera el lamentable ranking de terrorismo machista, que sólo en lo que va de 2026 ha superado ya la treintena, dejando huérfanos a una veintena de menores. Nunca se pone demasiado énfasis en esta auténtica lacra que Vox niega y pretende normalizar con la complicidad del PP.
El sistema falla. Es evidente. Cualquiera que haya vivido de cerca episodios de violencia de género lo ha podido comprobar. En primer lugar, siguen faltando medios en todos los niveles de la Administración; en segundo, es preciso modificar procedimientos y, en tercero, urge formar con perspectiva de género a las fuerzas del orden y a la judicatura.
Todas ellas son medidas aplicables a todo el territorio nacional, pero mirando específicamente a Andalucía, quizás convendría analizar a qué se debe que esta región sea la que acumula más asesinatos machistas, especialmente en los últimos años. No parece descabellado deducir que el discurso negacionista de Vox, entre cuyos cargos públicos aparecen condenados por violencia de género, tiene mucho que ver.
La ultraderecha lleva años banalizando con el terrorismo machista, tratando de destruir a cualquier colectivo que luche por el feminismo y preste apoyo a las mujeres víctimas de violencia de género. Los de Santiago Abascal han encontrado en el PP a su perfecto cómplice antes, incluso, de que fueran necesarios sus votos para gobernar. Hacer guiños al patriarcado que desprecia a la mujer ha formado parte de la estrategia del PP para captar votos en su rivalidad con la extrema derecha, como prueba el hecho de que el propio Juan Manuel Moreno Bonilla ni siquiera ejecutara la totalidad de lo presupuestado a combatir la violencia de género, tal y como denunció CCOO.
Asistir estos días al silencio de la mano derecha de presidente andaluz, Antonio Sanz, mientras es juzgado su amigo Gustavo Fuentes, exdirector de la productora ADM (principal proveedor de Canal Sur), acusado por acoso sexual continuado y acoso laboral, es otro granito de arena que contribuye a levantar esta montaña de odioso machismo. Escuchar a testigos en el juicio afirmar que la víctima "le tenía verdadero pánico" o que "me pidió que la despidiera porque se la quería follar y no pudo" y que nadie en la Junta de Andalucía salga al paso le remueve a uno las entrañas.
Días después de que Vox nombrara viceconsejero de Justicia a un exconsejero nacional de Falange Española que, además, quiso postularse como su candidato hace años, Moreno Bonilla visitaba al rey y declaraba que el gobierno de coalición con Vox marcha "de momento, sin tensiones". ¿Qué tensiones va a haber si hasta el momento el que se vendía como moderado no se ha opuesto a ninguna medida de Vox? No sólo eso, sino que ha firmado en el pacto acciones diseñadas a atacar a organizaciones que están combatiendo la lacra machista.
La medida 149 de este pacto de la vergüenza, que introduce en el gobierno andaluz por primera vez la Historia de nuestra democracia a una formación que antepone la sanguinaria dictadura franquista al actual Gobierno de España, especifica "el compromiso de revisar y, en su caso, derogar, cualquier disposición normativa, ente, organismo, subvenciones o ayudas públicas" que orbiten en lo que ellos consideren "leyes ideológicas". Este es el caso de la violencia de género, a la que los ultras siempre han calificado "ideología de género".
Todo indica que a Moreno Bonilla no le temblará la mano asestando este duro golpe a las organizaciones que sostienen a las víctimas, en todas sus formas, del terrorismo machista. En Andalucía, la gente buena sigue teniendo muy presentes los recortes salvajes que el popular asestó a las políticas feministas en su primera legislatura, plegándose a Vox, que ni siquiera estaba en el gobierno andaluz como ahora.
Si algo ha demostrado Moreno Bonilla, escudándose en su moderación impostada, es que sus hechos jamás acompañan a sus palabras. Ahora cuenta como aliado político imprescindible para gobernar la comunidad con más asesinos machistas a quien niega el problema estructural de la violencia de género. No parece, en modo alguno, la mejor base sobre la que combatir un terrorismo que, si se cometiera contra políticos o, incluso, rentistas, sería prioridad nacional y llenaría las calles más que la Roja.
Ante gobernantes de esta calaña, que todavía amplifican más las carencias de un sistema que debiera atajar el Gobierno de España, la sociedad civil debe reaccionar, de abajo a arriba. Cada chiste vejatorio, cada broma machista de mal gusto ha de ser reprobado. Todo cuanto alimenta a estos asesinos, cuando hace crecer a estos agresores machistas en todas sus terribles formas ha de ser suprimido de raíz.
El más mínimo gesto contra este patriarcado infame suma y ha de encaminarse a que ser machista avergüence. También suma el voto en contra de quien lo niega o normaliza, porque esto también engorda las panzas de odio a la mujer, de su cosificación, de su desprecio. Hemos perdido mucho por el camino, comenzando por la vida de centenares de mujeres y menores. Ser fascista, ser racista, lejos de ruborizar, ahora parece un motivo para presumir. Sucede lo mismo con ser machista o con atacar al feminismo. Dejemos sin hueco en nuestra sociedad a esa inmundicia.
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