Opinión
Almeida que estás en los cielos

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Menos mal que tenemos a José Luis Martínez-Almeida con mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Madrid, porque si no fuera por él, como saben, Maricarmen no podría volver a su casa y el Gobierno de coalición no habría aprobado los dos decretos de vivienda, uno que podría tener apoyos el viernes en el Congreso y el otro, con medidas de Sumar como el contrato indefinido de alquileres que exige el Sindicato de Inquilinas para detener la protesta y la acampada en la Puerta del Sol.
Todo este carajal lo tenía planeado el regidor capitalino mientras los rojos denunciábamos que no tomara medidas por los precios disparatados de venta y el alquiler de una vivienda o, incluso, de una habitación en Madrid; por la gentrificación de una ciudad a la que no reconoce ni la madre que la parió, o por no aplicar la ley de vivienda estatal (Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda), por la que el alcalde debería declarar la capital de España zona de mercado residencial tensionado. Así lo han hecho cerca de 300 municipios españoles en Catalunya, Euskadi, Asturias, Navarra o Galicia, pero Madrid, no, aunque tuviera que pasar por encima del cadáver de Isabel Díaz Ayuso, ya que las competencias de vivienda son de la Comunidad. El Ayuntamiento de Madrid estaba trabajando discretamente en el decreto(s) Maricarmen sin saberlo nosotras. Bendito Almeida, qué medalla más grande merece y qué rápido se la ha puesto.
¿Por qué creen ustedes que el consistorio madrileño ha esperado cinco años para ayudar a Maricarmen desde que a ella empezaron a llegarle las primeras advertencias de desahucio tras dar la razón a Urbagestión la Audiencia Provincial de Madrid en 2022 y despreciarla el Supremo con toda su cachaza habitual? Porque Almeida lo estaba planeando todo en silencio, por el bien de Maricarmen: el alcalde sabía que el lanzamiento del bicho de la casa habitada durante 70 años por una mujer que hoy tiene 87 tenía que ejecutarse para que las calles de toda España se llenaran de protestas y el clamor social obligara a los especuladores a negociar, como así fue. Sindicato de Inquilinas representando a Maricarmen, Urbagestión enfrente y, como mediador a petición de la empresa, el Ayuntamiento de Madrid, que envió a un responsable de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS Madrid). Es tan humilde Almeida que ni siquiera fue él mismo a negociar, aun sabiendo que las movilizaciones tenían a Urbagestión agarrada por los genitales.
Esta historia de final feliz para Maricarmen, que volverá a su casa en cuanto reciba el alta en el hospital donde permanece ingresada desde que la desahuciaron, no acababa aquí, ni mucho menos, que cuando el sabio Almeida se propone algo, no hay quien le pare. Gracias también a las protestas y acampadas por una vivienda digna y el fin de los desahucios que provocaron el caso Maricarmen o, más bien, gracias a que el alcalde Almeida se negó a hacer algo por ella desde 2022 para llevar la situación al límite y lograr el acuerdo -un visionario-, el Gobierno de coalición aprobó in extremis dos decretos de vivienda para intentar contentar a su socio de coalición, Sumar, y a todos los socios de la investidura, desde Junts a Podemos.
Dijo Aristóteles aquello tan certero de que "Quien es amigo de todos no es amigo de nadie" y es posible que la dupla del que debería haber sido un solo decreto que incluyera, entre otras medidas, los contratos indefinidos de alquiler a petición del Sindicato de Inquilinas, vía Sumar, se lleve definitivamente lo poquito que queda de concordia entre el PSOE y Sumar y/o entre las partes variadas de la izquierda alternativa. Veremos qué pasa este viernes en el Congreso con la votación por separado del dúo de decretos, porque Almeida ya está haciéndose a medida un Collar de la Orden de Isabel la Católica y el Partido Popular continúa celebrando las urgencias y el carajal normativo del Ejecutivo, mientra sigue pergeñando sus políticas pro-rentistas y pro-especuladores para aplicarlas en cuanto llegue a La Moncloa con Vox. Ya verán entonces qué risa la de Almeida y compañía.

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