Opinión
No, amiga, tú no te has inventado la rueda

Por Andrea Momoitio
Periodista y escritora
La ligereza con la que hoy tantas personas se nombran feministas es, sin duda, una alegría. Las compañeras que nos preceden nos han contado miles de veces lo complicado que era, hasta hace relativamente poco, decir en público: "Sí. Soy feminista". Lo cierto es que, últimamente, parecen haberse derribado algunos viejos estigmas y estereotipos. Ana Botín, por ejemplo, se nombra feminista y seguro que Paula Echevarria hoy no diría eso de "los extremos nunca son buenos ni para un lado ni para el otro". Dice Teresa Maldonado que una de las estrategias antifeministas más eficaces "consiste en presentar al feminismo no como el monstruo a batir, sino en postularse a sí mismos como cruzados del 'verdadero feminismo' (tergiversándolo todo). Esta reacción antifeminista representa una cierta victoria del propio feminismo: ya no les resulta rentable oponerse frontalmente a él". Confío en que las críticas a ese feminismo liberal o conservador, el del 1%, puedan convivir con la posibilidad de celebrar que, en algunos territorios, se ha logrado acercar el sentimiento feminista a muchas personas que vivían ajenas al tema. Los peligros, ahora, son otros.
Digo, y espero que no pase desapercibido, sentimiento feminista y digo tema. El feminismo se ha popularizado, sí. Algunas, lo temen. Otras, lo celebran. Las políticas feministas están presentes en las instituciones y, a pesar de los riesgos, no parece descabellado pensar que, por muchos retrocesos que vayamos a vivir, algunos logros son ya inquebrantables. En las manifestaciones cada vez somos más, mientras el movimiento feminista autónomo no acaba de fortalecerse al mismo ritmo. El sentimiento feminista, el tema, forma parte de nuestras conversaciones cotidianas y todas, en mayor o menos medida, nos creemos capacitadas y autorizadas para hablar en su nombre. Además, de alguna manera, el feminismo se ha profesionalizado.
Marta Brancas, historiadora y periodista, por ejemplo, criticaba en una entrevista que no existen puentes entre periodistas feministas y el movimiento autónomo: "El movimiento feminista sigue muy oculto y muy poco consultado como fuente". Señalaba, además, la falta de genealogía, de memoria. La activista Justa Montero decía que "el peso de lo académico" nos lleva a una aproximación más individual al feminismo: "Igual es verdad que tendríamos que darle otra vuelta y volver a promover en los propios grupos una cultura de producción de pensamiento colectivo. Fortalecería mucho al movimiento feminista organizado". Algunas voces muy reconocidas "dialogan más con el movimiento feminista y otras van a lo suyo. Pero sí que es un problema que el feminismo parezca una suma de individualidades. Hay que lograr que tengan legitimidad y visibilidad las voces de las mujeres que están en colectivos feministas, que impulsan las huelgas, las marchas, las campañas concretas". Mi compañera June Fernández analizaba las luces y sombras de "la popularización de celebrities e influencers feministas que tienen más visibilidad y capacidad de marcar discurso que la producción colectiva de conocimiento de los movimientos feministas autónomos" y del recelo con el que lo veía el movimiento feminista: "Desde mi punto de vista, no hay problema siempre que las caras visibles del feminismo estén en comunicación y colaboración con las organizaciones de base". Esto es importante ahora. ¿Para qué? Para evitar debates en falso.
Recuerdo a una activista donostiarra que, hace años, ardía en llamas al escuchar decir en una charla que "el feminismo es punitivista". Preguntaba, sin que nadie pudiera contestarle entonces, qué colectivo feminista, en qué manifiesto, había hecho una afirmación de ese estilo. Preguntaba y preguntaba: ¿Quién podía afirmar algo así? Aquella proclama, sin embargo, se sostenía, simplemente, en debates que empezaban a darse en redes sociales y en aportaciones individuales de alguna autora de moda. Me acordé mucho de ella, sulfurada, cuando Feministes per l’autodefensa publicaron el artículo El "feminismo punitivista" no existe.
El feminismo, el tema que nos ocupa, es una teoría de análisis y pensamiento que merece, como merecen todas, ser conocida y reconocida. Confío también en que esta crítica pueda convivir con la posibilidad de celebrar que, ahora, el pensamiento feminista sea más accesible. Pero no podemos caer en la tentación de creer que estamos inventando la rueda cada día ni sepultar, entre columna y columna, el pensamiento colectivo y las aportaciones de las autoras que nos han traído hasta aquí. No podemos ignorar cómo y quién ha construido este carro. Ni creer, por supuesto, que hemos sido nosotras quienes hemos inventado la rueda.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.