Opinión
Un año sin Kutxi
Por Juan Carlos Pérez y Nerea Fulgado
Activistas de La Comuna
Hace un año que nuestra compañera Kutxi marchó. Se nota su ausencia en todo. Se nota en las pequeñas cosas y en las grandes. Falta, sobre todo, su sonrisa. Falta su humanidad y su cariño.
Felisa Echegoyen fue una luchadora antifranquista, ecologista, anticapitalista, socia del Teatro del Barrio y activista de la educación, sanidad y tantas y tantas causas sociales. Era incansable porque ella creía en un mundo mejor, un mundo donde todos y todas pudiésemos vivir de manera digna. Su ausencia, en este otoño tan combativo se hace notar porque, probablemente, conociéndola, hubiese acampado en Sol y hubiese estado en primera línea en la manifestación por la vivienda y por la educación, y hubiese estado sonriendo y animando a todo el mundo a unirse a las mismas.
Kutxi comenzó muy pronto a militar contra la dictadura, y por ello fue torturada por Billy el Niño en la Dirección General de Seguridad (en la mismísima Puerta del Sol). Las que la conocemos, sabemos que eso le dejó huella, pero eso no le impidió que, años después, junto con su inseparable Chato, fuera una figura clave en recuperación de la memoria y la lucha contra la impunidad del franquismo. Nunca olvidaremos cuando frente al Tribunal Supremo y, sin que nadie lo esperara, pegó una fuerte patada a un muro de cartón que representaba la impunidad del franquismo, al grito de rompamos el muro de la impunidad. Tanto en La Comuna como en CEAQUA (Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina) fue un siempre, pese a todo, un rayo de luz y optimismo.
Sin embargo, no queremos simplemente quedarnos con una semblanza, sino que estas palabras sirvan para recordar algo: Kutxi, igual que muchas otras compañeras y compañeros luchadores por la memoria, han fallecido sin conseguir justicia. Los crímenes que sufrieron, sus torturas y la represión que sufrieron no han conllevado condenas para los victimarios. Porque, aunque Franco lleve casi 51 años muerto, las víctimas del franquismo, personas que arriesgaron su vida para que hoy tengamos democracia, siguen sin tener reconocimiento de los crímenes que sufrieron porque la Justicia sigue blindando la impunidad de los crímenes franquistas.
Kutxi puso una querella en los juzgados del Estado español relatando las torturas que sufrió y, es tal la impunidad que, como casi todas las que se han interpuesto, fue archivada alegando que los delitos habían prescrito.
La tortura es un crimen de lesa humanidad y no prescribe, pero en el caso de nuestro Estado parece ser que todo lo que pasase antes de la Ley de Amnistía del 77 se ha olvidado. Solo dos personas, de las más de cien querellas que se han puesto, han conseguido declarar frente a un juez por las torturas que sufrieron y, pese a eso, es lo más lejos que se ha podido llegar judicialmente.
Pero, si no se conseguía justicia en el Estado español, se podía intentar en Argentina y ahí también estuvo Kutxi implicada en los preparativos y las reuniones de CEAQUA para la Querella Argentina.
Por desgracia, el tiempo pasa, y Billy el Niño murió con todas sus medallas y su pensión durante la pandemia de COVID. Nunca fue realmente juzgado ni tuvo que pagar por sus crímenes, más que demostrados. Eso mismo pasa con Martín Villa. La justicia de España ha hecho todo lo posible para que los victimarios sigan estando tranquilos, pero también toda la administración pública y los partidos políticos gobernantes del Estado español.
Del PP sabemos lo que podemos esperar, pero es especialmente triste el papel del PSOE que, a pesar de hacer una Ley de Memoria Histórica primero y una Ley de Memoria Democrática después (que sigue, cuatro años después, sin desarrollo reglamentario, y no supone ningún avance para traer justicia a las víctimas). Las políticas de memoria del PSOE, pese a la buena voluntad que quieren transmitir, en realidad suponen unas actuaciones bastante más estéticas que efectivas. Kutxi, viendo el percal, seguramente les hubiese mandado a freír espárragos.
Este martes día 20, a las 19 horas, en el Teatro del Barrio (Calle Zurita número 20, Madrid) le rendimos homenaje como la amiga generosa, valiente, alegre y comprometida que fue. Porque nos sentimos huérfanos y huérfanas sin ella, pero creemos que, más allá de sentir pena por su partida, lo que tenemos que hacer es recordarla con una sonrisa y seguir luchando porque, si algo nos enseñó Kutxi, es que siempre hay que luchar para conseguir ese mundo digno para todos y todas.
Gracias Kuchi por todo lo que nos diste.
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