Entrevista a Roser Rius"La amnistía de 1977 fue una ley de punto final para borrarlo todo"
Entrevista a la activista antifranquista, que publica 'Memòria dibuixada. Presó de Yeserías (1974-1975)' sobre su experiencia en esta prisión al final de la dictadura.

Barcelona-
Hace 50 años de la muerte de Franco y en virtud del indulto decretado ese mismo 1975 fueron excarcelados varios activistas de izquierdas. En ese grupo estaba Roser Rius, de la trotskista Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que en octubre de 1974 había sido detenida y conducida a la Dirección General de Seguridad de Madrid. Tras permanecer allí 72 horas, durante las cuales fue sometida a todo tipo de vejaciones y torturas por parte del comisario Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, Rius ingresó en la prisión de Yeserías (Madrid), donde pasó 14 meses.
Hoy, cinco décadas más tarde, ha recogido en Memòria dibuixada. Presó de Yeserías (1974-1975) el dietario que hizo en aquel centro penitenciario. Un libro, editado por L'Avenç, en el que reúne 70 de los dibujos, cartas y reflexiones íntimas que enviaba a su compañero Martí, también encarcelado, a través de las cuales intentaba liberar la angustia y las inquietudes que experimentaba.
Su "libreta de prisión" constituye un testimonio punzante de la represión que tanto ella como otros militantes antifranquistas sufrieron en su lucha por conseguir un marco de derechos y libertades en los últimos años de la dictadura.
¿Qué le lleva a dibujar durante su paso por la prisión de Yeserías?
Era la manera que encontraba de expresar los sentimientos y emociones que vivía. Hay dibujos metafóricos, otros que reflejan situaciones más duras, algunos irónicos o los que me evadían de la soledad. Además, a diferencia de las cartas, los dibujos son más difíciles de interpretar, lo que me permitía esquivar la censura y que llegaran a Martí, mi compañero. La dirección del centro solo me prohibió uno, en el que aparece Lucía, amiga de militancia, en el momento en que queda en libertad. Supongo que no les gustó que detrás de ella se viera la prisión custodiada por dos guardias civiles.
"Los dibujos son más difíciles de interpretar, lo que me permitía esquivar la censura"
¿Ha recogido los más representativos de aquellos meses?
No lo tenía previsto. Pero a raíz de la querella que el colectivo La Comuna interpuso en 2009 por los abusos que sufrí en la Dirección General de la Policía en Madrid, Martí, Justa Montero y Ricard Martínez, excompañero de la LCR, me sugirieron que los recopilara en un libro. Aparecen 70 de los 100 que tenía archivados, junto con escritos y notas donde hablo de mi juventud, mis inicios en la militancia, mi familia y otros episodios que me han marcado a lo largo de la vida.
¿Qué criterio siguió en la selección?
La idea era ahorrarme los más escabrosos, pero también evitar que el libro fuera demasiado autorreferencial, por lo que doy voz a Lucía, a Eva y a otras compañeras. En general, reflejan temas tan variados como escenas carcelarias, contenidos escapistas u otros con los que liberaba las angustias que llevaba encima.
¿Se convirtieron en un medio terapéutico?
Me ayudaron a canalizar inquietudes, miedos, añoranzas y, mediante el surrealismo, narrar la represión sexual y política de la que éramos víctimas. A veces me daba cuenta después de haberlos terminado, cuando surgían figuras agresivas que representaban el anhelo de libertad, el rechazo a la Policía u otros mensajes que no podía verbalizar ni escribir con palabras.
"Mediante el surrealismo, los dibujos me ayudaron a narrar la represión sexual y política de la que éramos víctimas"
De las torturas que sufrió no aparece ninguna. ¿Por qué motivo?
He preferido guardármelas. Y eso que, antes de jubilarme, hice un dibujo en el que, sin premeditarlo, aparecían mis pies castigados por los maltratos que me habían infligido en los calabozos. Si algo me ha permitido dibujar, es escupir lo que tenía dentro.
De su etapa en Yeserías, ¿qué recuerda?
Quizá lo más doloroso fue el sentimiento de soledad, en comparación con los hombres de la LCR, a quienes se agrupó en módulos donde podían compartir momentos para debatir y actuar en bloque. Yo, en cambio, no coincidí con ninguna activista de mi organización; las demás, que en conjunto representábamos una cuarta parte de las reclusas, eran del Movimiento Comunista (MC), del Partido de los Trabajadores (PT) o del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).
¿Gestionaba la soledad con la evasión y con otras activistas?
Sí, pero también hice amistades que aún perduran y entre todas conseguimos presionar al centro para que cesaran las agresiones al resto de reclusas. Hay que decir que no siempre estuvimos de acuerdo. Ante la propuesta de impulsar una huelga de hambre en solidaridad con dos compañeras que estaban en celdas de castigo, no hubo el consenso que esperaba. Pero salvo ese momento, íbamos juntas tanto a la hora de trasladar las quejas como al organizar lecturas, debatir sobre la revolución soviética, participar en seminarios sobre pedagogía o cuando hicimos un ayuno por los últimos ejecutados del franquismo. Un episodio que vivimos con mucho dolor e impotencia.
"Vivimos con mucho dolor e impotencia las últimas ejecuciones del franquismo"
En este recorrido, ¿qué actitud tomó su familia?
He tenido mucha suerte. Además de una buena base educativa, nunca discutí con mis padres ni con ninguno de mis hermanos. Y eso que tenía uno del Opus Dei, de quien estoy convencida de que lo pasó mal con mi detención. Como decía mi padre: "Tengo nuevos hijos particulares, algunos de extrema derecha y otros de extrema izquierda". Pues ni siquiera esa circunstancia impidió que nos entendiéramos y nos respetáramos mucho.
Después de ser excarcelada, continúo militando. ¿No lo dudó en ningún momento?
Al contrario, la represión me hizo reafirmarme en mis ideas. Entré en el Comité Central de la LCR, y cuando volví a instalarme en Madrid con Martí, me impliqué en el movimiento de mujeres del barrio de Las Águilas, mientras veía cómo parte de la izquierda se acomodaba a la nueva etapa sin romper con el franquismo. Pero ni eso nos detuvo: conseguimos que nos legalizaran y nos presentamos a las elecciones dentro del Frente para la Unidad de los Trabajadores, el FUT.
"La represión me hizo reafirmarme en mis ideas"
Ya de nuevo en Catalunya, ¿ha podido conocer a otras personas represaliadas?
Mantengo muy buena relación con Carles Vallejo e Isabel Alonso, de l'Associació Catalana de Persones Ex-preses Polítiques del Franquisme, y asisto a las concentraciones que se organizan frente a la comisaría de Via Laietana con el objetivo de que el edificio se resignifique como un espacio de memoria. De hecho, hace poco participé allí ofreciendo mi testimonio.
¿Qué opina de esta iniciativa?
"Hay que exigir que la [jefatura] Via Laietana sea íntegramente un centro de interpretación del pasado"
Es clave para avanzar en el terreno de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. En la Dirección General de Seguridad no han puesto ninguna placa y en [la jefatura de] Via Laietana, aunque se colocó una inscripción, hay que exigir que el edificio sea íntegramente un centro de interpretación del pasado. También, con un grupo de activistas de Ca la Dona, planteamos lo mismo respecto a la antigua prisión de mujeres de la Trinitat, hoy amenazada de derribo. Salvar y resignificar estos espacios es fundamental, ya que la amnistía de 1977 fue una ley de punto final para borrarlo todo.

Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.