Opinión
'Antisanchismo sanchista' y el abismo del PSOE

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Se entienden el enfado y la frustración de la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, cuando ha pedido una reacción contundente al presidente, "un cambio profundo en el Gobierno" tras el goteo de detenciones e informes de la UCO –transformada, todo sea dicho, en sancta santorum de las conclusiones sobre culpabilidades– con presunta corrupción de ex altos dirigentes del PSOE y otros no tan altos, pero igualmente relacionados y -parece- pringados/as hasta el cuello. Si a eso se suman la gota china sobre la cabeza de Pedro Sánchez que suponen las denuncias por acoso sexual cometido por dirigentes del PSOE y/o de distintas administraciones con esta marca, de lo local a La Moncloa, la situación tiene que ser desesperante para Sumar, que ya pasó su viacrucis machista con Íñigo Errejón.
La también ministra de Trabajo ha pedido cambios, pero no elecciones, pues entiende, como todo el feminismo a la vez y en todas partes, que una alternativa con la ultraderecha negacionista de la violencia machista en el Gobierno junto a un PP entregado a sus postulados machistas, xenófobos y autoritarios es una opción aterradora para las mujeres; sí, aunque no lo crean, también para las anti-feministas, a las que los machistas no distinguen a la hora de asesinar, violar, abusar, mercantilizar o despreciar solo por el hecho de ser mujeres. Aquí no se escapa ninguna de ser -o haber sido- potencial víctima de un machista o misógino; ninguna, ni de Vox ni del MAGA ni de Patriots ni nazi ni monja se salva por pertenecer a esos clubes de testosterona dopaminada que son los partidos y las organizaciones de ultraderecha.
La crisis del PSOE y, de rebote, del Gobierno de coalición tiene una solución complicada... si es que hubiera alguna y si no se quieren dar más facilidades a que la extrema derecha obtenga mayor poder -si cabe- en este Estado nuestro, ya tan oscuro y anquilosado en muchas esquinas. Que la solución pasa por implicar en forma y fondo al feminismo en el derribo de estructuras de poder masculinizadas en la izquierda y la socialdemocracia lo sabemos desde hace décadas. ¿Cómo? Desconozco esa cuestión, tampoco me atañe directamente salvo en mi condición transversal de feminista militante, pero sí creo francamente que un cambio de Gobierno por profundo que sea y como pide Yolanda Díaz no resolvería un trance que lo es de estrategias masculinizadas en el PSOE y no de la composición de un Consejo de Ministros de coalición.
Esta plumilla ha hablado estos días con unos y otras de los dos partidos que conforman el Ejecutivo y solo ha podido constatar mucho enfado, desconcierto, sospechas, incertidumbre y una enorme desolación. Las denuncias se suceden, las dimisiones a regañadientes de los señalados, también; la búsqueda del máximo/a responsable de cada encubrimiento -más que de los propios acosos- se ha convertido en paranoia, la desconfianza y el recelo se extienden como una mancha de aceite tóxico entre los y las socialistas... Se habla de antisanchismo sanchista, porque no hay otra forma de llamar a la corriente de quienes, aun queriendo, reconocen no ver una alternativa factible al actual secretario general del PSOE que pudiera motivar un adelanto electoral mínimamente ilusionante.
La gestión presidencialista del PSOE, la epopeya de la llegada de Sánchez al poder contra todo pronóstico, su intención de repetir ¿en 2027? y la implosión de la estabilidad interna -siempre relativa- han frenado una posible sucesión exitosa del líder a corto y medio plazo. Desde 2018, no ha crecido una brizna de hierba alrededor de Pedro Sánchez gracias a esos ¿estrategas? hombres que lo han rodeado y al presidente mismo, por voluntad, a veces, y por necesidad, otras, justo es reconocerlo.
¿Es Pedro Sánchez el problema o es quien tiene la solución? ¿Podría la vicepresidenta María Jesús Montero ocupar la Presidencia del Gobierno hasta las elecciones y olvidarse de Andalucía, abriendo otro frente por el sur? ¿Y Yolanda Díaz, que ni siquiera es del PSOE, y no es candidata territorial? Mujeres para salvar a hombres, acantilados de cristal en situaciones imposibles, aunque ¿se puede descartar que ha habido dirigentes encubridoras de los acosos sexuales denunciados? ¿Quiénes son?
Señalamientos y propuestas de todo pelaje brotan con agitación estos días en el seno del Gobierno y de los dos partidos que lo conforman; también algunos socios de investidura opinan: los de izquierdas no quieren elecciones ni en pintura, la derecha del PNV se distancia del Gobierno cada vez más y a Junts ni se le espera, aunque la baza de los Presupuestos 2026 sería un alivio temporal, un parche, pero no una solución a una crisis existencial del PSOE. Al menos, unos PGE aprobados nada más terminar el parón parlamentario que han impuesto las navidades y el adelanto electoral en Extremadura permitirían a Sánchez ganar tiempo. En eso trabaja el Ejecutivo, dicen sus integrantes, pero todo parece poco cuando no hay consuelo y sí mucha culpa a cuestas.
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