Opinión
No al apoyo de la UE al genocidio, la ocupación y el apartheid de Israel en Gaza

En toda Europa se está pidiendo el fin del genocidio contra la población palestina de Gaza. Durante 16 meses, la gente ha salido a la calle, ha activado a los sindicatos, ha firmado cartas y peticiones, ha apoyado actividades de recaudación de fondos y ha construido campamentos universitarios para exigir justicia para las víctimas del genocidio y los crímenes de guerra y para que las décadas de brutal ocupación y apartheid de Israel contra la población palestina lleguen de una vez a su fin.
Pero hay una desconexión entre las conversaciones que tienen lugar en nuestros hogares, lugares de trabajo y escuelas y las que se producen en los salones del poder de la UE. Y esta brecha corre el riesgo de acentuarse.
El 24 de febrero, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE reciben en Bruselas a Gideon Sa'ar, ministro de Asuntos Exteriores de Israel, con motivo del Consejo de Asociación de la Unión Europea e Israel. Por primera vez en la historia de la UE, los ministros recibirán al representante de un Estado sobre cuyo primer ministro y exministro de Defensa pesan órdenes de detención de la Corte Penal Internacional.
En virtud del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel, este país goza de ciertos privilegios para acceder al mercado de la UE en el ámbito del comercio y la cooperación económica, así como a fondos de la UE para investigación y desarrollo, educación y cultura.
La reunión para debatir esta asociación de privilegio se celebra mientras la UE afronta un momento clave de su historia. En un momento en que el orden mundial se tambalea, el respeto del derecho internacional se desmorona y el nuevo presidente de Estados Unidos pide la deportación masiva de la población palestina de Gaza, los dirigentes europeos se enfrentan a una clara disyuntiva: ¿se dejarán pisotear y pisotearán los autoproclamados valores europeos, o tomarán por fin la bandera de los derechos humanos, el derecho internacional y el orden internacional basado en normas?
Todo lo que la UE y sus Estados miembros dicen defender —ya sea la prosperidad económica, la seguridad común o el respeto de los derechos humanos— exige hoy una postura clara y audaz. Ante el caos que reina en la escena mundial, los países de la UE tienen la oportunidad de marcar el camino, de reinventar la cooperación multilateral basada en valores que redunden en beneficio del interés común a nivel mundial. Esta oportunidad debe aprovecharse en todos los frentes.
La situación en el Territorio Palestino Ocupado (TPO) e Israel es una de las cuestiones importantes en las que la UE podría marcar la diferencia. El mundo ha sido testigo de cómo Israel ha cometido y sigue cometiendo genocidio contra la población palestina de Gaza, y lo hace en un contexto de décadas de ocupación ilegal y apartheid. Estas graves violaciones de los derechos humanos han sido ampliamente documentadas por Amnistía Internacional y muchas otras organizaciones.
Hace más de un año, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) ordenó a Israel que tomara medidas provisionales ante el riesgo de genocidio en Gaza. Estas órdenes se ignoraron flagrantemente. La Corte Penal Internacional emitió órdenes de detención contra el primer ministro israelí Netanyahu, entre otras personas, por cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La Asamblea General de las Naciones Unidas, siguiendo una opinión consultiva de la CIJ que concluía que la presencia de Israel en el TPO es ilegal, exigió por abrumadora mayoría el fin de la ocupación ilegal israelí del TPO. La situación es dolorosamente clara y el actual alto el fuego, provisional y frágil, no ha cambiado en lo fundamental.
Ante las escandalosas propuestas de deportar a la fuerza a la población palestina de Gaza y la asombrosa y constante impunidad de los crímenes cometidos, la UE debe dar por fin un paso al frente y hacer lo necesario para ayudar a poner fin al genocidio en Gaza y desmantelar el sistema de apartheid de Israel.
Los Estados miembros de la UE deben detener inmediatamente las transferencias de armas a Israel, prohibir el comercio con los asentamientos ilegales israelíes y garantizar la justicia y la rendición de cuentas por genocidio y otros crímenes de derecho internacional.
Estas acciones ayudarían a alejar a la comunidad internacional del abismo de atrocidades, impunidad y anarquía.
El próximo Consejo de Asociación de la Unión Europea e Israel es una oportunidad para cambiar por fin de rumbo. Los ministros de la UE se sentarán con el gobierno de un país que comete genocidio, viola constantemente el derecho internacional y somete a la población palestina al apartheid. El acuerdo de asociación es una buena herramienta para presionar, exigir responsabilidades a Israel y forzar el cambio. De hecho, el propio acuerdo de asociación estipula en su segundo artículo que la cooperación debe basarse en el respeto de los derechos humanos. La UE debe exigir a Israel medidas efectivas para mejorar en materia de derechos humanos, como respetar el alto el fuego en Gaza, poner fin al bloqueo de Gaza, acabar con la ocupación del Territorio Palestino Ocupado y desmantelar su sistema de opresión y dominación sobre la población palestina.
Este es el mensaje que quienes dirigen la UE deberían poner sobre la mesa en la cumbre entre la UE e Israel. De ese modo, demostrarían un verdadero liderazgo, el tipo de liderazgo que exige la ciudadanía europea.
No al comercio y a las inversiones en los asentamientos ilegales israelíes. No más armas a Israel. No más apoyo al apartheid. No en nuestro nombre.
No es momento de que Europa se autoproclame débil o se inflija a sí misma impotencia o vacilación, sino de que aproveche y utilice con confianza las herramientas y la influencia que permitan al bloque de la UE marcar una verdadera diferencia. El acuerdo de asociación con Israel es una de esas herramientas para marcar la diferencia en favor de las innumerables víctimas de violaciones de derechos humanos en el Territorio Palestino Ocupado e Israel. El liderazgo de la UE tiene el deber histórico, legal y moral de utilizarlo.
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