Opinión
Ayuso: la Inquisición va ganando a la Ilustración

Por Anibal Malvar
Periodista
No contenta con haber dejado morir sin asistencia médica a 7.291 ancianos durante la pandemia, nuestra adorada hidra de escasas cabezas, Isabel Díaz Ayuso, sale ahora a la caza del científico. Desigual combate entre la lírica y virginal Minerva y el monstruo feroz de aliento deletéreo y ático en Chamberí. Suele suceder que la más alta, pacifista y luminosa inteligencia sea asesinada con facilidad por cualquier palurdo con pistola, que es más o menos lo que está pasando hoy en Madrid.
La Comunidad de Madrid acaba de suspender las ayudas para investigadores que están cursando el doctorado. Muchos de ellos tendrán que renunciar a sus experimentos e indagaciones científicas, o marcharse al extranjero. Algunos se venderán a la empresa privada con sus proyectos e ideas, con lo que el dinero público invertido en su formación revertirá hacia los fabricantes de desigualdad. La mayoría buscará trabajos donde su capacitación académica vaya adelgazando por falta de uso, y ganarán seguramente más dinero, porque no hay nada peor pagado en este mundo occidental que un investigador o un docente. Habremos desperdiciado, como sociedad, un cerebro, bien muy escaso en los tiempos tanto pretéritos como actuales.
Las becas de estos hoy desheredados científicos eran de 25.000 euros brutos anuales, lo que en Madrid te permite pagar una habitación, el transporte y un par de bocatas diarios de chopped sin aceitunas. Ni se os ocurra tener un hijo, que no pensáis más que en follar. Tampoco soñéis con comprar libros científicos, que son carísimos y en las bibliotecas hay más demanda que oferta: aprended a piratearlos, porque no os dejan otra opción que delinquir para obtener saber. Cuando hayáis hecho vuestros trabajos, tendréis que pagar por publicar sus papers en revistas científicas, porque en caso contrario perdéis puntos y méritos. Olvidaos, por supuesto, de restaurantes, museos, cines y teatros con 25.000 euros brutos anuales en Madrid. Salvo que esos museos, restaurantes, cines y teatros os contraten de porteros en vuestras horas libres. Que ya sé que no tenéis horas libres.
El total de lo que ahorra Ayuso con este recorte son 29 millones de euros en cuatro años. Poco más de la mitad de lo que escondía Luis Bárcenas, tesorero del PP, en Suiza. Calderilla para nuestra derecha democrática, la de la Gürtel, la Lezo, la del extraño caso del olvidado Cristóbal Montoro, que vendía decisiones de todo un gobierno... Con 29 millones de euros no compras ni la campanilla de Rodrigo Rato.
Con esos 29 millones, quizá dentro de unos años, desarrollaríamos un medicamento para paliar la endometría o el sida o el cáncer, yo qué sé; o inventaríamos un modo de transporte totalmente ecológico; o un nuevo sistema político que nos permitiera convivir en paz. Esto desde el punto de vista woke.
Desde el punto de vista neocapitalista, la decadencia de Europa y EEUU se explica en gran parte en su escaso apoyo (cuando no desprecio) a la ciencia y la investigación. Si no me falla la memoria, China triplica en número de patentes anuales a la UE y EEUU (por separado). La investigación es poder financiero, y por eso hoy China está a punto de convertirse en la primera potencia económica mundial. Investigan más que disparan, por decirlo brevemente.
No hace nada, Huawei se comió a todas las grandes tecnológicas norteamericanas, que tuvieron que rogar a papá Estado que implementara políticas proteccionistas de dudosa legalidad para evitar que la industria china devorara su mercado interno.
Donald Trump, Javier Milei, Ayuso y todos estos ultrafachas que hoy florecen en todo el orbe niegan la ciencia, asfixian a las universidades y persiguen el saber. Son la prueba de que la Inquisición va venciendo a la Ilustración después de tantos siglos de lucha. No combaten el comunismo, como proclaman, sino el conocimiento. Son el retroceso del homo sapiens al erectus, en el sentido más machista, putero y viagrero del latinismo.
Lo que no acabo de entender es que todos estos sabios de todas estas universidades y colegios de tantos países no hayan decidido convocar un paro, un cierre, una detención global del derecho al conocimiento. Que devuelvan a los niños y adolescentes de todo Occidente a sus casas durante meses, sin colegio ni universidad, con una gran campaña divulgativa sabiamente (son sabios) diseñada. Los médicos no lo pueden hacer, porque moriría gente. Pero los investigadores y profesores, sí. No tienen nada que perder. Ya lo han perdido todo.
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