BORBOLANDIA
El Borbón que prohibió estudiar a las mujeres
Periodista y escritora
Me comprometí a seguir pasándole por aquí apuntes a Leo para que se ilustre sobre lo mucho que han luchado sus parientes Borbones contra el progreso educativo de este país. Creo que ella no lo ha estudiado y dudo mucho que vaya a estudiarlo, porque intentarán ahorrarle el mal trago de decirle que su familia era una banda de tarugos que, sin embargo, tuvieron el derecho de defenestrar a catedráticos y profesores. No hay necesidad de que la princesa esté al tanto de las pifias de su familia. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Leonor se aprovecha ahora de la universidad pública porque puede y porque eso refuerza su falsa pose de ciudadana normal, pero ignora, criaturita, que si alguien ha puesto zancadillas a que las mujeres estudiaran en este país han sido los suyos.
Confío en que al menos Leo se haya aprendido la lista de los Borbones y que sepa ponerla en orden, aunque no las tengo todas conmigo, pero, por si acaso, le vamos a presentar a uno de sus parientes: Alfonso XII, el gamberro adúltero y padre de su tatarabuelo; el impresentable que prohibió el acceso de las mujeres a la enseñanza superior, esa de la que ahora disfruta la muchacha con absoluta normalidad.
Las mujeres no tenían prohibido matricularse en la Universidad hasta que Alfonso XII les cerró el paso.
Las mujeres no tenían prohibido matricularse en la universidad hasta que Alfonso XII les cerró el paso. Bien es cierto que nunca se habían preocupado de prohibirlo porque a ninguna autoridad le pasó por la cabeza que las mujeres quisieran estudiar. Ese vacío legal fue el agujero por el que se colaron tres mujeres en la Universidad de Barcelona para estudiar Medicina en 1874 ante el absoluto desconcierto de las autoridades. Pudieron matricularse con autorización ministerial porque, por mucho que buscaron y rebuscaron las autoridades correspondientes (todos ellos señores, no hace falta insistir en ello), no encontraron la norma, reglamento o ley de Instrucción Pública que prohibiera a las mujeres estudiar una carrera.
Pese a lo extravagante de la situación, no se dio más importancia al asunto de aquellas tres jovencitas caprichosas que, seguro, no tardando mucho se aburrirían y abandonarían los estudios en el primer curso, o no tendrían capacidad para continuar o les llegaría el momento de casarse y tener que atender un hogar.
Pero los cursos iban pasando, las tres alumnas prosperaban con excelentes calificaciones, contaban con el apoyo de sus familias y acabaron ganándose con el tiempo las simpatías y el respeto de sus profesores y sus compañeros. Las autoridades empezaron a tener sudores fríos, porque corrió la voz y más mujeres se animaron, no solo a ir a la universidad, sino a matricularse en enseñanza secundaria para acceder luego a estudios superiores.
En 1878, cuando solo les faltaba un año para licenciarse a las tres estudiantes pioneras de Medicina, comenzaron los ataques y las zancadillas. En uno de los números de 1878 de la revista científica El Siglo Médico, se publicó lo siguiente: “No se hagan ilusiones las pretendidas médicas, y tengan por seguro que las de su mismo sexo serían las enemigas más temibles que tendrían. Así pues, les aconsejo que no dejen la aguja de la mano y sus múltiples labores; que no les faltarán camisas que planchar y calzoncillos que remendar, o hijos a los que prodigar sus cariñosos cuidados; y la que no se conforme con esto, puede coger el estropajo e irse a fregar, porque la mujer nunca servirá para ejercer la Medicina y mucho menos la cirugía”. Fin de la cita de este idiota.
En este país no entraba en la cabeza de las autoridades ultraconservadoras y con un Borbón en la Jefatura del Estado que las mujeres quisieran estudiar, pero mucho menos que pretendieran ejercer. Si las mujeres llegaran a ser abogadas, arquitectas, médicas, químicas, ingenieras… ¿quién se ocuparía de la casa? ¿quién de los hijos? ¿quién plancharía, cocinaría, lavaría…? Preguntas absolutamente estúpidas porque tienen una inmediata respuesta: el servicio. Todas las jovencitas que podían estudiar eran de la alta burguesía y, estudiaran o no, ni fregaban ni planchaban ni cuidaban de sus niños.
El problema con el que se encontraron las tres primeras médicas licenciadas (Elena Masseras, Dolors Aleu y Martina Castells) fue la negativa a darles fecha para leer sus tesis y poder doctorarse. Tuvieron que esperar casi cuatro años más que sus compañeros de promoción, pero lo consiguieron en 1882 Dolors y Martina. A Elena lograron aburrirla y se fue a estudiar Magisterio, que maestras sí las dejaban ser a las mujeres. A aquellas dos doctoras no pudieron pararlas, pero había que frenar a todas las que llegaban con la misma aspiración.
En aquel mismo año de 1882, el Real Consejo de Instrucción Pública informó de que, mediante una Real Orden, Alfonso XII “ha tenido a bien que las matriculadas hasta ahora se las autorice a doctorarse y al acceso de los distintos grados académicos, suspendiéndose en lo sucesivo la admisión de las señoras en la enseñanza superior”.
Lo que firmó el Borbón Alfonso XII en 1882 fue un portazo en todas las narices a las mujeres que quisieran matricularse en una universidad.
El Real Consejo de Instrucción Pública era el máximo órgano consultivo en materia de enseñanza, porque por entonces la educación no merecía un ministerio propio y dependía de Fomento. Cuando ese organismo cayó en manos del ultraconservador gobierno de Cánovas, el Real Consejo tuvo entre sus principales cometidos acabar con la libertad de cátedra, tumbar todo el ideario y las reformas del periodo progresista y frenar las corrientes de educación krausista que pretendían sacar a dios de la ciencia y la enseñanza.
Lo que firmó el Borbón Alfonso XII en 1882 fue un portazo en todas las narices a las mujeres que quisieran matricularse en una universidad. Dolors Aleu resistió y sacó su carrera pese a tener que ir acompañada por dos escoltas que contrató su padre para que no la agredieran… y en esto sí se parece Leonor, en que también llega con escoltas a la Uni, pero para que no la molesten.
Dolors Aleu pudo por fin leer su tesis y doctorarse, convirtiéndose en la primera médica de España que, además, ejerció. También se doctoró Martina Castells, aunque, en la ceremonia de entrega de sus títulos, el tribunal suprimió el tradicional abrazo con el que los examinadores felicitaban a los doctorandos. Les parecía indecoroso abrazar a una mujer para felicitarla. Los títulos y los abrazos eran solo cosa de hombres.
Hasta 1910 las mujeres en España no pudieron acceder a la Universidad en iguales condiciones que los hombres, sin trabas. A los más tramposos les gusta insistir en que fue gracias a un decreto del generoso Alfonso XIII. Respóndanles que si su padre, el mentecato de Alfonso XII, no hubiera prohibido estudiar a las mujeres, su hijo no tendría que haberlo autorizado.
Tenemos que admitir que no tenemos reyes ni princesas, tenemos fenómenos intelectuales que sacan carreras, cursos y cursillos empleando un diez por ciento del tiempo que emplean los demás.
Cuando el padre del tatarabuelo de Leonor prohibió estudiar a las mujeres, 500 ya eran médicas en Estados Unidos, 50 estaban matriculadas en la facultad de Medicina en Suiza, otras 225 mujeres matriculadas en varias carreras en Oxford… En España volvíamos a hundirnos en la negrura educativa, otra vez, gracias a los Borbones.
Queda claro que Alfonso XII estaba muy lejos de ser el rey moderno, europeo y preparado que propagaron. Solo era otro Borbón con los mismos defectos, las mismas carencias e idénticos vicios. Lo consideraron el primer “preparao”, y eso que no lo avalaba un expediente académico universitario como el que luce otro “preparao” que vino después: 19 sobresalientes y una matrícula de honor.
Tenemos que admitir que no tenemos reyes ni princesas, tenemos fenómenos intelectuales que sacan carreras, cursos y cursillos empleando un diez por ciento del tiempo que emplean los demás, sin la ayuda de nadie y con unas notas absolutamente prodigiosas. Ahí tienen a Leo, que solo se ha subido una vez a un caza, ha hecho un cursillo de unos meses y su padre le impuso en julio de 2026 la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco… Otros saldrán de la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier después de tres o cuatro o cinco años de carrera y no les van a dar ni una chapa de Fanta.
Ellos son Borbones, y los demás unos vulgares ciudadanos sin sus habilidades ni, mucho menos, sus prodigiosas capacidades intelectuales.
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