BORBOLANDIA
¡Los borbones a sus órdenes, mi general!

Periodista y escritora
Por mucho que se les seque la boca a algunos seudoprogresistas uniendo el apellido Borbón a la sagrada palabra democracia, no conseguirán engañarnos. Podrán repetir mil veces la mentira, pero no la convertirán por ello en verdad. Los borbones apoyaron al asesino Francisco Franco. Los Borbones reventaron de alegría el 18 de julio. Los Borbones se referían al sangriento golpe de Estado como “nuestra cruzada”. Los Borbones estuvieron de acuerdo con el criminal Emilio Mola cuando, al día siguiente del golpe, leyó en Pamplona su célebre bando de guerra: “El restablecimiento del principio de autoridad exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones. Hay que sembrar el terror (…) hay que dejar sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento y no procedemos con la máxima energía, no ganamos la partida. Todo aquel que ampare u oculte a un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”.
Y por no hablar en abstracto de “los Borbones”, señalemos nombres y parentesco: con el golpe de Estado y la represión que trajo, con los miles de fusilados, con la pérdida de derechos y libertades… con todo ello estuvieron de acuerdo el bisabuelo y el abuelo de Felipe VI. Y al igual que Alfonso XIII y Juan de Borbón se pusieron a las órdenes del dictador Franco, también se puso a su servicio y bajo su obediencia el convicto Juan Carlos, el padre del actual rey. ¿Por qué debería creer que Felipe VI es distinto a ellos?
En unas fechas como estas, cuando se recuerda la carnicería que trajeron a este país unos sublevados, hay que decir alto y claro que Felipe VI es uno de los suyos, no de los nuestros; no de los demócratas. Un rey espurio, procedente de una dinastía golpista y cuya actitud falsamente demócrata es eso, una farsa que se ve obligado a representar para mantener sus privilegios; un rey perteneciente a una casta servil y fascista que no aceptó la decisión soberana de un pueblo que reclamaba en los años treinta reformas sociales urgentes y que acudió legítimamente a las urnas para conseguirlas. Los borbones son y eran antidemócratas, y contribuyeron al desastre social y económico de España.
Que Felipe no tenga la desfachatez de pronunciar estos días la palabra democracia. Toda su familia, incluido él, ha estado contra ella
Hace 90 años que estaban emocionados con la sublevación, y que no dejaron de aplaudir las acciones y los crímenes rebeldes cada uno de los mil días de horror que duró la guerra; hace 90 años que se levantaban cada mañana con la ilusión de conocer los triunfos de los golpistas contra la democracia y los avances hacia el fascismo; hace casi 90 años que a los borbones les trajo sin cuidado los cientos de cadáveres con los que fueron rellenando la fosa de Pico Reja en Sevilla, las minas extremeñas y los pozos de Gran Canaria, a donde arrojaban a los fusilados para que se amontonaran o, en el caso canario, empujándolos vivos para que agonizaran en el fondo. En estos meses de hace 90 años sus católicas majestades celebraban la matanza de casi todo el pueblo de Constantina, el fusilamiento de los cien de Almonte aquella noche donde retumbaban los gritos de “¡Viva la virgen del Rocío” con cada descarga, los 4.000 asesinados en Badajoz, los otros 4.000 fusilados en Córdoba, la matanza de civiles en la carretera Málaga-Almería en el 37, la masacre durante el bombardeo del mercado de Alicante en el 38, la aniquilación de hombres en Sartaguda, en Navarra, para que el pueblo se recordara para los restos como “el de las viudas”… Hace 90 años que los malditos borbones solo tenían un objetivo: volver. Cayera quien cayera. Y si la vuelta la facilitaban unos militares criminales dispuestos a fusilar a todo el que no pensara como ellos, bienvenido fuera.
Así que… no, que Felipe no tenga la desfachatez de pronunciar estos días la palabra democracia. Toda su familia, incluido él, ha estado contra ella. Él solo se ha adaptado a su irremediable circunstancia, y solo porque los franquistas dejaron perfectamente organizada la transición. Felipe no estaría aquí si los españoles hubieran podido elegir. Qué cuajo hay que tener para vivir donde no te quieren y a costa de los que no te quieren. Ni siquiera la familia republicana de su mujer ha contribuido al blanqueo de una institución manchada por el absolutismo, la corrupción y, desde hace 90 años para acá, el crimen. Al contrario, la familia plebeya ha acabado empercudida. Qué triste paradoja que Francisco Rocasolano luchara por aquella democracia, por aquella República legítima y ganada en las urnas, y que su nieta haya preferido olvidarlo en cuanto pisó moqueta.
“Nuestra Cruzada continúa metódica y victoriosa”, escribía Alfonso XIII desde la suite del hotel de Roma donde vivió durante diez años con todo lo expoliado en España. Producto de ese expolio fue el millón de libras que le regaló a Franco para que matara más y mejor. Y no solo contribuyó económicamente; también presionó directamente a Mussolini para que enviara cuanto antes los aviones prometidos a Franco.
Alfonso XIII iba señalando los avances de los sublevados en un gran mapa de España que tenía clavado en sus regios aposentos, y estallaba de júbilo con cada éxito
Se impone recordar en este instante esa falacia que recogen historiadores cortesanos, periodistas mentirosos y hasta la embustera IA, que repiten hasta la saciedad aquellas farsantes palabras de Alfonso XIII en su carta de despedida en abril de 1931 cuando las urnas lo echaron del país (igual que hoy echarían a su bisnieto si nos dejaran votar): “Quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil”. Señor majestad Felipe VI, ya que no se lo puedo decir al play boy de su bisabuelo, se lo digo a usted: ¡Y un mojón! Alfonso XIII contribuyó todo lo que pudo y más a una guerra en la que se puso del lado de los asesinos.
Alfonso XIII, que disfrutaba jugando a la guerra desde que empezó liándola en Marruecos a principios del siglo XX siendo solo un joven irreflexivo y caprichoso, iba señalando los avances de los sublevados en un gran mapa de España que tenía clavado en sus regios aposentos, y estallaba de júbilo con cada éxito: “Todos tenemos que ayudar al movimiento de salvación de España. ¡Quién pudiera estar con vosotros!”, le escribió al general Alfredo Kindelán. Deseaba Alfonso XIII poder disparar a españoles con sus propias manos, como también aspiraba a ello su hijo, el príncipe de Asturias, Juan de Borbón, que el mismísimo 18 de julio de 1936 andaba nerviosito perdido cerca de la frontera con Francia pidiendo paso para entrar a matar. Y su hermano sordo, Jaime, también emocionado por unirse a la cruzada de Franco y los Borbones, pero Alfonso XIII no se lo permitió alegando, más o menos, que no se enteraría por dónde le vendrían los tiros.
Juan acabó pasando a España clandestinamente con el nombre de Juan López. Este joven de 23 años era ansia viva por disparar contra los españoles que no pensaran como él, y no dejó de dar la turra en los primeros meses escribiendo a oficiales y al mismísimo Franco para que le dejaran matar a alguno. Cuando el abuelo golpista de Felipe VI supo que el crucero “Baleares” iba a hacerse a la mar, rogó a Franco en una carta fechada en diciembre de 1936 que le permitiera embarcarse para “prestar algún servicio útil”. Y ya creo que lo hubiera prestado, porque el “Baleares” fue el que participó junto con el “Canarias” y el “Almirante Cervera” en el asesinato de miles de civiles durante la Huía (Desbandá la llamaron los sublevados) por la carretera de Málaga a Almería. Cuánto hubiera disfrutado Juan firmando alguno de los 5.000 asesinatos perpetrados a las órdenes de cualquiera de los oficiales rebeldes que comandaron aquel crimen: Francisco Bastarreche y los hermanos Francisco y Salvador Moreno Fernández.
Aquella carta la despedía Juan de Borbón diciéndole a su admirado Franco: “Con mis votos más fervientes porque Dios le ayude en la noble empresa de salvar a España, le ruego acepte el testimonio del respeto con que se reitera a sus órdenes y muy afectuosamente, Juan de Borbón”. Chúpate esa, Felipe. Ahí tienes cómo se trataban tus dos abuelos ideológicos: el biológico y el putativo.
Juan Carlos ha sido hasta ahora el único de la familia que, sin quererlo, ha matado de un disparo a otro español, pero porque él, además, es idiota
Tampoco le permitió el dictador a “Juan López” su participación en el crimen de la carretera Malaga-Almería, y lo trampeó excusándole por el importante lugar que ocupaba “en el orden dinástico”. Qué ilu, debió de exclamar Juan… mi guía cuenta conmigo en un futuro.
En resumen, que Alfonso XIII le dijo a Franco que le hubiera gustado matar compatriotas que no pensaban como ellos, pero, la verdad, sus monterías en República Checa, sus veraneos en Austria y sus novias no le dejaban tiempo; Juan lo intentó con ahínco, pero no pudo meterle ni un cañonazo a un español. Juan Carlos, en cambio, ha sido hasta ahora el único de la familia que, sin quererlo, ha matado de un disparo a otro español, pero porque él, además, es idiota.
Los borbones son mansos fáciles de pastorear, y la prueba está en que, por mucho que humillaran ante su líder llamándole “Mi respetado General”, “Excelentísimo Sr. General”, “Vuestra Excelencia”… Franco sentía un manifiesto desprecio por ellos que no se molestó en disimular: “Si el momento de la restauración llegara, la nueva monarquía tendría que ser, desde luego, muy distinta a la que cayo el 14 de abril de 1931; distinta o diferente en el contenido y, aunque nos duela a muchos, pero hay que atenerse a la realidad, hasta en la persona que la encarne”. Así se explicaba el dictador el 18 de julio de 1937 en el diario ABC de Sevilla. Un sopapo a Alfonso XIII en toda regla. Le costó al Borbón, pero después de unos cuantos sopapos más acabó reconociendo que Franco “me ha traicionado y engañado a cada paso”.
Bien es cierto que hasta ahora ningún Borbón ha destacado por sus dotes intelectuales, pero lo de Alfonso XIII roza la estupidez. Proclamar desde Roma que se sentía “falangista de primera hora” para que a Franco le llegara su apoyo entusiasta demostraba que era un necio que hablaba por no callar. Los falangistas son republicanos, so cenutrio, ¿o no estabas informado del famoso discurso de José Antonio Primo de Rivera en 1935?: “Nosotros entendemos que la monarquía española cumplió su ciclo, se quedó sin sustancia y se desprendió, como cáscara muerta, el 14 de abril de 1931. (…) una institución que reputamos gloriosamente fenecida”. En fin… que la ignorancia es la madre del atrevimiento.
El dictador no dejó de menoscabar la dignidad de Alfonso XIII, y en cuanto una angina de pecho se lo llevó a criar malvas, Franco pasó a menoscabar la de su hijo
El dictador, ya instalado en el trono de su dictadura, no dejó de menoscabar la dignidad de Alfonso XIII, y en cuanto una angina de pecho se lo llevó a criar malvas, Franco pasó a menoscabar la de su hijo. Juan se impacientó por pillar reino en cuanto los aliados derrotaron al Tercer Reich, midió mal sus nulas fuerzas y exigió la restauración de su Casa en la Jefatura del Estado. Lo único que faltaba para tocarle las narices a Franco.
Alberto Martín-Artajo, de la Asociación Católica de Propagandistas, aconsejó al dictador en 1945, según relata en su libro El precio del trono Pilar Urbano, “dar al régimen una envergadura ‘más católica y menos falangista’; soltar lastre fascista de símbolos, uniformes, himnos y saludos, porque es lo que más desagrada a los gobiernos aliados, e ir a la restauración monárquica pronto y de modo visible”. Demoledora respuesta del dictador: “Que España sea un reino no implica necesariamente el retorno de los Borbones: hay otras ramas y hay otros príncipes con posibilidades”. Que Felipe VI deje de manosear la palabra democracia. El 18 de julio de 1936 los Borbones, su casta, estuvieron en la banda de los asesinos
Y venga sopapos…
Me pregunto muchas veces si, además de disfrazarse de los tres ejércitos, subirse y bajarse de tanques, cazas y buques-escuelas, los borbones, incluida la última que nos ha caído en la lotería, Leonor, han estudiado la calamitosa historia de su familia y el rastro de indecencias que la jalonan. Franco los conocía bien. A todos, y por eso los desdeñaba y decía que la “monarquía debería ser electiva, y no hereditaria”. Tiene mucha guasa oír a Franco hablar de elegir a alguien.
Tal y como Franco debía verlo, nadie tendría derecho a señalarle como jefe de Estado ilegítimo viniendo de dónde venimos, con una dinastía lujuriosa repleta de bastardos. “No puede ser padre de un rey el último hombre con quien se acueste la reina”, decía el dictador refiriéndose a Isabel II y su bastardo Alfonso XII.
Y se cebó aún más con la prole de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, tal y como recoge en su libro “Franco y los católicos” el historiador Javier Tusell: “Habría que ver si es o no es apto para reinar todo lo que salga del vientre de una reina: Don Alfonso, hemofílico; Don Jaime, sordomudo; Don Gonzalo, hemofílico también; Don Juan, prometía, pero… carece de voluntad y de carácter, está manejado por sus consejeros. No lo veo idóneo”.
Y tan inapropiado como lo era Juan para Franco, ha demostrado serlo Juan Carlos para el conjunto de España, como inapropiado es Felipe e inapropiada será Leonor al proceder de una instauración ilegítima decidida por un sublevado que trajo el horror a este país hace 90 años en medio de la cerrada ovación de los Borbones.
Que Felipe VI deje de manosear la palabra democracia. El 18 de julio de 1936 los Borbones, su casta, estuvieron en la banda de los asesinos. Y esa memoria no nos la van a borrar.



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