Entrevista a Arancha González Laya, exministra de Exteriores"Europa tiene que proyectar poder de disuasión porque si no seremos vasallos de otros"
La actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París y exministra de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Pedro Sánchez atiende a Público en esta entrevista con motivo de la publicación de su nuevo libro, Solos en el mundo (Arpa, 2026).

Han pasado justo cinco años desde que dejó de formar parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Fue ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación desde enero de 2020, en los comienzos del primer Ejecutivo de coalición progresista. El presidente la sustituyó por José Manuel Albares en julio de 2021 en un contexto de crisis diplomática con Marruecos. Actualmente es la decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París y antes de su paso por el Gobierno había desarrollado ya una amplia carrera profesional trabajando en instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Comisión Europea o la ONU. Arancha González Laya (San Sebastián, 1969) acaba de publicar un nuevo libro titulado Solos en el mundo (Arpa, 2026). En él realiza un análisis geopolítico de la situación actual que vive Europa y su relación con otras potencias. Atiende a Público en esta entrevista para hablar de esta publicación y otras cuestiones de actualidad.

Nada más comenzar el libro hay un par de frases que llaman ya bastante la atención. "Occidente ha muerto. Europa está sola". Uno lee esto y se pregunta si tenemos tantos motivos para estar preocupados por lo que está pasando.
Yo creo que tenemos que ser muy lúcidos. Las bases sobre las que se asentaba nuestro proyecto, el proyecto europeo y esas certezas de las últimas ocho décadas, se están fracturando. Se está fracturando un orden internacional basado en reglas. Vemos cómo la fuerza está en muchos lugares sustituyendo a la regla. El comercio internacional que se entendía que era beneficioso para todos ahora se está arsenalizando. Las fronteras internacionales de los países, que eran sacrosantas, se están redefiniendo. Todas esas certezas sobre las que nosotros asentábamos nuestro proyecto europeo se están volviendo muy frágiles y eso nos interpela a nosotros como europeos. ¿Cuál es nuestro proyecto de futuro? ¿Qué es lo que queremos nosotros para nuestro futuro? ¿Queremos escribirlo nosotros? En ese caso necesitamos más unión y más unidad o dejaremos que lo escriban otros, en cuyo caso seremos vasallos de otros. Ese es un poco el sentido de estas palabras un poco quizás chocantes. Pero a veces hay que explicar con toda crudeza dónde estamos para a partir de un diagnóstico pasar a la acción.
"Se está fracturando un orden internacional basado en reglas"
Dice que una de sus intenciones con el libro es "despertar esperanza e invitar al activismo europeísta". ¿Cree que la ciudadanía es consciente de todo esto?
Si atendemos a las encuestas de opinión, los españoles somos unos de los más europeístas de la Unión Europea (UE). Pero lo somos quizás porque tenemos muy reciente nuestra entrada en ella y aquello significó dejar una dictadura para entrar en un espacio democrático. Eso todavía lo tenemos fresco. Pero yo echo mucho de menos el que debatamos de Europa, el que discutamos de Europa, el que hablemos qué significa ser europeos hoy y qué significa que nosotros queramos tener un futuro en la UE y qué futuro queremos. Y este es el sentido del libro Solos en el mundo que he publicado. Es un intento modesto y humilde de contribuir a lo que yo creo que es necesario hoy, un debate público ciudadano en España sobre qué significa para nosotros la UE y qué UE queremos. Porque también tenemos nuestra capacidad de decisión y la capacidad de influir en qué tipo de UE queremos a futuro.
Sin querer entrar mucho en las tripas del libro, el primer capítulo es una distopía que nos sitúa en 2049. Se llama ¿Cómo se jodió Europa? y sitúa una fecha clave que es la hipotética entrada de las tropas rusas en Kiev, la capital de Ucrania. ¿Ve un riesgo real de que esto llegue a pasar? No sé si tiene la sensación de que la guerra de Rusia contra Ucrania está en un segundo plano informativo y social.
Para nosotros, los europeos, esta es la cuestión existencial. Lo es porque lo que hay de fondo en la invasión rusa de Ucrania es el que un país pueda decidir rediseñar las fronteras internacionales de otro país. Y que en el corazón de Europa se pueda poner en cuestión la soberanía, la independencia y la libertad de un país. Esa es la razón última por la cual la cuestión ucraniana es una cuestión existencial para nosotros los europeos. Este primer capítulo no es una predicción de futuro, es una distopía. Pero esta distopía la tuve que reescribir tres veces porque a medida que pasaba el tiempo se convertía en realidad. He querido escribir una distopía porque quizás esto que nosotros pensamos que es inimaginable en el futuro puede ocurrir. Entonces es un poco una manera de anticipar lo que podría ocurrir para que nos hagamos cargo de en qué podríamos convertirnos nosotros los europeos. Podríamos ser un accidente de la historia. Somos un ser mortal. Nosotros, la Unión Europea, somos mortales. Somos jóvenes y mortales. Y por lo tanto pensemos cuánto tenemos que hacer hoy si queremos vivir mucho y bien.
"Lo que hay de fondo en la invasión rusa de Ucrania es el que un país pueda decidir rediseñar las fronteras internacionales de otro país"
En esa distopía narra también cómo las bases de Rota y Morón fueron abandonadas. Donald Trump realmente ha amagado ya verbalmente con abandonarlas. ¿Puede pasar? ¿Qué supondría eso?
De momento, lo que vemos del presidente Trump es que dice una cosa y hace otra cosa. Y hace cosas que dijo que nunca iba a hacer. Hay una constante contradicción y todos los países tienen que gestionar de alguna manera esta contradicción. Yo creo que si nos atenemos a lo que está ocurriendo en las bases de Rota y de Morón no parece que Estados Unidos tenga interés en dejarlas ni reducir su presencia o su importancia. Hemos visto con el conflicto en Oriente Próximo cómo se convierten en un espacio particularmente apreciado para el ejército estadounidense. Pero no podemos dar nada por descontado porque tampoco pensábamos que Estados Unidos iba a atacar a Irán. Ya sabíamos que Estados Unidos sabía lo difícil que sería atacar a Irán dadas las cartas que Irán tenía, incluido el Estrecho de Ormuz. Y ha ocurrido. Para nosotros los europeos y los españoles la pregunta fundamental no es qué van a hacer los Estados Unidos, ni qué quiere Donald Trump, ni cómo se imagina Estados Unidos su futuro. La pregunta es cómo nos lo imaginamos nosotros y qué queremos hacer para que nuestro futuro sea un poco más cierto, un poco menos impredecible y un poquito menos transaccional.
"Lo que vemos del presidente Trump es que dice una cosa y hace otra cosa y hace cosas que dijo que nunca iba a hacer"
Hace una semana se celebró la cumbre de la OTAN. ¿En qué momento está la organización?
Creo que la organización del Tratado del Atlántico Norte, que esto es la OTAN, este espacio de seguridad compartida entre Europa, Estados Unidos y Canadá, está en un periodo de transición. En este periodo Estados Unidos va reduciendo su compromiso con la Alianza y los europeos aumentamos nuestro compromiso con ella. Eso es importante, que nosotros los europeos nos hagamos más cargo de nuestra seguridad y que tengamos más que decir también en esa alianza. Creo que lo estamos diciendo y lo estamos haciendo. Estamos embarcándonos en proyectos que nosotros diseñamos como por ejemplo un proyecto de proyección de fuerza en el Ártico. Este es un espacio, este ángulo muerto de alguna manera hasta ahora, donde entendemos que está mucho en juego desde el punto de vista de la defensa pero también desde la economía.
Ahora bien, más responsabilidades de Europa en la OTAN y menos compromiso de Estados Unidos en la OTAN significa que las decisiones tendrán que ser un poco más equilibradas y que no bastará solamente con que Estados Unidos ponga condiciones sobre la mesa. Tendremos que discutirlas y debatirlas como creo que hemos empezado a hacer, como creo que España ha empezado a hacer cuestionando, por ejemplo, el que el gasto en defensa de la Alianza tenga que alcanzar este 5% de la riqueza nacional sin haber realmente analizado si esto es necesario o no para la defensa del continente europeo.
"La OTAN está en un periodo de transición"
¿Se puede aumentar el gasto militar sin que se vea perjudicado el Estado del bienestar? Es la máxima que defiende ahora el Gobierno de Pedro Sánchez. "Sin seguridad no hay bienestar", escribe usted también en el libro.
Se puede hacer y se está haciendo. Creo que es importante no contraponer bienestar y seguridad. La seguridad es una garantía del bienestar y sin bienestar no habrá seguridad. Tenemos que hacer las dos cosas. Ahora bien, hay que hacer las dos en las proporciones que las requieren. Ahora mismo las proporciones son del orden del 40, 50 o 60% del gasto en bienestar y del orden del dos y pico en el gasto de defensa. Son órdenes de una magnitud que se pueden sostener perfectamente. Yo lo que digo es que este gasto en defensa, que es importante, tiene que ser discutido y debatido con los ciudadanos. Tiene que serlo porque detrás de ese gasto en defensa hay también una postura y una convicción. En una democracia importa tanto la fuerza de la capacidad de disuasión de las armas como la fortaleza del ciudadano convencido de su postura frente a quien quiera atacarle. Eso también nos da fortaleza. Por eso creo que el gasto en defensa tiene que ser debatido. Yo también con este libro y con el debate que se está suscitando quiero contribuir a ello porque creo que somos más fuertes también si somos conscientes de por qué estamos aumentando el gasto de defensa. No si lo hacemos a hurtadillas sino si somos todos conscientes y coherentes de que eso es también la garantía de que seremos libres y soberanos para decidir qué queremos de nuestro futuro.
"Este gasto en defensa tiene que ser discutido y debatido con los ciudadanos"
Hay una parte de la izquierda social y política, incluso en los socios del PSOE en el Gobierno, que es muy reacia a cualquier aumento del gasto militar. Uno de sus argumentos es que que hacerlo genera miedo en la población. ¿Cómo se convence a esa gente lo que defiende?
Para mí aumentar el gasto de defensa no significa convertirnos en una máquina belicista. No, la Unión Europea no es una máquina de guerra. La Unión Europea es un proyecto de paz y nosotros hemos suscrito este proyecto de paz. Pero lo cierto es que hoy el mundo en el que nosotros imaginábamos este proyecto de paz ha cambiado. Para ser capaces hoy de defender nuestro proyecto de paz tenemos que tener una capacidad de disuasión. No de atacar sino de tener una fortaleza defensiva que haga pensárselo dos veces a quien quiera atacarnos porque sabe que seremos más fuertes que ellos. Y esto no es hipotético.
Ya nos están atacando y también tenemos que ser conscientes de ello. No nos están atacando en el campo de batalla. Eso está ocurriendo en Ucrania, no en la Unión Europea. Pero sí están atacando nuestras infraestructuras energéticas, nuestras ciberinfraestructuras, están cortando las tuberías por las que pasan los datos y la energía en el Mar Báltico y estamos viendo un incremento de la injerencia extranjera en nuestro espacio informacional. Esos son ataques a nuestra democracia. Tenemos que ser lúcidos. No a una Europa belicista pero sí a una Europa con capacidad de proyectar poder de disuasión porque si no seremos vasallos de otros. Yo no quiero para la Unión Europea ni para España ser vasallos ni de Estados Unidos, ni de Rusia, ni ciertamente de China.
"Aumentar el gasto de defensa no significa convertirnos en una máquina belicista"
Dice en el libro que con Trump "hay que sentarse con una pistola cargada en la mesa de negociación". ¿Lo está haciendo bien la UE a nivel comercial con EEUU?
Lo está haciendo como puede hacerlo porque la Unión Europea tiene que hacer dos cosas a la vez y es complicado. Primero tiene que ser capaz de plantarle cara a las peticiones a veces bastante excesivas por parte de Donald Trump. Pero por otra parte tiene que ser consciente de la importancia de una relación transatlántica que va mucho más allá de una relación con una administración actual. Son unas relaciones económicas, comerciales, sociales, culturales o deportivas que vemos todos los días. Tenemos que navegar esas aguas que no son cómodas. A mí me hubiera gustado que la Unión Europea hubiese mostrado un poquito más los dientes. Finalmente ha tenido que hacerlo.
Al inicio quisimos ser más conciliadores pero a medida que avanzaban los meses vimos cómo, por ejemplo, Trump pedía apropiarse de Groenlandia. Y ahí es donde ya entendimos que a un matón no se le apacigua sino que tienes que establecer una relación de fuerza. No desde la agresividad pero sí desde la firmeza. Sonriendo pero firmes. Con guante de seda pero con puño de hierro. A mí me hubiera gustado ver un poquito más de puño de hierro. Creo que a medida que han pasado los meses esto es lo que hemos ido viendo. Sobre todo desde España, que me parece que ha sido a la postre inteligente.
"Me hubiera gustado que la Unión Europea hubiese mostrado un poquito más los dientes con Trump"
Justo este lunes [el lunes 13 de julio] dos excomisarios europeos, también usted o un exvicecanciller, enviaron una carta presionando a la UE para que haga un embargo total de comercio con los productos que provienen de los territorios ocupados en Palestina. Más allá de la carta, ¿qué tipo de relación tenemos que tener con Israel? En el caso de España se ha presionado mucho para que se impusieran sanciones o para que se llevaran a cabo una serie de medidas, pero no hay unanimidad al respecto.
Lo que creo que tenemos que hacer es ser coherentes con nuestros principios fundacionales y ser coherentes en este caso con las reglas del comercio internacional que nos hemos dado a nosotros mismos. Cuando nosotros vemos violaciones de derechos laborales o violaciones de derechos humanos en Camboya, en Pakistán o en Myanmar, pues las sancionamos. Y lo hacemos no porque queramos ser desagradables con estos países sino porque queremos ser coherentes con los principios que son los principios de la política comercial europea. Hoy tenemos que ser muy coherentes con los principios de la política comercial europea dejando de importar bienes y servicios de los asentamientos ilegales israelíes en Palestina. Lo tenemos que hacer porque es ilegal, porque es contrario al Derecho Internacional y tenemos que explicar que esto no es una medida antipática hacia un país como Israel. Pero sí es una medida de coherencia con nuestros principios y quizás nos ha faltado un poquito, un punto de coherencia con nuestros principios en nuestra relación con Israel. Debe ser, insisto, desde el respeto o desde la búsqueda de entendimientos pero también desde la firmeza de la defensa de los principios que son los principios fundacionales de la Unión Europea. Hoy eso creo que hay que decirlo alto. Lo decimos dos excomisarios de comercio, un exvicecanciller alemán, un ex primer ministro italiano o yo misma. Y lo decimos porque necesitamos ver esa coherencia hoy en la Unión Europea.
"Nos ha faltado un punto de coherencia con nuestros principios en nuestra relación con Israel"
Otro punto importante del libro es China. Me gustaría que me resumiera también qué relación tiene que tener la Unión Europea con este país. Ya sabe además que a nivel nacional ha habido críticas de la derecha porque el presidente Pedro Sánchez ha viajado allí con mucha frecuencia y ha apostado abiertamente por un acercamiento mayor. ¿Qué equilibrios se tienen que dar con el gigante asiático?
Tenemos que tener una relación con el gigante asiático a la altura de de la importancia sistémica que China tiene en la economía internacional. Es el 15% del comercio internacional, el 13% del global, el 32% de las emisiones de CO2. No podemos no hablar con China y creo que España ha vuelto a la senda de la normalidad visitando y teniendo unas relaciones con el liderazgo chino como las tiene el canciller alemán o el presidente francés. No viajan a ese país tampoco porque hayan optado por China en vez de por Estados Unidos sino porque entienden que es un actor sistémico hoy. Ahora bien, la cuestión más importante para nosotros los europeos es cuál pensamos que tiene que ser nuestra estrategia con respecto a China. Esta es la respuesta que se está construyendo. Durante varios años vivimos con una convención diplomática que es decir que China es nuestro socio, que es nuestro competidor y que es nuestro rival. Con eso decimos todo pero no decimos mucho y creo que ahora ha llegado el momento de redefinirlo.
Hay dos cuestiones que son difíciles en nuestra relación con China. La primera es el apoyo que China ofrece a Rusia para que Rusia pueda seguir haciéndole la guerra a Ucrania. No lo hace en el campo de batalla, no lo hace por medio de armas pero sí con tecnología de doble uso que a la postre ayuda a Rusia a mantener sus esfuerzos bélicos. Y en segundo lugar, vemos con gran preocupación un desequilibrio estructural de la economía china. Esto le toca a China resolverlo. Tiene una economía que representa hoy un tercio de la capacidad de producción industrial en el mundo. Pero un consumo que representa solo el 13%. Ese desequilibrio a la postre se ajusta. La variable de ajuste somos en gran parte el mercado europeo. En gran parte el comercio internacional de China con el resto del mundo, y teniendo en cuenta que Estados Unidos ha cerrado en gran parte su mercado a las exportaciones chinas, es el mercado europeo profundo, rico o con capacidad de compra. Esto tenemos que discutirlo y esto tenemos que tratarlo porque la apertura del mercado europeo necesita de una licencia política. Si esa licencia política se pierde porque los ciudadanos y las empresas sienten que está desequilibrada, pues se irá cerrando el mercado europeo. Estos son los términos de nuestra discusión con China teniendo en cuenta que hay otros espacios, como por ejemplo la lucha contra el cambio climático o la lucha contra la pobreza en el mundo, donde también son ellos un actor importante con el que tenemos que trabajar.
"Tenemos que tener una relación con China a la altura de de la importancia sistémica que tiene en la economía internacional"
"Hoy el talón de Aquiles de la democracia son los algoritmos", escribe también en uno de los capítulos del libro. La pregunta es: ¿qué se puede hacer contra esta situación?
Los algoritmos están agujereando la democracia porque deciden los términos del debate público, definen cuál va a ser el ágora público europeo. No están en nuestras manos, sino en manos de un puñado de tecno-oligarcas que deciden de qué manera se va a debatir en el espacio europeo. Eso significa que muchas veces se impone un debate que no es el nuestro, se polariza y se vacía de contenido el suelo sobre el que se asienta nuestra democracia. Eso a la postre es peligroso porque nosotros somos democracias y esto por encima de todo tenemos que protegerlo. ¿Cómo lo hacemos? Yo creo que tenemos que buscar regular el funcionamiento de los algoritmos o regular también la Inteligencia Artificial (IA). Nos han hecho creer que regular la IA es lo que nos impide a nosotros ser competitivos en la tecnología. Y no es cierto.
Lo que nos impide ser competitivos en la tecnología es la fragmentación del mercado europeo y por lo tanto la respuesta tiene que ser integrar. Pero la democracia necesita que además de integrar los mercados europeos los regulemos para evitar que esto sea el Far West donde vayamos asistiendo a la muerte de la democracia. Nos jugamos mucho y por lo tanto tenemos que tener también en esto educación, formación o un debate público de qué significa. Porque los ciudadanos tenemos que sentirnos empoderados en esa batalla. Pero debe haber una regulación también que obligue a una transparencia en esos algoritmos para que nos permitan ver quién y cómo se establecen los términos del debate europeo.
"Los algoritmos están agujereando la democracia porque deciden los términos del debate público"
No es un tema que aparezca en el libro pero estoy convencido de que los lectores de Público están muy interesados en su opinión sobre un asunto muy concreto, que es la relación que tiene que tener España con Marruecos y el conflicto del Sáhara Occidental. Ha hecho muchísimas entrevistas desde que salió del Gobierno abordando lo que sucedió en su momento con la acogida de Brahim Gali o su propia salida del Ejecutivo. ¿Ve en estos momentos una posible solución a un conflicto que dura más de 50 años? ¿Por dónde tendría que ir esa solución?
Hay una dinámica en el conflicto del Sáhara Occidental y sí creo que este es un buen momento para llegar a un acuerdo. La solución tiene que ser la que quieran las partes. Yo creo que la solución no puede venir impuesta del exterior, tiene que ser la apropiada por las partes. Porque solamente una solución que las partes acepten será la que tenga la solidez necesaria para resistir el paso del tiempo. Y hemos visto cómo aquellas soluciones que son parches o aquellas soluciones que no se sienten como legítimas por las partes -pensemos en los acuerdos de Abraham que resolvían una parte pero no resolvían en último término la cuestión Palestina-. si no son aceptadas por las partes, no tienen solidez y no duran en el tiempo. Y a mí personalmente cualquier solución que las partes acepten me parecerá buena porque la han aceptado las partes. Creo que nosotros debemos siempre colocarnos del lado de buscar soluciones que sean posibles y aceptables para ambas partes.
"La solución al Sáhara Occidental no puede venir impuesta, tiene que ser la que quieran las partes"
¿Qué opinión tiene entonces sobre la posición del Gobierno de Pedro Sánchez desde el año 2022 con aquella carta enviada al rey de Marruecos defendiendo el plan de autonomía?
Yo no tengo opiniones sobre temas tan sensibles de la política exterior española donde yo he sido actor. Entonces procuro ser responsable en mis pronunciamientos públicos. Pero yo insisto mucho en que España puede ayudar a que se construya una solución. No solamente por nuestras buenas relaciones con todos los actores en la región, sino por nuestra responsabilidad histórica, que también está ahí. A mí todo lo que sea ayudar a construir una solución que todas las partes acepten me parecerá estupenda y la aplaudiré.
Justo además este este lunes viaja el presidente del Gobierno a Argelia, uno de los actores clave en el conflicto, después de seis años sin hacerlo y después de toda esta crisis en la que hubo ruptura de relaciones. ¿Qué puede significar el viaje?
Pues puede significar España como un actor fundamental en las relaciones entre España y el Magreb, entre España y la región euromediterránea y entre España y África. Porque todo eso son dimensiones de este viaje. Puede ser también una manera de España de ser un puente privilegiado entre la Unión Europea y el Magreb, y el Mediterráneo y África. España está en una posición muy buena y en un lugar muy importante para construir ahora esa resiliencia en las relaciones de la UE en un momento en el esta además busca reforzar sus relaciones con actores muy diversos alrededor del mundo. La UE busca construir resiliencia geopolítica en este mundo donde la fuerza tiene esta capacidad y esta importancia tan grande para buscar construir relaciones donde lo que prime no es la fuerza sino la interdependencia o la gestión de los intereses mutuos bien entendidos. Todo esto es claramente el caso de la relación entre España y Argelia y entre la UE y Argelia.
Y con Marruecos, ¿cómo debe de ser la relación? Se ha publicado incluso que su cese en el Gobierno fue exigido por este país. Yo le he leído también decir en alguna entrevista que la relación tiene que tener un equilibrio entre que España defienda sus intereses y darse cuenta de la importancia de la misma.
Tenemos que tener las mejores relaciones con todos nuestros vecinos. Por supuesto con Marruecos, por supuesto con Argelia, por supuesto con Portugal, por supuesto con todos nuestros vecinos. Por supuesto con Francia, por cierto donde el Tratado de Amistad franco-español acaba de encallar por una decisión en el Senado de España que a mí me parece preocupante y que me entristece. Porque la vocación de España tiene que ser tener las mejores relaciones con todos sus vecinos. Con algunos compartimos muchísimo más que con que otros porque estamos dentro de la UE, como es el caso de Francia o de Portugal, donde además nos une esta relación de Península Ibérica. También con Marruecos, buscando siempre la mejor de las relaciones pero también desde la defensa de nuestros intereses y valores. Eso también es importante, entendiendo que se pueden defender nuestros intereses y valores mientras ellos defienden los suyos. Eso eso creo que es fundamental. Eso sería la receta mágica que creo que es posible alcanzar y que sería inteligente que lo hiciésemos.
"Con Marruecos hay que buscar siempre la mejor de las relaciones pero también desde la defensa de nuestros intereses y valores"
Han pasado cinco años de su cese como ministra. Más allá de este asunto en concreto por el que para bien o para mal se le se le recuerda mucho al frente de Exteriores, si echa la vista atrás, ¿cómo valora su paso por el Gobierno? Hay una frase al final del libro muy interesante. Dice que "en política exterior es inevitable caer en contradicciones pero que cuando eso ocurre es mejor asumirlas y explicarlas que pretender que no existan". No sé si es un resumen de cómo es ser ministra.
Es un resumen de cómo es ser un responsable político. Cuando uno es un responsable político tiene inevitablemente que gestionar contradicciones y lo mejor cuando uno las gestiona, me parece a mí, no es esconderlas. No es pretender que no existen sino explicarlas. El ciudadano lo va a apreciar.
Se hace poco esto...
Se hace poco. Pero bueno, yo defiendo lo que creo que hay que hacer. En todo caso, si echo la vista atrás me enorgullezco de mi paso por el Gobierno y me enorgullezco de muchas de las iniciativas que fueron de todo el Ministerio de Asuntos Exteriores y de todo el Gobierno de España. Ahí está el acuerdo con el Reino Unido sobre Gibraltar, que pronto también va a tener su traducción práctica. De eso también estoy extremadamente orgullosa porque me llevó muchas horas de negociación con mi homólogo británico. Ahí están los resultados. Del acuerdo de deuda mancomunada europea para hacer frente al covid por primera vez en la historia de la UE. Ahí están los resultados. De una política exterior feminista, la primera que adoptó nuestro país. Y ahí está esa señal tan importante también desde la acción exterior. De una estrategia en nuestras relaciones con África que a la postre resulta que son importantes también para nuestro país y para la UE. Fue breve pero intenso y desde mi punto de vista enormemente productivo. Yo quiero reivindicarlo porque de eso también va hacer política. De eso también va ser un servidor público. De buscar y construir iniciativas, acciones que van a tener una traducción práctica para los ciudadanos de nuestro país. Si no que se lo pregunten a los ciudadanos del Campo de Gibraltar si tiene esto una traducción práctica.








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