Opinión
Se busca nuevo líder de izquierdas tipo Ulises para destrozarlo

Por Tomás Alberich Nistal
Sociólogo
-Actualizado a
Está de moda Ulises. Basta una superproducción hollywoodiense para poner en boca de todo el mundo alguna temática. Casualmente hace menos de un año releí la obra completa de Homero que nos narra las aventuras y desventuras del líder griego. Me ha recordado el debate actual sobre la necesidad de un líder y su urgencia para las organizaciones a la izquierda del PSOE.
Primero decir que la película de Christopher Nolan me ha parecido una buena obra, interesante y que merece la pena ver, a pesar de las licencias que el guion se toma respecto del relato original, algo inevitable y presente en cualquier adaptación de obras clásicas al séptimo arte.
Uno de los temas que trata el film es la función del líder Ulises u Odiseo en el original. Señalar solo un par de diferencias entre el relato homérico y la película, según mi modesta lectura e interpretación: en el original Odiseo no siente arrepentimiento o remordimientos por sus actos, por haber llevado a la desgracia a toda su tripulación, o al menos no haber luchado lo suficiente por su salvación, ya que todos mueren menos él en el largo viaje de vuelta a Ítaca después de la victoria frente a Troya. En esta epopeya, transmitida durante más de tres mil años, el héroe se nos muestra como el griego más astuto e inteligente, a la vez que el más mentiroso, capaz de engañar a todos, mil veces tanto a enemigos como amigos. Se construye así el arquetipo de lo que para la cultura occidental y mediterránea puede ser un líder: todas las artimañas y argucias le están permitidas para conseguir sus objetivos. Escucha siempre a sus guerreros, a su equipo dirigente, para luego hacer lo que le da la gana, normalmente justo lo contrario de lo que le aconsejan. Cuando miembros de su confianza le advierten de los peligros de tomar una ruta u otra, les escucha. Cuando, por ejemplo, le advierten de que apropiarse de las viandas encontradas en un hogar-cueva (la del cíclope) puede ser peligroso hacerlo sin el permiso de su dueño y además sin aportar ningún regalo a cambio, Ulises tampoco les hará caso y esto provocará la muerte de varios de ellos. Además es un líder vengativo: pone de nuevo a toda su tripulación en peligro por darse la satisfacción de disparar sus flechas contra el cíclope cuando ya habían conseguido huir, salir de la cueva cárcel en que les retenía.
Que este arquetipo de líder permanezca en nuestra cultura tiene sus consecuencias. El poder y todo lo que lo rodea provoca admiración y envidia. Se da por hecho que la persona que ostenta un cierto poder, ya sea económico, social y mucho más si es político, lo ha conseguido utilizando diferentes estrategias y estratagemas, que no tienen por qué ser honradas ni, en todo caso, bondadosas. El resto de los mortales, las personas "de la calle", es decir las que no ostentamos poder alguno más allá del reconocido por nuestros iguales (amistades y familia) y por nuestra ciudadanía en un Estado, tenemos así el derecho a sospechar, a pensar mal sobre cualquiera que ostente poder "político" o cargo institucional.
Desde hace tiempo las aguas del ámbito de las izquierdas transformadoras andan revueltas, es decir en las múltiples agrupaciones, partidos y colectivos que se consideran a la izquierda del PSOE, para resumir. Más desde que la líder de Sumar Yolanda Díaz se autodescartó para ser próxima cabeza de lista en las generales, en un movimiento que la honra y del que deberían aprender, incluso seguir ejemplo, buena parte de líderes y lideresas que aseguraban, hace ya más de una docena de años, que venían a renovar el mundo político, a devolver el poder al pueblo y que nunca se apoltronarían en ningún cargo. Desde hace más de un año, periodistas de los grandes medios, tertulianos y creadores de opinión se afanan en preguntar y repreguntar quién va a ser el nuevo líder. Hasta tal punto es la insistencia que se repite en tertulias de toda índole que todo lo relacionado con ese espacio anda ahora "como pollo sin cabeza", está "desaparecido", sin saber qué hacer, etc. En resumen, el mensaje es que si no hay un/a superlíder carismático y plenipotenciario, el espacio a la izquierda del PSOE prácticamente no existe. Está muerto.
Para los ámbitos del poder es necesario un nuevo personaje que dirija, un nuevo líder total. Así no tendrán que criticar el programa, no tendrán que hablar de los problemas de la gente y de las alternativas concretas que partidos y coaliciones propugnan para resolverlos. Es mucho más fácil lanzarse como alimañas sobre una persona. Algo encontrarán en su pasado. Un tweet inapropiado de hace x años, una frase desafortunada, algo, algo se encontrará en la vida personal para destrozar a la persona, para empezar a desprestigiarla. Seguro. Para qué discutir sobre las medidas concretas y urgentes que hay que poner en marcha sobre vivienda, sobre los derechos económicos de las clases trabajadoras, sobre los problemas de nuestro país... pudiéndose dedicar a hablar de lo que una sola persona ha hecho o ha dejado de hacer.
Después de tres mil años de civilizaciones occidentales varias, parece que no hemos aprendido mucho. O eso nos quieren mostrar desde los principales medios (los que crean opinión mainstream). Hacia el interior la persona líder tendrá también que superar todo tipo de obstáculos. Los cantos de sirena empezarán por los propios dirigentes que le han ayudado a auparse. Le adularán a la vez que se aseguran estar bien colocados en los mejores puestos de la organización y de la nueva dirección. A la vez, si se entra en algún tipo de gobierno de coalición, esos cantos de sirena estarán dentro y fuera. Del partido mayoritario recibirá ofertas de todo tipo, con tal de que se pliegue a sus objetivos. Pasando del peligro de las sirenas al del abrazo del oso, del que ostenta mayor poder. También tendrá que hacer frente a otros peligros, como los que le muestra la medio bruja feminista Circe, que le hace ver a sus más aguerridos guerreros como cerdos, que solo buscan comer y satisfacer sus necesidades como tales. Los más próximos al líder se comportan como cerdos y solo serán salvados por la astucia del jefe.
¿Existe alguna alternativa? Los líderes son tan necesarios como peligrosos para la democracia
El profesor Jesús Ibáñez nos explicaba en sus clases, hace ya bastantes décadas, que hay dos tipos de líderes. Esquemáticamente, simplificando: los que abren y los que cierran. Los que abren puertas y ventanas, los que nos muestran nuevas ideas, nuevos horizontes, que enseñan lo que hay fuera, nuevas posibilidades, radicales las más de las veces, ideas arriesgadas pero se muestran las posibilidades de alcanzarlas, muestran caminos (estrategias) para poder avanzar. Para ir a más. Abren el abanico de lo que se piensa, de lo que se puede imaginar o idear. Nos abren la cabeza a nuevos pensamientos, nuevas diversidades y posibilidades. Para llegar a más gente, para tejer nuevas alianzas.
Y los líderes que cierran. Personas que, una vez alcanzada cierta posición de poder, al nivel que sea (desde el Estado hasta en un municipio) son caudillos. Cierran el pensamiento argumentado que lo urgente es alcanzar el poder y para ello hay que actuar juntos, hacer piña y dejarse de debates. Enfervorizan a las masas, son populistas dando la razón al "pueblo", pero la voz del pueblo son ellos. Construyen discursos "frente a", del enfrentamiento, la culpa de lo que pasa es de otros. Los enemigos son otros y ese constructo “los otros” puede llegar a ser cualquiera que no esté con ellos o con él. Sean emigrantes, diversos sexualmente, feministas "radicales", comunistas, separatistas o, simplemente, antiguos compañeros de la misma organización. Naturalmente entre estos dos extremos de líderes nos encontraremos todo tipo de mixtos y mezclas.
La única alternativa realmente progresista es la construcción de liderazgos colectivos, con líderes sí pero que crean y creen en la organización, que jueguen y dejen jugar, que apuesten por una organización radicalmente democrática y participativa. Líderes que hagan equipo desde arriba, sí, pero para que sean controlados desde abajo. No necesitamos nuevos líderes endiosados como Ulises, necesitamos equipo y organización.

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