Opinión
Cada regalo deja huella: el viaje de los paquetes hasta tu casa

Las navidades ya están aquí y las compras online y, por tanto, los envíos se multiplican. En España, el comercio electrónico ya mueve más de 110.000 millones de euros al año y casi 30 millones de personas compran por internet -prácticamente la población entera de Perú-. El resultado son miles de paquetes circulando por nuestras calles cada día. La distribución urbana de mercancías tiene un impacto real en nuestras ciudades y en nuestras vidas, pero ¿y si el mejor regalo fuera también el más sostenible?
Comprar desde el móvil o el ordenador es rápido y cómodo. Lo que no solemos considerar es qué ocurre después del clic. Las compras online se han convertido en una rutina cotidiana. Desde noviembre, con el disparo de salida del Black Friday, pasando por el Cyber Monday, siguiendo con Papá Noel, Olentzero o la tronca hasta los Reyes y las rebajas de remate final, el volumen de los pedidos se dispara y las ventas baten récords año tras año.
Cada pedido que hacemos tiene un recorrido físico muy concreto: una furgoneta más circulando, una parada más en doble fila, un trayecto que se suma al tráfico, al ruido y a las emisiones con un impacto directo en nuestra salud. Cuando esto se multiplica por millones de entregas, el resultado es visible para cualquiera que camine por nuestras calles. ¿Esta es la ciudad que queremos?
El impacto invisible de cada entrega
Al comprar algo por internet, rara vez pensamos en el viaje que hace ese paquete hasta nuestra puerta. Pero ese último tramo -desde el almacén hasta nuestra casa- es el que más pesa en términos ambientales. En España, la distribución urbana de mercancías ya representa una cuarta parte de las emisiones contaminantes en las ciudades, y la última milla concentra la mitad del CO2 de cada envío. Por si fuera poco, según la DGT, este modelo de reparto es responsable de hasta el 40% del tráfico urbano, representando en Madrid un 30% y en Barcelona el 20%.
Las consecuencias van más allá de los atascos. Hoy sabemos, según investigaciones del Instituto de Salud Carlos III, que la contaminación atmosférica provoca 62.000 hospitalizaciones urgentes al año, con un coste económico de más de 850 millones de euros anuales. Y según el informe de Clean Mobility Collective, si seguimos como hasta ahora, las emisiones de la última milla podrían causar entre 2023 y 2030 hasta 168.000 casos de asma, 285.000 síntomas respiratorios adicionales y hasta 9.500 muertes prematuras en todo el mundo.
Una solución tan simple como efectiva
La buena noticia es que existen alternativas cómodas y sostenibles que también le podemos pedir a los Reyes sin casi esforzarnos como las que impulsamos desde ECODES. Los puntos de recogida son una de ellas: el paquete llega igual, en el mismo plazo y con mayor flexibilidad para retirarlo. La diferencia está en el trayecto. En lugar de múltiples entregas dispersas, un solo viaje agrupa decenas de paquetes de un mismo barrio. Esto se traduce en menos kilómetros recorridos, menos vehículos circulando y menos emisiones.
Imagina no tener que esperar en casa toda la tarde por si suena el timbre, o no depender de que tu vecina esté para recibir el paquete. Los puntos de recogida están ahí, cerca de tu casa o tu trabajo, con horarios que se adaptan a tu rutina. Pasas a buscar tu pedido cuando te viene bien: al salir del gimnasio, de camino al super o regresando del trabajo. Además se puede ir caminando o en bici, convirtiendo ese momento en un respiro de la crispación que se respira fuera. Por si fuera poco, te olvidas de esas entregas fallidas -que pasan más de lo que pensamos, entre un 5% y un 10% de los envíos- y de los viajes extra que generan.
Cuando optamos por recoger nuestros pedidos en espacios compartidos -taquillas o comercios de barrio- permitimos que un solo vehículo concentre las entregas en vez de dispersarse calle por calle. Los datos son claros: este simple cambio puede disminuir las emisiones por paquete entre un 64% y un 86%. Además de cuidar el aire que respiramos, se liberan las calles de furgonetas, haciendo el barrio más habitable y saludable para todos.
Comprar consciente cuenta
Merece la alegría - y no la pena- pedirle al año nuevo que, además de empezar el gimnasio o retomar el curso de idiomas, revisemos nuestros hábitos de compra. Pedir el mismo jersey o pantalón en tres tallas distintas por si engordamos o adelgazamos para devolverlo después o comprar varios colores o por impulso multiplica innecesariamente los envíos. Son gestos que parecen pequeños, pero que sumados transforman las calles que compartimos.
Este cambio individual, pequeño en apariencia pero enorme en su efecto colectivo, reduce de forma significativa el impacto del consumo en nuestro entorno -junto con la implantación de medidas y normativas para que pueda suceder desde nuestros ayuntamientos y empresas, por supuesto-. Y funciona porque encaja en el puzzle de nuestra realidad. Quienes compramos online buscamos comodidad después de trabajar todo el día, conciliando como podemos horarios, responsabilidades, mensajes pendientes en el whatsapp y encuentros con amigas y amigos.
No es solo cosa nuestra
Sin embargo, este gesto individual no puede caminar solo. Para que el reparto urbano sea realmente más limpio y eficiente, hacen falta decisiones que lo faciliten, tanto de los ayuntamientos como de las empresas. Infraestructuras adecuadas, planificación y políticas que prioricen los modelos de distribución que menos contaminan son algunas de las medidas más destacadas que convierten las ciudades en habitables y saludables.
Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestras decisiones construyen la calidad de vida que queremos. En estas fiestas, elegir comodidad no tiene porqué significar renunciar al cuidado de nuestros barrios y calles. A veces, el mejor regalo es el que llega sin dejar huella.


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