Opinión
No callaréis con denuncias la voz de las mujeres

Periodista y escritora
A ver, machos ofendidos: nos sacamos de vientre las violencias. Para contarlas. Nos las sacamos de entre los muslos y del mismísimo centro del coño. Para contarlas. Del corazón y del cerebro, de culo y de entre las tetas nos las sacamos. Para contarlas. ¿Entendéis eso? ¿Entendéis el daño?
Con cuidado, abrimos la memoria como quien desentierra el cadáver de una hiena que lleva entre las fauces a una niña, una hiena en descomposición. Abrimos la memoria para extraer a la hiena y a la niña y también la podredumbre. La verdad es que no todas vamos con cuidado. Algunas lo hacemos a zarpazos y otras entre convulsiones, de cualquier manera. Para contarlo. Para contar lo que nos hacen, lo que nos hacéis, lo que nos habéis hecho, lo que habéis visto hacer, lo que sabíais y callabais, lo que sabéis y calláis.
Contamos las violencias que hemos vivido y vivimos es una forma de ventilar ese lugar de nuestro interior donde vuestra hiena se pudre, por si fuera posible. Es éste un esfuerzo íntimo y a la vez colectivo.
Entonces, vosotros, machos ofendidos, machos acochinados, machos decorados de ancestrales privilegios, tenéis el cuajo de acercaros hasta un juzgado o ante la Policía y ponernos una denuncia. ¡A nosotras! Denunciáis que esta forma nuestra de relatar vuestras propias violencias os molesta, que atenta contra vuestro honor, o que es mentira.
No tenéis vergüenza. Sois unos indecentes. Vosotros, artista, ginecólogo, periodista, arquitecto, académico, masajista, profesor, entrenador, cómico, vosotros sabéis bien lo que hicisteis, lo que hacéis y veis cómo se multiplican los relatos de las mujeres, y os reconocéis en ellos, aunque no digan vuestro nombre.
Vosotros, miserables, decidme: ¿por qué os reconocéis? ¿No sois conscientes de que en vuestra propia denuncia va implícita la aceptación de la culpa?
Y entonces nos llega a nosotras la denuncia. A nosotras, a las violentadas y las agredidas. Nos llega la denuncia por atrevernos a hablar. Todo estaba sellado para que nosotras no pudiéramos romper el silencio de vuestra impunidad. Pero se ha roto el sello, y hablamos. Nuestros testimonios emergen desde todos los rincones de nuestros cuerpos, desde cada poro.
Entonces creéis que yendo a los lugares que creasteis para el silencio de las mujeres, a los tribunales, a la Policía, a las instituciones macho, nos callaréis la boca.
Ayer me llamaron de una Jefatura de Policía para pedirme la dirección de mi abogada. Un hombre acababa de denunciarme por publicar un relato en el que se reconoce. Acumulo juicios, demasiados. Me piden cientos de miles de euros, denuncia a denuncia. No sólo a mí, a muchas otras les está sucediendo lo mismo.
Puede que nos dejéis en los huesos, quién sabe, puede que nos lo quitéis todo, pero si creéis que así conseguiréis callarnos, es que no tenéis ni idea de lo que está sucediendo.
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