Opinión
Camarero, Mazón y otros irresponsables del montón

Por Toni Mejías
Periodista
Carlos Mazón sigue cobrando un alto sueldo por un puesto que no ocupa la mayoría de las veces. Continúa con los privilegios de haber sido presidente de la Generalitat Valenciana, pese a no haber sido un mandatario digno a la altura del cargo. Permanece en su sillón con su barba nueva, con un incipiente bronceado y sin rendir cuentas a nadie porque se lo permite su partido. También porque una parte de la sociedad valenciana, la que no se mojó ni la suela de las zapatillas, busca excusas vacías para no culpar a los suyos. El apagón informativo, la falta de datos por parte de la CHJ, el silencio del gobierno central o la falta de competencias. Cualquier invención es válida para seguir sin rendir cuentas a nadie. Y si una jueza de Catarroja decide tirar para adelante y pedir responsabilidades, harán todo lo posible por entorpecer la causa y por manchar su imagen. Esta semana ha habido nuevas revelaciones que contradicen las excusas del anterior Consell, pero ¿la vida sigue igual?
En los últimos días se ha hecho público el grupo de WhatsApp de los consellers el día de la fatídica DANA que arrasó gran parte de la provincia de València. Pese a que dijeron en los días siguientes desconocer la realidad de lo que estaba sucediendo porque nadie les hizo llegar esa información, los mensajes muestran todo lo contrario. Que estaban al tanto de la evolución de los hechos, pero se desentendieron y estaban más preocupados de controlar la situación informativa que las posibles consecuencias materiales y humanas. Eso le importaba al entonces presidente Mazón, que quería trasmitir una seguridad "que te cagas" justo antes de, imagino, darle a "silenciar grupo durante 8 horas" porque tenía asuntos más importantes en el reservado del Ventorro.
También Susana Camarero, quien sigue en el cargo de vicepresidenta, abandonó el Cecopi pese a decirse preocupada por 80 niños de un centro de menores de Alborache que estaba bajo su responsabilidad. También conocía que había unas 100 personas en los tejados de Utiel, pero le pareció más urgente irse a una entrega de premios entre empresarios. Imaginamos que su presencia en esa gala era primordial. Lo mismo era la gran estrella y, al igual que nadie se imagina Woodstock 69 sin Hendrix, no podía celebrarse esa ceremonia endogámica sin su asistencia. Es más, ante la jueza afirmó que "no sabia qué era el Cecopi", así que tal vez se marchó porque pensaba que solo abandonaba un café con sus amigos. Lo mismo ni sabía que era vicepresidenta. Que alguien le avise por si acaso, porque lo sigue siendo.
Mientras contamos cuánto cuestan las joyas de ZP, si el hermanísimo tenía enchufe o no y descubrimos (oh, sorpresa) que en la izquierda también hay miserables y explotación laboral, el PP valenciano está la mar de tranquilo. Incluso en la prensa valenciana tiene más importancia la visita del papa que las nuevas revelaciones del caso, ya que deben pensar que mediáticamente también está amortizado. Deben valorar los populares que, si sus antecesores en el partido pudieron robar a dos manos, montar un circuito de F1 deficitario que ahora mismo son ruinas millonarias y construir obras faraónicas con sobrecostes altísimos sin que les pesara demasiado, ellos pueden pasar a pies juntillas por este caso sin arriesgar demasiado su futuro electoral o personal. Igual que Rita Barberá le ha dado el nombre a un puente de la ciudad, lo mismo el llamado puente de la solidaridad, en un futuro no muy lejano, lo conocemos como puente Carlos Mazón. ¿Suena exagerado? Con este partido, nada es imposible.
La reconstrucción en la zona DANA sigue a diferentes ritmos. Todavía quedan obras que acometer, algunos centros educativos tardarán años en salir de barracones y, sobre todo, no parece existir un plan claro para evitar futuras catástrofes que para nada son improbables. A ello le sumamos que la especulación inmobiliaria se está aprovechando de la zona y lo que hasta hace poco eran bajos inservibles y luego anegados de barro, ahora son pequeños lugares habitables a precios insultantes. Aprovechando las ayudas para encarecer la zona. Es el mercado, amigos. Y quienes todavía sufren las secuelas psicológicas, quien todavía tiene que llevar flores a sus familiares y quienes saben que la vida ya nunca será igual, además tienen que soportar a los responsables políticos (ya veremos si penales) en sus cargos y sin un mínimo de decencia ni de vergüenza. Con el temor de que, a un año vista de las elecciones municipales y autonómicas, el olvido y la desinformación le den el respaldo a un gobierno que se ha burlado de las víctimas. Las del metro, ahora que se cumplen 20 años del accidente, ya han pasado por eso. ¿Seguirá la amnesia en la población valenciana?

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