Opinión
Carta a las niñas de Ceuta

Por Marta Nebot
Periodista
-Actualizado a
Hola. Os escribo porque me gustaría que os llegara mi admiración y mi cariño, que también tengo para los niños que han venido con vosotras. Sois un@s valientes y merecéis una oportunidad. Todo el mundo la merece, si se cree en los derechos humanos y en la humanidad; por eso es tan lamentable que no hagamos más en lugares que sabemos repletos de injusticia, barbarie y desamparo, rebosantes de abandonad@s a su suerte que ven la nuestra en sus teléfonos móviles. A vosotr@s no os vamos a abandonar.
Sois tan pequeñ@s. La media de los menores no acompañados que se juegan la vida para llegar a nuestra costa estaba entre 15 y 17 años. Esta vez 400 de los contabilizados que llegasteis a Ceuta, en la entrada del 30 y 31 de julio, tenéis menos de 13. De los más de 1.500 afiliados ya, casi la mitad –700– sois niñas.
Nunca habíais venido tantos tan pequeños; nunca habíais venido tantas niñas.
Las mujeres, en general, intentan menos ese salto. La inmigración irregular en esa frontera es mayoritariamente masculina. Físicamente es durísima y ellas son más vulnerables a las redes de trata y a la violencia en general y a la sexual en particular. Además en sus países no se suele fomentar su autonomía, su valentía, ni su amor propio. Por todo eso junto no venían.
Me dirijo a vosotras porque vuestro perfil es nuevo. Vuestros informes revelan que salís huyendo de la desigualdad de género más que de la otra, huis de la violencia particular contra vosotras, de los matrimonios forzosos, de la obligatoriedad de abandonar los estudios y de convertiros en sirvientas/esclavas eternas de vuestros padres, hermanos y esposos. Venís a conquistar vuestra libertad, a cambiar de siglo, a encontrar un futuro. Y para eso habéis estado dispuestas a abandonarlo todo y a jugaros la vida. No hay cifra oficial sobre cuántos del casi centenar de cuerpos recuperados tras la entrada masiva son de niños y niñas como vosotros. No sabemos tampoco cuántas visteis cómo se ahogaban otros. Ni si habríais venido si se hubiera puesto antes la ampliación flotante del espigón. Ni si alguien terminará pagando por lo ocurrido.
Lo que está claro es que ya estáis aquí y no os pueden echar. Las leyes de unos y de otros lo dicen, digan ahora lo que digan. Los tribunales los han castigado por igual cuando intentaron incumplirlas en 2021. Aunque quisieran volver a intentarlo, ningún funcionario se va a arriesgar. Y, por más que tarden en distribuiros y poneros a estudiar, os habéis ganado la oportunidad de ser mujeres libres, os habéis colado por una rendija de la historia.
Desde la entrada en vigor del Real Decreto 903/2021, promovido sin mucha publicidad por el entonces ministro José Luis Escrivá, los menores extranjeros no acompañados tenéis una autorización de residencia que os permite trabajar a partir de los 16 años de forma automática. En los meses previos a su aprobación se hicieron públicos varios casos de suicidios de quienes eran echados a la calle de la noche a la mañana desde los centros de menores, sin papeles, sin oficio, ni ingresos, ni domicilio, ni familia, sin nada, el día que cumplían 18 años. Aquel decreto también permitió que a partir de la mayoría de edad ya no tengáis que acreditar unos ingresos mensuales de 2.000 euros -completamente imposibles- para que os renueven esos permisos por cuatro años. Hasta entonces vuestras posibilidades de una vida adulta digna eran casi nulas. Desde entonces más del 60% de los menores de edad tutelados trabajan. Desde entonces más del 70% de los que llegan cuando cumplen 18 están afiliados y dados de alta en la Seguridad Social. Es decir, se integran y contribuyen a que este país crezca.
Os deseo mucha suerte y os mando toda mi sororidad y un abrazo virtual. Ojalá estemos a la altura de vuestros sueños, ojalá os encontréis con instituciones eficientes y buenos profesionales y buenas personas que os ayuden a adaptaros y a convertiros en adultas sanas y felices con vidas muy bonitas. Ojalá os enseñemos que este país es mucho más que esos que han querido echaros, que esos que paran camiones con la comida de la Cruz Roja, que van con palos y queman chozas, empujando a los desesperados hacia el odio, mientras ondean la bandera y gritan España, España, España, ensuciándola con su boca.
En resumen: bienvenid@s a esta España ¿nuestra?
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