Opinión
La casa de la política

Por Marta Nebot
Periodista
-Actualizado a
"La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad", dijo Le Corbusier, uno de los arquitectos más visionarios del siglo XX, poniendo una cita en Flandes.
Este creador franco-suizo propuso la industrialización de la arquitectura y, en particular, de la vivienda. Estudió a fondo la eficacia funcional de las máquinas en las tareas para las que habían sido concebidas y la aplicó a lo suyo: "La casa es una máquina de vivir, baños, sol, agua caliente y fría, temperatura regulable a voluntad, conservación de los alimentos, higiene, belleza a través de proporciones convenientes. Un sillón es una máquina de sentarse. Los lavabos son máquinas para lavar…".
¿Qué pasaría si aplicamos esta lógica tan aplastante a la política? ¿Es una máquina de qué? ¿Qué fabrica?
En el caso concreto de la política de las casas, si la despojamos de las luchas de poder y de toda la porquería de esta legislatura y de las demás, ¿qué respondemos, además de impotencia y amargura?
Le Corbusier compuso el Poema del Ángulo Recto aplicado a la arquitectura. Hoy me pregunto si este Gobierno no podría componer su versión aplicada a la política de vivienda que tanto brilla por su ausencia y que Maricarmen –y tantas como ella– por fin han conseguido que la reclamemos a la altura de la necesidad.
Tal vez el macrodecreto de vivienda de futuro incierto en el que en estos momentos se trabaja a marchas forzadas debería aprobarse verso a verso, real decreto a real decreto, cortitos y concretos, tiki taka, semana tras semana, obligando al país entero a analizar y a reflexionar sobre este problema existencial que nos atenaza, sobre qué hacen y qué no con nuestros votos y por qué, sobre para qué sirve la política para cada grupo, sobre "cuál es su eficacia funcional en las tareas para las que fue concebida", como se preguntó el maestro de la arquitectura moderna despojándola de los ornamentos que no sirven para nada.
1-Decreto antidesahucios, ni una Maricarmen más. Hay que remarcar los límites de la propiedad privada que no puede ser un arma que mata. Y hay que valorar la vulnerabilidad tanto del inquilino como del arrendador, faltaba más. En los casos en que ambos estén en la cuerda floja –menos del 1% de los casos–, que financie el Estado español, el motor económico de Europa, a través de sus autonomías y ayuntamientos florecientes al mando de esta competencia, con la mejor financiación para este ramo de toda su historia. ¿Cuándo permitimos que la crueldad fuera un business? ¿Cómo hacemos para que no pase más?
2-Decreto de moratoria de dos años de los precios del alquiler y debate serio sobre cómo sacar este mercado de una lógica financiera para devolverlo a una lógica humana. Que se vea qué propone cada uno. Que se hable en las cafeterías y en las plazas. Que si no se consigue hacer política al menos que la pedagogía se haga. Que seamos conscientes de que el 40% del mercado del alquiler está en manos de pequeños propietarios que tienen la casa en la que viven y otra y que tres de cada cinco de ellos no especulan: se la alquilan a precios razonables a amigos, familiares y conocidos que aprecian, mientras otras sacan rentabilidades del 30%. ¿Puede el alquiler de la vivienda seguir siendo el mejor negocio del mundo?
3-Decreto de regulación del alquiler de temporada y del de habitaciones. Preguntémonos si estamos dispuestos a entregar nuestras ciudades a los turistas. Hay que saber qué porcentaje está dispuesto a entregar cada partido. Y también hay que meditar sobre los límites del mercado en el eslabón más precario del sistema. Especular con casas es cruel, hacerlo con habitaciones ¿cómo podemos llamarlo?
4-Decreto para incentivar el alquiler de casas vacías y gravar mantenerlas cerradas. No faltan tantas casas. Hay tantas juntando telarañas. ¿Qué hacemos para recuperarlas?
Y verso a verso tendríamos que concretar un plan a medio y largo plazo. ¿Cómo será nuestro parque de vivienda en diez años? ¿Qué casas necesitaremos en el futuro? ¿Qué hay que construir, qué hay que rehabilitar y redimensionar, qué hemos aprendido de los errores del pasado de tanto invertido para especulación de tod@s?
Después las estrofas se aprobarán o no, juntando negociaciones, votos y retratos en un parlamento fragmentado con un gobierno en minoría. Semana a semana se desvelará para qué y para quién sirve la política de cada sigla, qué españoles les importan, si creen que solo tienen problemas de vivienda los de izquierdas, si están convencidos de que solo hay caseros no codiciosos rojos, si piensan que la compasión es patrimonio de un solo lado del arco ideológico, si lo único que intentan con todas sus fuerzas es que solo se pueda hacer política cuando son ellos los que están en la Moncloa.
Este Gobierno debería al menos hacer las preguntas adecuadas, que se vean obligados a responder o que sus silencios lo hagan, que lo voten medida a medida, que sus respuestas sean portadas que tengan que ser vistas y asumidas por quienes les votan.
"La casa es un lugar sagrado, ningún dolor ni duda puede cruzar su entrada", escribió Emily Dickinson. Las dudas sobre cómo de sagrado es el bien común y el dolor que entrañan esas dudas están entrando en la casa de la política, que puede ser una máquina del bien o del mal, que puede o no seguir funcionando.

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