Opinión
Para Ceuta mejor soluciones que buitres electorales

Por Saúl Alberola
Coordinador Izquierda Unida Canaria
Estos días he tenido la oportunidad de estar en Ceuta y acercarme a su realidad local, social, administrativa, comercial e institucional. Una realidad bastante más compleja que la caricatura en la que algunos pretenden convertirla.
Hay preocupación, hastío e incertidumbre. Hay una situación extraordinariamente difícil en una ciudad con unas características territoriales que no pueden compararse con las de cualquier otro lugar. Negarlo sería tan irresponsable como utilizarlo para señalar a quienes menos responsabilidades tienen.
Porque el miedo de una parte de la población ceutí es real. Lo que se está fabricando es el culpable y ahí comienza el problema.
¡Qué rentable resulta Ceuta cuando puede convertirse en munición política! Hay quienes no necesitan soluciones, necesitan culpables; no quieren serenidad, necesitan alarma; y cuanto peor parezca todo, mejor funciona su discurso.
Vox lo ha entendido perfectamente, su proyecto político necesita un enemigo al que señalar. La persona migrante, quien profesa otra religión, quien tiene otro color de piel o quien sencillamente viene de fuera cumple esa función. Es mucho más fácil explicar un problema extraordinariamente complejo señalando a alguien que duerme en una calle que hablando de geopolítica, cooperación internacional, capacidad de acogida, recursos públicos, competencias administrativas o corresponsabilidad territorial.
El mecanismo tampoco es nuevo, primero se convierte una situación excepcional en una amenaza permanente; después se deshumaniza a un colectivo; y finalmente se presenta el autoritarismo como solución.
Lo preocupante es que Vox ya no está solo. El Partido Popular, en lugar de combatir ese marco, ha decidido competir dentro de él. Compra cada vez más palabras, planteamientos y enemigos de la ultraderecha pensando quizá que así recuperará a quienes se marchan hacia Vox. Pero cuando la derecha tradicional reproduce el discurso de la extrema derecha no la debilita, la legitima.
La utilización de la Federación Española de Municipios y Provincias para convocar concentraciones sobre Ceuta es un buen ejemplo. Una institución plural que podría haber servido para reclamar recursos y construir consensos terminó convertida, mediante una convocatoria unilateral de su presidenta, en otro escenario de confrontación partidista. Y hay una pregunta inevitable ¿solidaridad para qué?
Solidarizarse con Ceuta significa asumir que no puede afrontar sola esta situación. Significa recursos y corresponsabilidad. Significa que cuando hay que proteger y trasladar a niños y niñas sin referentes familiares todas las comunidades deben asumir su parte. Resulta bastante sencillo posar detrás de una pancarta reclamando solidaridad con Ceuta y bastante más difícil practicarla cuando toca acoger.
Debemos confrontar con quien utiliza a las personas migrantes, no con las propias personas migrantes. Si Marruecos instrumentaliza los movimientos migratorios para ejercer presión política, debemos exigir responsabilidades a Marruecos y reclamar a la Unión Europea que asuma las suyas en su frontera sur. Convertir a una persona migrante en responsable de una estrategia entre Estados es culpar a la pieza del tablero por las decisiones de quien juega la partida.
También podemos y debemos hablar de los errores propios. La respuesta institucional tendría que haber dimensionado antes la gravedad de la situación y movilizado recursos con mayor rapidez. Criticar una gestión es legítimo y exigir responsabilidades políticas también.
Pero una cosa es preguntarnos por qué no llegaron antes determinados recursos y otra muy diferente preguntarnos por qué llegaron determinadas personas. Ese desplazamiento aparentemente pequeño cambia todo el debate.
El odio necesita repetición hasta convertirse en sentido común. Vídeos descontextualizados, bulos, delitos individuales convertidos en categorías étnicas y palabras como invasión o amenaza repetidas hasta que dejamos de ver personas. Las redes sociales aceleran el proceso, pero sería demasiado cómodo responsabilizar únicamente al algoritmo, porque antes del tuit existe una decisión política.
El crecimiento de la ultraderecha encuentra precisamente ahí uno de sus mejores combustibles. Cuando una sociedad vive incertidumbre y no encuentra una salida inmediata, resulta tentador abrazar las respuestas sencillas. Frente a problemas complejos, Vox ofrece culpables simples, y mientras discutimos sobre los culpables, dejamos de discutir sobre las soluciones.
Durante estos días he podido conocer otra Ceuta, la de profesionales sosteniendo servicios, administraciones intentando responder, organizaciones sociales, asociaciones vecinales y ciudadanía ayudando. Esa realidad existe, aunque genere muchos menos titulares y quizás deberíamos escucharlos más y utilizarlos menos.
Porque existe una enorme diferencia entre preocuparse por Ceuta y servirse de ella. La primera exige hablar de recursos, seguridad, política exterior, protección de la infancia, derechos humanos y convivencia. La segunda solamente necesita una cámara, una pancarta y alguien a quien señalar.
Y esa es la cuestión verdaderamente peligrosa ¿qué ocurre cuando solucionar un problema empieza a ser electoralmente menos rentable que mantenerlo? Cada recurso que llega, cada traslado realizado y cada paso hacia la normalidad elimina un argumento para quienes han construido su estrategia sobre el desastre.
Cuando políticamente se vive del miedo, la serenidad se convierte en una mala noticia. Ceuta tiene problemas demasiado serios como para entregárselos a quienes necesitan que nunca se resuelvan. Porque Ceuta necesita soluciones, no buitres electorales cerveza en mano desde un yate.



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