Opinión
Chapuzas Ayuso, Toldos Almeida

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
El viernes se derrumbó parte del techo de la entrada del hospital Zendal, unos cinco años después de su inauguración. Ha durado bastante, la verdad, teniendo en cuenta quienes estaban detrás de la chapuza. Llegan a estar detrás Paco y su cuadrilla -los de la reforma de un ático de la que no quiero acordarme- y el techo no dura diez minutos. De hecho, hace menos de un mes, Ayuso se enorgullecía de un premio concedido en Londres en virtud de la arquitectura innovadora del Zendal: un poco más innovadora y lo mismo inauguran un socavón. Hay días que la gestión de Ayuso parece sacada del Mein Kampf y otros días de un especial de Pepe Gotera y Otilio.
Es una suerte que el Zendal -buque insignia de la presidenta madrileña contra la pandemia del coronavirus - apenas cuente con personal ni pacientes, porque de otro modo quizá el derrumbe podía haber matado a alguien. Tal y como está, por fortuna, sólo es un hospital de adorno, una casita más en el enloquecido monopoly de los proyectos megalómanos en la capital: la Fórmula 1, la noria gigante de Arganzuela, el Cristo Ronaldo y los Juegos Olímpicos Perpetuos. Los pacientes entraban para que les hiciesen la foto, pero, en cuanto se ponían enfermos, se los llevaban echando hostias a un hospital de verdad.
Al igual que el aeropuerto de Castellón -obra maestra de Fabra, el visionario de las gafas negras- está hecho para que se pasee la gente y todavía no ha aterrizado ni un avión, el Zendal se construyó para mirarlo de lejos, para fardar de burro grande y no acercarse mucho, no te vaya a caer una pared en el cogote. Les dejan manos libres a Paco y su cuadrilla y en lugar del hospital te niquelan otro aeropuerto. Total, tampoco iba a haber mucha diferencia. En estos cinco años al menos podíamos haber utilizado el Zendal de decorado, alquilarlo para rodajes y traernos a George Clooney. Haciendo anuncios de café, suponemos, porque bata de médico no va a encontrar.
Es complicado mejorar la alegoría de un hospital de atrezo en ruinas como símbolo de su gobierno, pero Ayuso no para de pensar. Tras el despilfarro acojonante de 200 millones de euros -más 2 millones anuales en mantenimiento- sólo para levantar una tramoya que se cae a cachos, acaba de conceder 3,3 millones de euros a los Legionarios de Cristo, una entidad ultracatólica famosa por incumplir un contrato con la Comunidad de Madrid de más de medio millón de euros y por cientos de denuncias de casos de pederastia entre sus filas. Como se ve, a la hora de repartir candela, Ayuso no hace distinciones entre ancianos y niños. Unos se iban a morir igual y a otros los iban a violar parecido.
Por su parte, el regidor Almeida no ceja ni un instante en su desigual batalla contra el astro solar: un día te encuentras el Retiro cerrado por condiciones meteorológicas adversas y al día siguiente abierto por condiciones neurológicas adversas. No se entiende por qué no clausura el parque de una vez y se lo devuelve a los borbones para que haga juego con esta nostalgia del siglo XVIII en la que está envuelta la capital. En la Puerta del Sol, después de varias remodelaciones carísimas y absurdas, estamos a punto de regresar a Atapuerca a través de una franquicia del Sahara. Afortunadamente, el ayuntamiento ha colocado unos toldos que, por el módico precio de millón y pico de euros, permiten a lugareños y turistas cocerse vivos observando otra chapucera obra de arte. Si en vez de unos toldos, Almeida coloca unas lupas de aumento, quizá la obra habría resultado más barata y la agonía menos dolorosa. Por despachar semejante zurullo textil, Paco y su cuadrilla, como mucho, no se habrían atrevido a pedir treinta mil euros, quizá cuarenta mil por ser Almeida. "Seremos fascistas, pero sabemos gobernar", dijo en su día el alcalde, en orgullosa referencia a su partido. Gobernar en beneficio de Paco y su cuadrilla seguro, aunque da la impresión de que estos desquiciados planes urbanísticos los mejoraría un perro muerto cagando. A lo mejor, Pecas, pobrecito.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.