Opinión
China, los robots y la IA

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
La guerra de Estados Unidos contra China ya no se libra únicamente en el terreno comercial o militar. La inteligencia artificial y la robótica, están llamadas a transformar la industria, la productividad y, en última instancia, el equilibrio geopolítico global.
La inteligencia artificial incorporada -la combinación de IA avanzada con robots capaces de interactuar con el mundo físico- representa mucho más que una innovación tecnológica. Y China la está desarrollando como una herramienta para reforzar la soberanía tecnológica del país, reducir la dependencia de proveedores extranjeros y consolidar un nuevo modelo de crecimiento basado en la innovación de alto valor añadido.
En un contexto internacional caracterizado por las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores avanzados, por las tensiones comerciales y por la competencia por el control de las cadenas globales de suministro, China ha acelerado la expansión de las industrias que definirán la próxima revolución tecnológica.
Según un informe presentado estos días durante la Exposición Internacional de Inteligencia Incorporada de Shanghái 2026, China se ha convertido en uno de los mercados de inteligencia artificial incorporada de mayor crecimiento del mundo. Más de la mitad de toda la inversión nacional china en el sector se concentra en el delta del río Yangtsé, donde Shanghái, Hangzhou, Suzhou y Nankín forman uno de los mayores ecosistemas tecnológicos del planeta.
Esta concentración responde a una política industrial que combina inversión pública, capital privado, universidades, centros de investigación y grandes empresas tecnológicas con el objetivo común de acelerar el paso desde la inteligencia artificial digital hacia la inteligencia artificial física.
La consultora norteamericana IDC estima que el mercado mundial de la IA incorporada alcanzará los 1,5 billones de dólares en 2030. Esta enorme cifra nos dice en realidad que la siguiente revolución industrial ya ha comenzado.
El crecimiento de los robots humanoides está reflejando esta transición. En 2025 se han vendido en el mercado mundial unas 18.000 unidades, frente a apenas 3.000 el año anterior, un incremento superior al 500 %. Las empresas chinas han concentrado cerca del 74 % de esas ventas, consolidando una posición dominante en una industria que todavía se encuentra en sus primeras etapas de desarrollo.
Pero la verdadera pujanza china no reside únicamente en fabricar más robots, sino en controlar toda la cadena de valor. China dispone de una capacidad industrial prácticamente única para producir motores eléctricos, sensores, baterías, componentes electrónicos, sistemas de visión artificial y plataformas de inteligencia artificial. Esa integración reduce los costes, acelera la innovación y permite escalar la producción con una rapidez difícilmente igualable por otros países.
Esta ventaja está adquiriendo una dimensión fundamental en el actual contexto internacional. Las restricciones impuestas por Washington sobre determinados chips avanzados han empujado a Pekín hacia la autosuficiencia tecnológica, que además de un objetivo económico, se ha constituido también como una cuestión de seguridad nacional. La respuesta está siendo intensificar las inversiones en investigación, impulsar el desarrollo de semiconductores propios y acelerar la automatización de su aparato productivo.
Por ahora, los robots industriales (como los que se ven en las cadenas de montaje de automoción) continúan siendo el principal segmento del mercado chino de inteligencia artificial incorporada, con aproximadamente el 45 % del total. Les siguen los robots de servicio (del estilo de R2 de Star Wars que ya pululan por los pasillos y los ascensores de los hoteles en China), con cerca del 25 %, utilizados en hospitales, logística, comercio y atención al público. Los robots especializados representan alrededor del 15 %, mientras que los humanoides apenas alcanzan el 5 %, aunque son el segmento de mayor crecimiento y el principal foco de inversión.
Probablemente, los robots humanoides desempeñarán un papel similar al que tuvieron los teléfonos inteligentes hace tres décadas y constituyen una plataforma tecnológica capaz de transformar múltiples sectores económicos y generar un nuevo ecosistema industrial.
Todo esto tiene implicaciones internacionales, porque China está exportando además de los productos, también los estándares tecnológicos, las plataformas industriales y las soluciones completas de automatización. Si durante las últimas décadas China se había convertido en la fábrica del mundo, ahora se está convirtiendo en la fabricación inteligente del mundo.
Estados Unidos mantiene, por su lado, una ventaja significativa en modelos avanzados de inteligencia artificial y en parte del diseño de semiconductores, mientras Japón, Corea del Sur y varios países europeos conservan alguna posición en automatización y robótica de precisión. Sin embargo, ningún otro país reúne simultáneamente el tamaño del mercado, la capacidad manufacturera, la rapidez de ejecución y la integración vertical que caracterizan al modelo chino.
Es probable que la guerra tecnológica de Estados Unidos contra China continúe intensificándose durante los próximos años. Pero China no entra al trapo de Washington y se centra en construir una economía menos dependiente del exterior, más innovadora y capaz de liderar la próxima revolución industrial. Esta próxima revolución industrial nos lleva a un mundo donde la inteligencia artificial dejará de limitarse al software para adquirir una presencia física en fábricas, hospitales, almacenes, ciudades y hogares. Un nuevo mapa económico mundial donde, seguramente, veamos a China ocupar una posición central no solo como fabricante de robots, sino como el país que marque el ritmo de la nueva era de la inteligencia artificial.
Y más allá de sus aplicaciones industriales, el rápido avance de la inteligencia artificial y de los robots humanoides de compañía abre un nuevo debate ético sobre la relación entre las personas y las máquinas. La aparición de asistentes conversacionales cada vez más sofisticados y de robots diseñados para ofrecer compañía, apoyo emocional o asistencia cotidiana plantea interrogantes sobre la dependencia psicológica que pueden generar, especialmente entre menores, personas mayores o usuarios en situación de vulnerabilidad. Algunas personas pueden llegar a sustituir relaciones humanas por vínculos emocionales con sistemas de IA, otorgándoles el papel de amigos, consejeros o incluso parejas, lo que podría favorecer el aislamiento social, la manipulación emocional o una excesiva confianza en decisiones tomadas por algoritmos. Ante estos problemas, China ha comenzado a reforzar su marco regulatorio con normas que exigen identificar claramente los contenidos generados por inteligencia artificial, aumentar la transparencia de los sistemas y reforzar la protección de los usuarios. Paralelamente, el país trabaja en estándares de gobernanza para el desarrollo de robots inteligentes y aplicaciones de IA que promuevan el principio de supervisión humana y el uso responsable de estas tecnologías, con el objetivo de que la innovación contribuya al bienestar de las personas sin sustituir las relaciones humanas ni comprometer los derechos y la dignidad de los usuarios.
Desgraciadamente, Occidente está centrado en levantar nuevas fronteras tecnológicas y en fragmentar el desarrollo de la inteligencia artificial. Mientras esta situación persiste, China trata de situar a las personas en el centro del debate, de reforzar la protección de los usuarios y de avanzar hacia un conjunto de principios y reglas de gobernanza de alcance universal que garanticen un desarrollo seguro, ético y responsable de estas tecnologías.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.