Opinión
Cierre de filas del Gobierno con Marruecos en la era Trump

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
-Actualizado a
"Detrás de usted, señor Burita", parece decir el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, en la foto que ilustra este artículo. Una reunión mantenida en Jueves Santo y avisada con poca antelación entre Albares y su homólogo marroquí sugiere que algo tiene que ocultar. Con buena parte de la población, de la prensa y de la oposición bajo palio o en la playa, de vacaciones, el ministro español recalcaba la postura del Gobierno español con respecto a la cuestión saharaui: apoyo a la autonomía del Sáhara Occidental dentro de Marruecos o, en otras palabras, la anexión por parte del Reino Marroquí de este territorio no autónomo cuyo proceso de descolonización sigue vigente.
Las palabras de Albares, aplaudidas por Burita, reiteran el giro de la postura sobre el Sáhara que implementó Pedro Sánchez por carta enviada al monarca alauí Mohamed VI hace ahora tres años. El responsable de la cartera exterior del Gobierno dijo el jueves que la propuesta de autonomía supone, para este Gobierno, "la base más seria, realista y creíble" para resolver este "diferendo".
Donde Albares dijo "diferendo", podría haber dicho "ocupación", pues, como decíamos, la excolonia española es hoy uno de los territorios no autónomos reconocidos por la ONU. Como tal, tiene que resolver su proceso de descolonización truncado en 1975 con las connivencias española y marroquí. Para ello, el pueblo saharaui ha de poder ejercer su derecho a la libre determinación para decidir su futuro político, bien sea este independiente de Marruecos o integrado en este país. Así lo reconocen numerosas resoluciones de Naciones Unidas o de otros organismos internacionales. De este proceso de descolonización, el Estado español es potencia administradora, pues el abandono de la excolonia décadas atrás no le exime de sus responsabilidades, como también muestran documentos jurídicos internacionales o de ámbito español. Y, sin embargo, Marruecos solo es hoy la potencia ocupante, y esta ocupación la ejerce por la fuerza, la vía militar y la violencia.
A estos argumentos basados en el Derecho Internacional se refirió ayer Burita tachándolos de "posturas antiguas". Pero tan antiguas no son. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, la más alta instancia europea que vela por el respeto del Derecho, emitía una resolución hace tan solo unos meses, en octubre de 2024, con la que desmontaba la ocupación marroquí y la connivencia europea con la misma, al anular los acuerdos pesqueros entre la UE y Marruecos que incluían las aguas del Sáhara Occidental. Para tal argumento, reconoció la soberanía saharaui sobre las aguas y recursos naturales de la excolonia. Al hacer esto, distinguía jurídicamente entre el Sáhara y Marruecos, evidenciando la ilegal ocupación, y reconocía como interlocutor válido al Frente Polisario, el cual es el único representante del pueblo saharaui también ante la ONU.
Que Albares se manifestara en los términos en los que lo hizo el jueves, pocos meses después de una sentencia tan clara de la justicia europea, es toda una declaración de intenciones. En la era Trump, en la que priman los acuerdos bilaterales de despacho sobre el multilateralismo que se ejerce desde instancias supranacionales, el Gobierno español parece tomar también el camino alumbrado por el dirigente norteamericano, quien, por cierto, ya abogó por la anexión marroquí del Sáhara poco antes de finalizar su primer mandato, a finales de 2020.
La propuesta marroquí de autonomía del Sáhara dentro de Marruecos es eso, una propuesta. La propuesta del Frente Polisario, por el contrario, es la independencia, otra propuesta. Y la elección entre las dos opciones se tiene que dirimir ejerciendo el derecho a la libre determinación del pueblo afectado. Así lo reconoce la última resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de octubre de 2024, que reafirmaba su compromiso de "ayudar a las partes a alcanzar una solución política justa, duradera y aceptable para todas ellas, basada en la avenencia, que prevea la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental".
Cierre de filas del Gobierno español con Marruecos. El silencio de los cinco ministros de Sumar es atronador ante las palabras de Albares contra los derechos del pueblo saharaui. Algunas voces del grupo parlamentario de Sumar sí se han manifestado en contra, como es el caso de Enrique Santiago, de IU, o Tesh Sidi, de Más Madrid.
Cierre de filas del Gobierno en una coyuntura internacional en la que Marruecos es un aliado preferente de los Estados Unidos de Trump. En la que la diplomacia, el multilateralismo y el Derecho Internacional están en juego. En un momento en el que los países europeos aceleran el gasto militar según la exigencia de Trump, quien escoge a Giorgia Meloni como su interlocutora válida para iniciar una negociación con la UE sobre los aranceles. Cuando la justicia británica impone las tesis trumpistas sobre las personas trans... El mundo se está reconfigurando a pasos acelerados, también en el norte de África. Y el Sáhara y Marruecos son piezas clave.
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