Opinión
La Comisión Europea advierte e Israel agrede

Por Laura Campos
Ex alcaldesa de Montcada i Reixac, miembro de la Ejecutiva Nacional de los Comuns e integrante de la Global Sumud Flotilla
En la madrugada del pasado jueves, mientras navegábamos frente a las costas de Grecia, en aguas internacionales, y con destino a Gaza, el ejército de Israel nos asaltó de manera violenta y secuestró a los compañeros y las compañeras de 21 barcos de la Global Sumud Flotilla; entre ellos personas de diversas nacionalidades, incluyendo a varias decenas de españoles.
La nueva violación del derecho internacional por parte del Estado de Israel se produce en un contexto que es necesario señalar y denunciar públicamente. Tres días antes de este ataque contra civiles, producido a pocos kilómetros del territorio soberano de la Unión Europea, Eva Hrncirova, portavoz de la Comisión Europea en materia de ayuda humanitaria, había advertido en rueda de prensa que la Flotilla no era una buena idea, ya que suponía un “alto riesgo para la seguridad de las personas participantes” en esta misión humanitaria. Estas declaraciones no son solo decepcionantes: son graves y profundamente irresponsables. Y, sobre todo, constituyen un nuevo ejercicio de blanqueamiento político ante un Estado que lleva demasiado tiempo incumpliendo el derecho internacional con total impunidad.
Hay un elemento que hace aún más graves estas palabras. Quien las formula no es una voz institucional cualquiera sino la portavoz de la Comisión Europea en materia de ayuda humanitaria. Precisamente desde el ámbito institucional que debería garantizar el acceso a la ayuda, se está advirtiendo y, en la práctica, deslegitimando una misión civil que intenta hacer llegar alimentos y medicamentos allí donde no llegan los gobiernos. Es de un gran cinismo, porque implica asumir con normalidad que se pueda calificar de peligrosa una misión de ayuda humanitaria, en lugar de denunciar y señalar con contundencia a quien pone en riesgo a los integrantes de la misión. Esto tiene un nombre y se llama complicidad.
Porque mientras se nos alerta de los riesgos de participar en la Global Sumud Flotilla, la realidad en Gaza es estremecedora: más de 72.500 civiles palestinos han sido asesinados desde octubre de 2023, miles de ellos niños. Más de 300.000 niños y niñas están en riesgo de desnutrición aguda, muchos de ellos sufriendo las consecuencias más extremas, con riesgo de muerte en pocos días; y todo ello con un sistema sanitario palestino prácticamente devastado por la acción genocida del régimen de Netanyahu. Hay criaturas que no mueren solo por las bombas, sino por hambre, por falta de agua potable y por la destrucción deliberada de las condiciones de vida. Esto no es una crisis humanitaria. Es un genocidio y una catástrofe provocada por Israel.
Y esta situación tiene un responsable claro. Si la flotilla no es segura, no es por nuestra culpa. Es por culpa de Israel. Es Israel quien mantiene un asedio ilegal, quien bloquea la llegada de alimentos, agua potable y medicamentos al territorio palestino. Es Israel quien utiliza el hambre como arma de guerra. Y ante esto, la Unión Europea no solo mira hacia otro lado sino que mantiene intacto su marco de relaciones con Israel. Es una vergüenza que la UE no suspenda el acuerdo de asociación comercial con Israel, cuando este mismo acuerdo establece que el respeto a los derechos humanos es una condición esencial para mantener su vigencia. ¿Qué más tiene que pasar para que se activen estas cláusulas? Lo que debería hacer la Unión Europea, en lugar de advertir a los integrantes de la flotilla, es condenar la nueva agresión contra los miembros de la Global Sumud Flotilla que han sido secuestrados, y exigir a Israel que cumpla con el derecho internacional y garantice la entrada inmediata de ayuda humanitaria en Gaza.
Las palabras de Eva Hrncirova y la inacción de las instituciones europeas son de una gravedad extrema. Porque, ¿qué nos está diciendo exactamente la portavoz de la Comisión Europea? ¿Que es mejor no “provocar” a Israel con nuevas misiones humanitarias? ¿Que cuando Israel utiliza su fuerza militar contra los compañeros y compañeras de la Flotilla, está de algún modo legitimado para hacerlo, porque ya se nos ha advertido de los riesgos que comporta nuestra misión? Esta forma, casi de justificar cualquier agresión, es totalmente inaceptable.
Desde la Flotilla seguimos adelante, con el objetivo de llegar a Gaza para abrir un corredor humanitario. Y si lo hacemos es precisamente porque la Unión Europea y la comunidad internacional no han actuado con responsabilidad; demostrando su incapacidad y falta de voluntad política para plantarse ante Israel. Por eso, desde la sociedad civil nos organizamos, nos embarcamos, ponemos el cuerpo y asumimos riesgos. No por temeridad, sino por responsabilidad ante el genocidio del pueblo palestino y ante una inacción institucional vergonzosa.
Porque cuando los gobiernos no se atreven y no están a la altura, es la fuerza de la dignidad y la solidaridad la que impulsa a la sociedad civil. Y es aquí donde el debate no debería centrarse en si es seguro o no formar parte de esta misión humanitaria. Lo que deberíamos preguntarnos es por qué el mundo permite que no sea seguro llevar alimentos, agua potable y medicamentos a una población civil víctima de un genocidio y un asedio inhumano. Y por qué la Unión Europea, y todos los gobiernos europeos, no condenan ni persiguen las acciones ilegales de un gobierno como el de Israel, que no respeta los derechos humanos ni el orden internacional.
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