Opinión
Concesiones tácticas y objetivos estratégicos: de Brest-Litovsk a la Venezuela bolivariana

Los procesos revolucionarios no avanzan en línea recta. Se desarrollan en contextos marcados por guerras, presiones externas, correlaciones de fuerzas desfavorables y amenazas existenciales. En esos escenarios, las direcciones políticas deben tomar decisiones complejas, a veces impopulares, con la mirada fija en preservar lo esencial del proyecto histórico. La historia rusa ofrece ejemplos que permiten comprender esta lógica de forma clara y profunda.
El Tratado de Brest-Litovsk, firmado por Lenin en 1918 con el Imperio alemán, y el Pacto Molotov-Ribbentrop, firmado por Stalin en 1939 con la Alemania nazi, son ejemplos paradigmáticos de cómo las concesiones tácticas frente a un adversario superior pueden ser la clave para ganar tiempo y consolidar un proyecto histórico. Ambos acuerdos fueron duramente criticados en su momento, pero ambos respondieron a la misma necesidad estratégica: salvar la Revolución y proteger la supervivencia del Estado socialista. Esta lógica resulta también útil para pensar la situación actual de Venezuela, un país sometido a presiones extremas del imperialismo estadounidense, donde la defensa del proceso bolivariano exige combinar firmeza estratégica con flexibilidad táctica.
Brest-Litovsk: concesiones tácticas para preservar la Revolución
En 1917, triunfa la Revolución de Octubre y Lenin asume el liderazgo de un país devastado por la Primera Guerra Mundial. El ejército estaba desorganizado, la economía colapsada y la población exhausta. La consigna central de Lenin era clara: paz, pan y tierra. Para cumplirla, Rusia debía salir de la guerra, aunque esto implicara decisiones dolorosas.
En marzo de 1918, el poder soviético firma el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania. El precio fue enorme: territorios cedidos en Europa del Este, incluyendo Ucrania, los países bálticos y partes de Polonia, pérdida de recursos estratégicos y humillación diplomática. Para muchos, esto parecía una claudicación; para Lenin, era una medida de supervivencia.
El tratado permitió al joven Estado soviético consolidar su poder, organizar el Ejército Rojo, afrontar la Guerra Civil y sentar las bases de un nuevo Estado socialista. Brest-Litovsk representó una cesión territorial inmediata, pero aseguró la continuidad del proyecto revolucionario. Y lo decisivo: la mayoría de esas cesiones fueron temporales. Tras la derrota de Alemania en 1918 y la victoria bolchevique frente a los ejércitos blancos y la intervención extranjera, gran parte de los territorios perdidos fueron recuperados o reintegrados a la órbita soviética.
Esta concesión táctica se convirtió en una victoria estratégica absoluta: permitió salvar la Revolución, derrotar a la contrarrevolución interna y consolidar el poder soviético. La lección central es clara: cuando la existencia del proceso está en juego, las decisiones deben medirse por su capacidad de preservar el núcleo del proyecto, no por su apariencia inmediata. No fue una renuncia ideológica, sino una maniobra histórica de supervivencia.
Molotov-Ribbentrop: ganar tiempo frente al nazifascismo
Dos décadas más tarde, la Unión Soviética enfrenta un nuevo desafío existencial: el ascenso del nazismo. Durante los años treinta, Hitler expande su influencia por Europa mientras Francia y el Reino Unido aplican concesiones hacia Alemania. Las propuestas soviéticas de alianzas antifascistas no se concretan, y el aislamiento de la URSS se profundiza.
En agosto de 1939, la URSS firma con Alemania el Pacto de No Agresión Molotov-Ribbentrop. El acuerdo incluía el compromiso de no atacarse, neutralidad ante conflictos externos y reparto de zonas de influencia en Europa del Este. La Unión Soviética no buscaba alianza ideológica con el nazismo, sino ganar tiempo frente a un enemigo superior y evitar una guerra inmediata en condiciones desfavorables. Occidente había abandonado la política antifascista, dejando a la URSS en un aislamiento crítico.
Una semana después, Alemania invade Polonia y comienza la Segunda Guerra Mundial. La clave histórica aparece en 1941, cuando Alemania rompe el pacto e invade la URSS. Entre 1939 y 1941, la Unión Soviética reorganiza su industria militar, produce armamento moderno, fortalece su infraestructura y amplía su capacidad defensiva. Ese tiempo fue decisivo para resistir la invasión nazi y derrotar al fascismo. Sin él, la invasión habría encontrado a un país mucho más débil y la victoria sobre el nazismo habría sido altamente improbable. El pacto de 1939 no garantizó la paz, pero hizo posible la victoria.
Al igual que Brest-Litovsk, Molotov-Ribbentrop ejemplifica la lógica estratégica de perder batallas parciales para ganar la guerra histórica. Frente a amenazas superiores y correlaciones de fuerzas desfavorables, la prioridad fue preservar el proyecto histórico y garantizar la supervivencia del Estado.
Venezuela: preservar el proceso bajo presión imperial
El proceso bolivariano se desarrolla bajo presión constante del imperialismo estadounidense: sanciones económicas, bloqueo financiero, amenazas militares, intentonas golpistas, intentos de magnicidio, deslegitimación y apoyo a la desestabilización interna. A pesar de ello, Venezuela ha mantenido su institucionalidad, soberanía política, orientación social, políticas de redistribución y proyecto popular.
La situación actual presenta un elemento de máxima gravedad: el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de su esposa, la primera dama y diputada Cilia Flores. En este contexto extremo, la dirección política e institucional de la República Bolivariana tiene como prioridad inmediata garantizar la continuidad del proceso revolucionario, la estabilidad institucional y la defensa de la soberanía nacional. Para ello, ha debido recurrir a negociaciones diplomáticas, acuerdos parciales, reacomodos económicos y aperturas tácticas. Estas medidas no sustituyen el proyecto bolivariano, sino que lo protegen en una correlación de fuerzas adversa. No puede descartarse que la defensa del proceso exija concesiones tácticas menores frente a una potencia imperial con enorme capacidad militar y económica. El objetivo no es ceder el rumbo histórico, sino preservar el proceso.
El horizonte estratégico del chavismo se mantiene: defensa de la soberanía, justicia social, inclusión popular, independencia nacional y construcción de un modelo propio. Las concesiones tácticas no definen ese horizonte. Lo resguardan en condiciones difíciles. Del mismo modo que la Rusia revolucionaria protegió su proceso en 1918 y 1939, Venezuela protege hoy su proyecto bajo presión imperial.
La historia enseña que los procesos transformadores sobreviven gracias a la inteligencia estratégica. Brest-Litovsk permitió salvar la Revolución. El pacto de 1939 permitió derrotar al nazismo. Las decisiones actuales en Venezuela buscan preservar el proceso bolivariano.
A veces se pierde una batalla para ganar la guerra. A veces se cede terreno para conservar el proyecto. A veces se negocia para seguir avanzando. La política revolucionaria se mide por su capacidad de sostener, proteger y desarrollar un proyecto histórico en condiciones reales.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.