Opinión
Confundir el campo de batalla

Por Marta Nebot
Periodista
Las guerras de verdad destrozan, matan. No hay guerras sociales que generen daños tan tangibles. Sin embargo, también son muy destructivas, sobre todo cuando se confunden de campo de batalla, cuando enfrentan a víctimas contra víctimas mientras los verdugos comen palomitas. No explotan bombas, pero destruyen futuros mejores.
La presunta guerra generacional, los millennials contra los boomers, parece otra manera de ponernos a pelear en el barro; otra forma de despistarnos, de confundirnos con enemigos fantasma, de enfrentarnos entre nosotros.
Es como lo que hace Vox con la clase trabajadora y los inmigrantes, aplicado a las clases medias -sin negar que hay muchos jóvenes pobres, un 20,8%, según la encuesta de condiciones de vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Y esto no está reñido con considerar innegable que los jóvenes de hoy lo tienen jodido aquí y en todo Occidente.
Lo que pasa es que creo que el motivo de su precariedad hay que buscarlo en el curso de la historia económica, de la globalización y la revolución digital -con la reconversión social que lleva implícita-, sumadas a la vieja lucha de clases, como dijo el multimillonario Warren Buffett: "Hay una lucha de clases, sí, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra y la estamos ganando". Ahora, además, comiéndose el pastel de la vivienda.
De ese pastel aquí comen también las clases medias y tampoco hay que negarlo. Muchos españoles especulan con el alquiler de sus ladrillos y otros muchos no -aunque se diga menos-. Cuatro de cada diez caseros no alquilan para ganar dinero y esto no es un pálpito. Adjunto los datos, recopilados en Casas, el libro de José Manuel López.
En España el 75,2% de los hogares vive en propiedad y el 24,8% en alquiler. Hay 3,6 millones de casas alquiladas. Esos alquileres pueden ser de tres tipos:
-Alquileres a precio de mercado, el 15,4% del total de los hogares. Es la modalidad sobre la que se produce la escalada de precios.
-Alquileres a precio reducido, el 3,3%. Alquileres de renta antigua, que se concentran en los centros de Madrid y Barcelona y, sobre todo, el de familiares y amigos. También están en este grupo quienes mantienen alquileres "sensatos" por principio y porque un factor fundamental del alquiler es la confianza mutua.
-Y cesiones gratuitas, el 6,1%, que sirven para la emancipación de hijos e hijas, otros familiares, amistades... En la línea anterior.
Así que la colaboración entre generaciones es evidente. La colaboración social en general, lo mismo. El respeto al derecho a la vivienda se impone al de especular en cuatro de cada diez alquileres voluntariamente, repito.
En España los salarios de los jóvenes bajos -como el del resto de los españoles, con el lastre de llevar menos tiempo en el mercado laboral- más la crisis habitacional les ponen la vida cuesta arriba. Sus años jóvenes han coincidido con tiempos económicos duros. La larga crisis del 2008, la de la covid del 2020 y el boom de la vivienda turística con más títulos universitarios que nunca.
El Consejo de la Juventud dice que en 2024, los últimos datos que dispone, la tasa de emancipación ha sido la más baja de la historia (14,8%). La edad media de los que se van de casa es de 30 años.
Repito y no lo voy a negar ni un poco. Llevo años diciéndolo: están jodidos.
Pero ¿por qué relacionar eso con la situación de sus mayores o de los pensionistas? ¿Por qué para mejorar la situación de los jóvenes tenemos que joder la de los viejos? La pobreza entre mayores de 64 es del 16,8% y hay muchos más viejos que jóvenes, así que hay muchos más viejos pobres que jóvenes míseros.
Y mejor enseñar los números, en este caso de la ECV del INE, de nuevo:
Somos más de 10 millones de españoles mayores de 64 años y más de 7 millones y medio de 16 a 29 años.
El 16,8% de los mayores son: 1.680.000
El 20,8% de los jóvenes son: 1.580.800
¿De verdad tiene algún sentido discutir sobre quién tiene más pobres?
¿Recortar los viajes del Imserso o el abono transportes para pensionistas o sus entradas de cine gratis un día a la semana ayudará en algo a los que no se pueden ir de casa?
¿No estamos hablando del chocolate del loro?
¿En serio alguien de izquierdas puede plantearse recortar las pensiones?
¿Para qué deberíamos pelear? ¿Para que los jóvenes tengan más Interrail, más abonos transportes gratuitos, más ayudas para acceder a la cultura o, sobre todo, por lo trascendental: salarios y viviendas?
Al PSOE le está faltando valentía y mayoría para avanzar seriamente más allá del salario mínimo y de la ley de vivienda voluntaria. Los salarios siguen sin subir a niveles europeos –a pesar de que nuestra economía es la que más crece de Europa– y la especulación inmobiliaria sigue a la orden del día. Es decir, los que se forran se siguen forrando y de momento nadie les para. Hace falta política, pero la política con mayúsculas nunca se hizo sola.
Los jóvenes se quejan -con razón- de que el Gobierno no hace suficiente pero, ¿qué están haciendo ellos, además de quejarse en los bares o en las bibliotecas? La parálisis social juvenil es llamativa. Los pensionistas y los fans de Hakuna tienen más visibilidad, toman más las calles. ¿Su desmotivación política no será parte del problema?
Una comadrona experimentada, una vieja doula que se las sabía todas, una vez me contó que ahora muchas mujeres gritan que le saquen al niño en mitad de los partos. Y le dio la risa mientras me lo explicaba: "Es como si en mitad de una cagada, que viene difícil, se pusieran a gritar que alguien les sacara la mierda, en lugar de tener paciencia y empujar". "Se les puede ayudar", añadió, "pero el trabajo de parto nadie se lo puede quitar".
Últimamente me acuerdo de ella. Los gobiernos, las instituciones pueden ayudar o no, pero el trabajo de parto social es nuestro y parece que se nos olvida. ¿De pura sociedad acomodada? ¿Amodorrada? ¿Digitalmente anestesiada? ¿Desenchufada del cuerpo social? ¿Disociada de lo que implica ser ciudadanía? Somos muchas veces unos ridículos pidiendo que alguien haga el trabajo que tenemos que hacer nosotros. ¿Por ejemplo, a favor del decreto de escudo social para la vivienda que congelaría los alquileres durante la crisis energética que ya ha empezado, gracias al último trumpazo, que acaba de salir del consejo de ministros tras una lucha interna en la coalición -ganada por la izquierda-? Se habla más de que no van a llegar los votos para convalidarlo que de la falta de presión social para que se apruebe y frene el problema fundamental de todos. Ponemos el foco en la espuma mientras el mar cada vez se hace más hondo.
Los grandes cambios sociales que implican que los grandes pierdan dinero nunca se han producido sin trabajo de parto.
Hay quien lo lee al revés: la desafección política juvenil tiene que ver con la desatención de los partidos a sus problemas. Y no niego que puede haber parte de eso. La política casi siempre es interesada. Pero ¿qué fue antes: el huevo o la gallina? Da lo mismo. En cualquier caso, los huevos rotos son los suyos, las vidas en espera son las suyas, el momento de pelear no es de otros.
Tienen que hacerse dueños de su tiempo, de su país, de sus vidas.
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