Opinión
El consenso militarista divide a la izquierda española

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
-Actualizado a
El 31 de julio de 1914 fue asesinado en una cafetería de París Jean Jaurès, uno de los pocos líderes socialistas que se opusieron a la “unión sagrada” de los grandes partidos franceses contra el enemigo alemán ante el inicio de la Primera Guerra Mundial. Es difícil no recordar esa época oscura al observar la furia belicista que recorre Europa y está arrastrando a parte de la izquierda española.
Se ha construido a una velocidad vertiginosa un consenso político en el que el rearme es la prioridad absoluta, desplazando como ingenua cualquier propuesta de paz y diplomacia, y relegando objetivos como la lucha contra el cambio climático o las desigualdades. Un belicismo que no convence a la población española: 7 de cada 10 ciudadanos están en contra de recortar servicios, incrementar deuda o subir impuestos para aumentar el gasto militar, según una encuesta reciente.
La llegada de Donal Trump al poder y el despliegue de su agenda aislacionista ha acelerado la carrera europea hacia el rearme. Los gobiernos y la Comisión Europea (¡en nombre de la ‘autonomía estratégica’!) se han plegado con una rapidez pasmosa a la exigencia de Washington de que Europa multiplique su gasto militar. La paradoja está servida.
Para Estados Unidos, la operación es un negocio redondo. Al ahorro presupuestario que supondrá cerrar el grifo de la ayuda a Ucrania se suma que, para conseguir el rearme a la velocidad deseada, los gobiernos europeos deberán comprar masivamente a… las empresas estadounidenses, que ya proporcionan el 55% de las importaciones militares europeas.
Cuesta más saber qué gana Europa. Algunos gobiernos esperan reactivar la economía, como sugiere un siniestro vídeo publicado por el primer ministro británico Keir Stamer, donde adolescentes y ejecutivos de empresas armamentísticas celebran los beneficios económicos del rearme anunciado por el laborista. Un keynesianismo de la muerte que, según analistas como el exministro griego Yannis Varoufakis, no dará los resultados esperados.
Otra razón para la pasión bélica de los gobiernos europeos podría ser construir una “unión sagrada” en torno a su rol de comandantes en jefe; recuperar una legitimidad que les permita reforzarse frente una ultraderecha que no para de crecer. Un error, ya que la militarización de la sociedad y la exacerbación nacionalista solo pueden beneficiar a la extrema derecha.
Buena parte de las izquierdas españolas han abrazado el pensamiento único belicista. Pedro Sánchez ha prometido dedicar el 2% del PIB para Defensa de aquí a 2029, en un giro militarista favorecido por numerosos tertulianos y editorialistas, que han defendido el rearme por los beneficios colaterales de la investigación militar – como si no se pudiesen conseguir avances tecnológicos invirtiendo directamente en tecnología – o porque el debate sobre los eurobonos sería “un precedente para futuras inversiones de otro tipo”. ¿No se podía empezar por las inversiones ecológicas y sociales que Europa necesita con urgencia?
Del sector a la izquierda del PSOE llega una desalentadora cacofonía, presidida por los bandazos de Yolanda Díaz: después de proponer “unificar e integrar el gasto en defensa para hacerlo más eficaz” (sin más inversión), pasó a “celebrar” el Consejo Europeo donde se consagró el plan Rearm Europe, el lunes pasado el grupo parlamentario de Sumar pactó oponerse a la carrera armamentística, pero el martes, tras la reunión de Díaz con Sánchez, la ministra portavoz Pilar Alegría presentó la subida del gasto en Defensa como “posición común” del gobierno.
También defiende una línea belicista ma non troppo el secretario general de Comisiones Obreras, Unai Sordo, que ha propuesto “desarrollar las industrias [militares] propias”, sin oponerse al plan de rearme. Más claro ha sido su homólogo de UGT, que ha celebrado el “gran momento para potenciar la industria de defensa de nuestro país” con un entusiasmo bélico que recuerda al que invadió a los sindicatos europeos en 1914. Podemos e Izquierda Unida sí se oponen al rearme, una postura que también ha defendido el diputado de los ‘comunes’ Gerardo Pisarello. La cercanía de Díaz a la postura de Sánchez amenaza con costarle a Sumar otra ronda de divisiones y un trasvase de votos a Podemos.
No sorprende que las élites europeas defiendan los beneficios de la industria armamentística, la sumisión imperial a Trump o un euro-nacionalismo paranoico, que actúa como si Vladimir Putin tuviese pensado invadir la Unión Europea mañana. Más grave es que organizaciones progresistas se dejen arrastrar por el nuevo consenso de las armas, en lugar de trabajar para desmontar el discurso militarista o elaborar propuestas realistas de paz, como están haciendo líderes europeos como Jean-Luc Mélenchon.
“No se hace la guerra para deshacerse de la guerra”, dijo Jaurès poco antes de ser asesinado. Veremos si esta vez las izquierdas le escuchan o vuelven a entregarse a la “unión sagrada” de la muerte como hicieron en 1914.
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