Opinión
Ni contigo ni sin Presupuestos tienen mis penas remedio

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
La situación del PSOE es complejísima tras el estallido del caso entre los casos, que van ya de Koldo a Ábalos pasando por Aldama y Leire, o sea, el caso Cerdán, un político que, en lo personal y en lo profesional, habría engañado a todo el mundo. Hasta aquellas exdirigentes del PSOE que estos días admiten el acoso laboral al que las sometió Cerdán, como Adriana Lastra o Zaida Cantera, reconocen que lo de la corrupción a esta escala no se les pasó por la cabeza. Lastra ha confesado que intuía en Cerdán ese machismo sórdido y envidioso que siguen aguantando demasiado a menudo y en todas partes las mujeres con poder. A estas alturas, desconocemos si Cerdán es machista y putero como Koldo y Ábalos, pero sí parece confirmado que de lo que huía -y lo que destruía- el exsecretario de Organización socialista era de personas honradas que pudieran descubrir su negociado presuntamente corrupto.
Es muy complicado, sí, en estos días, el papel de dirigentes socialistas como Lastra y otros muchos/as, sobre todo ellas, a las que retrató a la perfección la portavoz adjunta del PSOE en Andalucía, Ángeles Férriz, con su “Estamos hasta el moño de puteros” digno de pancarta y camiseta también en su versión soez. Pero la de los socios del Gobierno no es una situación más sencilla: mientras Sumar, ERC, Junts, PNV, Bildu o BNG exigen a Pedro Sánchez medidas contundentes que permitan continuar la legislatura al Gobierno de coalición progresista, incluso, con respiración asistida, el presidente y líder del PSOE se ve atado de pies y manos para abordar esa cuestión de confianza de la que ya hablamos aquí el año pasado, apenas iniciado el caso Koldo, y cuya convocatoria sólo depende de Sánchez.
Son precisamente los socios quienes reniegan de una cuestión que les obligaría a retratarse públicamente ante su electorado firme (un decir) o potencial sobre su apoyo (o no) al presidente del Gobierno, líder de un partido cercado otras por la corrupción neandertal de siempre. Es verdad que si Sánchez no obtuviera un apoyo de mayoría simple en ese proceso, cabría la posibilidad de elegir a otro candidato sin mácula que fuera sometido a votación parlamentaria; y no me hablen ahora de una mujer que acceda a esta posible Presidencia justo en el momento de mayor crisis y de mayor fracaso, una mujer que caiga por ese acantilado de cristal al que nos abocan en demasiadas ocasiones y, encima, desde sectores que apelan a un feminismo de chichinabo.
En su fuero interno, muy al fondo e inconfesable públicamente, los socios de investidura de Sánchez esperan aún a que salte el conejo de la chistera al que el presidente les tiene acostumbrados y del que hizo gala constantemente en su manual de resistencia. Esta vez, no obstante y sin conocer hasta dónde llega la onda expansiva de la bomba Cerdán, es difícil encontrar una salida a la legislatura, no solo para un PSOE cada vez más empequeñecido y noqueado, sino para unos socios dispuestos a no dar nada y recibirlo todo entre lágrimas y despecho. Porque de negociar y aprobar unos Presupuestos sociales anticorrupción ni hablamos, ¿no?
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