Opinión
Cribar a los que no criban
Por David Bollero
Periodista
Se cumple un año desde que la Cadena SER destapara el escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía. Un año durante el cual han pasado demasiadas cosas que jamás debieron suceder: la victoria electoral de quien propició esa gestión letal, la entrada en el gobierno andaluz de la extrema derecha, la falta de explicaciones sobre las causas reales de aquella deficiente actuación y la nula empatía con las víctimas que generó. Entonces hubo movilización social, pero no se tradujo en las urnas. ¿Sucederá lo mismo con la vivienda?
Un año después seguimos sin saber gran cosa sobre este escándalo. El gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla lo atribuyó a un error de protocolo, pero más allá de eso, se ha negado a dar cualquier tipo de explicación por el que 2.317 mujeres (según sus propias cifras) se vieron afectadas. Ignoramos datos básicos como cuál era la carga asistencial o los recursos con los que el SAS (Servicio Andaluz de Salud) contaba entonces. Los ha pedido la oposición, la asociación Amama, la Asociación Española Contra el Cáncer y el Defensor del Pueblo Andaluz.
Le ha resultado tan indiferente al presidente andaluz como que, según Amama, siete mujeres fallecieran por los errores en estos cribados, a las que hay que sumar 23 tumores detectados tras la revisión interna de la Junta. El escándalo estalló a pocos meses de las elecciones autonómicas y Moreno Bonilla hizo cuanto pudo para tirar balones fuera, cobrándose varios chivos expiatorios, y poniendo al frente de la consejería de Sanidad a Antonio Sanz, experto en destilar menosprecio hacia las mujeres que solo reclamaban la verdad. Es el mismo consejero que califica de “trapo electoral” al anuncio del Ministerio de Sanidad de impulsar que el aborto farmacológico pueda realizarse en Atención Primaria para combatir que en comunidades autónomas como Andalucía únicamente se realice el 0,2% de las interrupciones voluntarias del embarazo en centros públicos.
Un año en el que también conocimos que la justicia cerraba la vía penal y desde la Junta de Andalucía tuvieron el cuajo de identificar esa diligencia con una buena actuación por parte del SAS, a pesar de que él mismo admitió públicamente los errores cometidos. Cinismo a paladas mientras ni siquiera se ha respondido a una sola de las reclamaciones patrimoniales, culminando así el ejercicio de crueldad pues, según denuncia la presidenta de Amama, Ángela Claverol, los juicios no se celebrarán hasta 2030 y para entonces más de una víctima habrá fallecido por el cáncer.
El escándalo del cribado fue un detonante, la punta del iceberg de una gestión sanitaria tan deficiente que se cobra vidas humanas, tal y como reflejó el documental Salud no responde. El malestar y la indignación llenaron las calles andaluzas con las Mareas Blancas, pero no fueron suficientes para propiciar un vuelco electoral. Es una lección que España ha visto impartida demasiadas veces pero se resiste a aprender. En función de la catadura moral, vocación de servicio público y verdadero interés por el bien común que tenga quien gobierna, la presión social puede no bastar para dar un golpe de timón a las políticas. En el caso de Moreno Bonilla, de hecho, lejos de virar el rumbo, lo fijó con más privatizaciones sanitarias y fraccionamiento de contratos.
Cuando eso sucede, cuando la presión social no es suficiente, una sociedad democráticamente madura debería trasladar a las urnas su aprobación o suspenso del gobierno. No fue el caso de Andalucía en las últimas elecciones autonómicas, cuando quienes un día llenaron las calles en protesta por la gestión sanitaria, o se quedaron en casa o avalaron con su papeleta a quien fue origen de su malestar, incluso, de su enfermedad. Andalucía tampoco fue diligente con su cribado, en este caso, electoral.
Atajar la problemática de la vivienda es una carrera de fondo que no se va a decidir ni con uno ni con dos decretos. Tiene mucho que ver con las zapatillas con las que queramos correr esta maratón, si con las de aquellos que viven en el ático de la autocomplacencia, de quienes solo piensan en ladrillazo, de quienes no tienen coraje para plantar cara a los especuladores o de quienes están decididos a dar la cara por los y las que ven su derecho a la vivienda pisoteado por el de la propiedad. Hace tiempo que echamos a correr y el año que viene, cuando llegue el avituallamiento de las elecciones generales, autonómicas y municipales, quizás escojamos bien esas zapatillas si sabemos hacer esta vez el cribado.
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